Gatillo fácil mata carnaval

Por María Cheb.

Un nuevo caso de violencia policial. En este caso, la Gendarmería Nacional avanzó sobre la murga Auténticos Reyes del Ritmo en la Villa 1-11-14

El viernes 29 de enero a las 21, la murga Auténticos Reyes del Ritmo, practicaba sobre la calle Bonorino, entre Riestra y Ana Maria Janner, del Barrio Illia, en Bajo Flores. En el mismo lugar apareció la Gendarmería Nacional, que se disponía a improvisar un operativo para secuestrar dos autos robados. El saldo: 16 heridos, dos de ellos internados y muchos menores de edad. El Hospital Piñero absorbió las urgencias, pero uno de los médicos echó a los pibes aludiendo que la policía le había notificado un enfrentamiento. Las víctimas no pudieron ni hacer la denuncia y el hecho fue difundido como un enfrentamiento entre bandas.

“No voy a contarles algo que les pasó a otros, ni algo que me contaron, ni algo que me parece: voy a contarles algo que nos pasó a nosotros… Sinceramente nunca habíamos vivido algo así, hasta el último viernes”, narra Gustavo Marola González, director de la Murga. “No alcanzó con decirles ‘por favor’… Avanzaron, sin importarles que hubiera menores. Y así fue como lastimaron a los dos primeros nenes, rozándolos con el coche, mientras pasaban de prepo por el medio”, agrega al hacer la crónica de la represión sufrida en el barrio la noche del viernes.

Los vecinos y vecinas testigos del hecho confirmaron que no existió motivo ni provocación alguna que explicara el accionar irracional de los gendarmes. La murga, formada por más de 100 personas, la mayoría de ellos niños y niñas, es reconocida por la comunidad por su trabajo cultural y la contención que provee a sus integrantes. “La murga es una familia, imaginate…”, cuenta Gabriela, vecina y mamá de uno de los chicos que es parte de la murga, en conversación con FM 99.7 Che Barracas.

A tan sólo una semana del feriado del carnaval, la Gendarmería Nacional decidió sembrar el caos al ir, nuevamente, en contra de una manifestación de cultura popular. Luego de que entrara en el barrio y cuando la gente de la murga comenzaba a correrse, llegaron 15 móviles más , además de la grúa instalada por la Policía Federal. El despliegue comenzó con balas de gomas sobre los cuerpos de los pibes y unos minutos después despacharon los fusiles con balas de plomo. El operativo contó con la participación de la Comisaría 36, denunciada en varias oportunidades por violaciones a los derechos humanos.

La versión de los efectivos de la Gendarmería intenta justificar la reacción oficial y el uso de armas de fuego, alegando un supuesto operativo en marcha. Sin embargo, las filmaciones obtenidas de los celulares de los vecinos, muestran cómo el director de la murga intenta entablar un dialogo con los oficiales y es recibido con catorce impactos de goma en su cuerpo.

Con una banda de 16 chicos heridos a cuestas, las familias comenzaron a cargarlos -ya que las ambulancias no entran a los barrios populares- y los trasladaron hasta el Hospital Piñero, ubicado al Sur de Flores, el más cercano. “Cuando llegaron al hospital un doctor les ordenó que se fueran porque la policía le había dicho que se trató de un enfrentamiento armado entre bandas. Se tuvieron que ir”, contó Leonardo Demonty, integrante de la murga y aclaró que será denunciado también el médico que actuó contra todos los protocolos impidiendo que los familiares y heridos hicieran la denuncia de lo ocurrido.

Con la solidaridad de los vecinos y allegados, la ayuda de las redes sociales, murgas y las organizaciones que acercaron su solidaridad, los hechos pudieron difundirse. La murga contó, también, con la asistencia de legisladores y abogados que hicieron posible la presentación de la denuncia correspondiente.

“Ahora, lógicamente muchos quedaron muy afectados y tienen miedo de volver a salir. Imagínense el horror que fue todo esto… Ven a la Policía y se asustan”, cuenta Gabriela, y señala una vez más el apoyo recibido por los vecinos y vecinas y allegados mientras señala la discriminación sufrida por los medios masivos de comunicación hegemónicos, que una vez más eligieron el camino de la estigmatización. “Acá no hubo guerra, ni allanamiento, desde ya, pero utilizan impunemente esa versión, para no hablar de la verdadera represión que sufrió nuestra murga, nuestro barrio, nuestra gente. Y como de costumbre, para tapar el impresentable accionar de estas Fuerzas de Seguridad, que se repite cada dos por tres, sin pagar ningún costo, ni rendir ninguna explicación, porque los ampara el silencio”, remata Gustavo.

Represión, gatillo fácil, detenciones arbitrarias, y criminalización de la pobreza parecen ser la nueva moneda corriente de un cambio que propone retroceder el futuro hacia el pasado. Sin lugar a dudas, una forma muy poco feliz de recibir el carnaval y festejar la cultura popular.