Gualeguaychú, tras la esperanza por una alimentación sana, segura y soberana

Por Vivian Palmbaum @vivi_pal 

El municipio de Gualeguaychú está impulsando otro modelo de producción y consumo que retoma el trabajo que vienen haciendo las asambleas ciudadanas. Otro modelo de producción y consumo más amable con la tierra también es una necesidad que plantean cientos de organizaciones colectivas a lo largo y ancho del país.

Hace poco tiempo en la localidad de Gualeguaychú, provincia de Entre Rios, se comenzó a desarrollar un proyecto de producción de alimentos y consumo orientado por el paradigma de la soberanía alimentaria y que toma una temática que vienen trabajando las organizaciones populares desde hace mucho tiempo. El PASS (Programa de Alimentasión, Sana, Segura y Soberana,  tal su nombre,  abre grandes esperanzas no solo a nivel local sino que tiene los ojos atentos de las y los habitantes de todo el país.

El avance sobre los bienes comunes, el extractivismo y la explotación hoy hace que las poblaciones,  ya no solo los campesinos,  necesiten retomar esta senda de las tradiciones y el cuidado de la tierra y quienes viven en ella.  La producción agrícola a escala industrial, con el consiguiente desmonte y  el paquete tecnólogico asociado, equivalente al uso de venenos en grandes cantidades,   vienen produciendo una catástrofe sobre la salud de los seres vivos.  Así lo vienen entendiendo las y los pobladores de los pueblos y ciudades de nuestro país que se ven directamente afectadas por el agronegocio que privilegia las ganancias. Las organizaciones y redes  se vienen constituyendo   para denunciar y resistir lo que sucede,  tal el caso más reciente de Gualeguaychú.   Organizaciones vecinales y las asambleas ciudadanas lograron ser escuchadas por el municipio que impulsó un dictamen que prohibió el glifosato en el ejido urbano, tal como contamos.

PASS

El municipio de Gualeguaychú retomó esta preocupación y trabajo de las y los vecinos de la zona respecto del consumo responsable y  la soberanía alimentaria,  e impulsó el Plan de Alimentación Sana, Segura y Soberana – PASS.

Tal como nos cuentan las y los vecinos organizados  se trata de un plan en cuya elaboración e implementación participan referentes de distintas disciplinas como: abogados ambientalistas, profesionales de la medicina, de la biología, de veterinaria, de la agronomía, docentes,  habitantes de la zona y distintas personas vinculadas a la temática. La intención es empezar a construir líneas de trabajo que tengan que ver con modos de producir y consumir diferente. Para ello se hace necesario hacer un relevamiento sobre lo que se produce y se han comenzado a realizar capacitaciones destinadas  a productores sobre agroecología, y abierta al público en general.  Esta iniciativa está tratando de acompañar a las y los productores y así poder generar otra oferta y para eso necesitan del estado presente y acompañando.   Otras capacitaciones estuvieron destinadas a docentes con el fin de empezar a pensar y trabajar alrededor de lo que se consume y la alimentación desde la primera infancia.  Un plan ambicioso que implica una transformación cultural necesaria y contraria al paradigma del  consumo desinteresado que solo beneficia a las corporaciones.

Un replanteo en relación a los modos de producir, de comercializar y de consumir bajo la premisa que trasmite el médico Damián Verzeñassi,  “si tiene veneno no es alimento”. Un trabajo que vienen haciendo las organizaciones de base y que toma el municipio para transformar en plan, que en este momento está en período de investigación con quienes producen en el éjido de Gualeguaychu, para ver que se produce  y como se podría producir de otra manera, orientado bajo el paradigma de la soberanía y seguridad alimentaria.

En distintos lugares de nuestro país, organizaciones, agrupaciones y distintas redes se vienen organizando para impulsar no solo la prohibición de los venenos  sino otros modos de producir más amables con el ambiente,  con un horizonte puesto en  la agroecología,  como un modo sustentable de producir. Red Universitaria de Ambiente y Salud, Red Nacional de Municipios y Comunidades que Sustentan la Agroecología, Red Federal de Docentes por la Vida, Unión de Asambleas de Comunidades,  Coordinadora Provincial (E.Rios) Por una Vida sin Agrotóxicos  y muchas otras organizaciones se constituyeron para resistir las políticas extractivas que maltratan la tierra y los ambientes y por consiguiente lesionan y destruyen las distintas formas de vida, cercanas o más alejadas de los lugares de producción de la agroindustria.

A pesar de las políticas públicas que parecen dejar en el desamparo a las y los habitantes frente a la voracidad de los negocios, los pueblos se vienen organizando para frenar este avance y proponer que otro mundo es posible.

Tal como lo expresa Miryam Gorbam: Hace 100 años, en San Petersburgo, al grito de “Pan, Tierra y Paz” se produjo una revolución que resultó el hecho social más importante del Siglo XX. Hoy, un siglo después, no solo continuamos reclamando lo mismo sino que sumamos a aquellos el reclamo de más trabajo, más educación, más salud, más seguridad social,

La Vía Campesina definen la Soberanía Alimentaria como el derecho de los pueblos, comunidades y países a definir sus propias políticas alimentarias que sean ecológica, social, económica y culturalmente apropiadas a sus circunstancias, reclamando la alimentación como un derecho.  Así también lo han entendido los pueblos organizados para hacer valer sus derechos.

Desde la Red de Luchas Socioambientales  que nuclea a distintas asambleas que luchan contra el extractivismo, para proteger sus territorios y por la salud a nivel regional,  el próximo 5 de junio Día Mundial del Ambiente bajo la consigna: “Es momento de decir Basta” le darán visibilidad  las diferentes asambleas que saldrán a las rutas “a compartir nuestros sufrimientos y verdades para convertirlos en un tejido de luchas socioambientales que movilice a los pueblos afectados por el extractivismo, y sometidos por empresas y funcionarios sin escrúpulos”.