Fútbol de Primera

Fútbol de Primera

Por Facundo Merlán Rey. Dos equipos. Dos realidades opuestas pero similares a la vez. Y un partido de Primera con historia que tuvo su primer capítulo en el Ascenso.

Atrás quedaron las épocas de Brindisi, Babington, Houseman. También las de Pastoriza, Bochini, Bertoni. Atrás, lejos, quedó la semifinal de la Copa Libertadores de 1974. Atrás, pero más cerca, quedó la última fecha del Clausura 1994, que el destino transformó en final. Estos nombres y estos recuerdos involucran a dos instituciones históricas (para evitar la polémica que generaría la palabra “grandes”) del Fútbol Argentino de Primera División. Son nada más y nada menos que el Club Atlético Huracán y el Club Atlético Independiente, quienes en la tarde-noche de ayer en Parque Patricios se enfrentaron por la sexta fecha del Torneo de la Primera B Nacional. Si, B Nacional. El resultado de serias crisis institucionales como las que alterna Huracán en los últimos veinte años e Independiente en los recientes ocho.

A pesar de lo prematuro del Campeonato, la confianza sobra en Parque Patricios. El responsable de la motivación de hinchas, jugadores y dirigentes es un hijo dilecto de la casa y está sentado en el banco de suplentes: Antonio “el Turco” Mohamed. Con él a la cabeza, el Globo llegaba envalentonado producto de dos victorias consecutivas. En la última fecha había conseguido su primer victoria como visitante frente a Ferro.

Enfrente, el Rojo se presentaba víctima de una realidad opuesta. Prolongando la mala racha que lo llevó a perder la categoría, aún no había ganado en el Torneo y cosechaba tres pobres puntos producto de tres lastimosos empates. Saldo negativo y caro, ya que luego de empatar con Boca Unidos en Corrientes, dos fechas atrás se quedó sin DT. Miguel Ángel Brindisi (si, el Miguelito de Parque Patricios) fue removido del cargo y el timón del Titanic lo tomó rápidamente Omar De Felippe­.

Luego de un emocionante recibimiento al conjunto local, lleno de color rojo y blanco, en un Estadio Tomás Adolfo Ducó repleto de almas quemeras, la pelota comenzó a rodar. Huracán empezó mejor, dominando el juego desde el minuto cero. Capurro se vistió de Robin Hood en la mitad de la cancha, quitando y distribuyendo con mucho criterio.               Martínez y Caruso cambiaban aplausos por toques, caños y gambetas. Y Mancinelli construía un muro por la banda derecha, con alfombra roja para una salida limpia. Independiente cruzaba los dedos ante la inseguridad de Morel y Villalba. Montenegro y Miranda nadaban juntos en la laguna del círculo central y Menéndez alternaba entre ser anticipado o la imposibilidad de parar el balón con limpieza. Así el local iba arrinconando al Rojo, sin mucha profundidad, pero obligando a la última línea a cortar con faltas peligrosas cerca del área. Sin embargo de un tiro de esquina a favor del Globo vendría una jugada que le complicaría el encuentro.

Centro, despeje en el área chica, disputa por la pelota entre Zapata y Arano. El ex River calcula mal y levanta la pierna ensayando una patada propia de cualquier arte marcial oriental y golpea violentamente contra la humanidad del rubio mediocampista. Pezzota (de pésimo y polémico arbitraje) no duda en mostrarle la justa tarjeta de color rojo. Como toda expulsión, obligó a reordenar lo que no se tenía previsto. Y Huracán cumplió esta máxima con creces. El ingreso del lateral juvenil Sotelo mantuvo el orden defensivo y el equilibrio para doblegar esfuerzos entre Villaruel y Capurro, hicieron que el Globo prácticamente no sintiera el hombre de menos.

Independiente sintió el empujón e intentó por momentos, pero la carencia de ideas y la liviandad de sus delanteros le impidieron hacer notar la diferencia. Huracán tuvo el gol en la cabeza y los pies de Caruso, pero el arquero Rodríguez, a la altura de las circunstancias, evitó el festejo de la parcialidad local. El primer tiempo moría con un 0-0 con sabor a injusticia para Huracán.

Los primeros 15 minutos del complemento fueron una prolongación de lo que había sido la primera parte. Huracán firmemente parado en el campo de juego, sostenido por el accionista mayoritario de la mitad de la cancha, Capurro, y las “diabluras” de Martínez. Independiente, con un delantero más pero sin ideas, se afirmó mejor en defensa e intentaba ensayar una endeble paciencia en ataque. Pero el esfuerzo físico de jugar con uno menos desde los 20 minutos de partido no es gratis. Y el local lo sintió. El cansancio hizo replegar las líneas, complicó la circulación del balón y comenzó a hacer más esporádicos (pero no menos peligrosos) los avances del Globo en campo rival.

Mohamed y De Felippe cambiaron el libreto y los actores, pero el ensayo le resultó mejor al visitante. Huracán perdió el protagonismo, la pelota y el dominio, por incapacidad física. Independiente monopolizó la tenencia del balón, pero moviéndolo de izquierda a derecha solo evidenciaba sus falencias para generar peligro. Pisano, Zapata, Montenegro y Benitez practicaron algunas sociedades que empezaban a inquietar a la casada defensa quemera. El desgaste local y la incapacidad visitante parecían estampar la firma de un empate. Sin embargo, tal como lo definió Panzeri, el fútbol es “la dinámica de lo impensado”.

Faltando dos minutos para los 90 reglamentarios, Independiente ensaya un corner corto y tira un cascote más al área de Huracán. Mancinelli despeja y el rebote cae a la disputa de Villaruel y Montenegro. La pelota sale disparada a los pies del ingresado Parra que pivotea y se la deja servida en bandeja a Zapata en la medialuna. El número 8 del Rojo apunta y dispara con su pie derecho un tiro rasante. Pozo falla en su deber de retener la pelota y da un rebote imperdonable al medio del área grande. Y Cáceres, que había quedado perdido en la zona de peligro después del corner, impacta la pelota con poca ductilidad. Esta, pícara, injusta, bota en el pasto y besa la red ante la incrédula mirada del público local. 0-1.

La peligrosa llegada de Pisano en el final, boicoteada por Pozo, solo queda para la estadística. Independiente consiguió su primera victoria en el Torneo. Huracán emparejó el número de triunfos y derrotas en tres. Mucho fue el premio para el visitante, poco fue para el local. Huracán, dinámico, con la pelota por el piso y ordenado como hoy tiene grandes posibilidades de cosechar de a tres más seguido. De Felippe consiguió imprimirle a Independiente la paciencia en el traslado que el equipo necesita. A esto deberá sumarle mayor profundidad e ideas para lograr una remontada real y que este triunfo no quede aislado en números. Y si el fútbol es justo y respetuoso de su historia, dentro de un año el Globo y el Rojo volverán a ser protagonistas de un encuentro de Primera.