Guía para progres: en Cuba vive una Revolución

Hablar de Cuba es hablar desde una posición concreta, es hablar de un país del que todxs son “expertxs” y casi nadie se preocupa por comprender. Cuba se posiciona como el efecto mariposa más grande de occidente: el aleteo de un manifestante en Cuba puede provocar un tsunami de opiniones en el mundo entero, con tanta puntería geopolítica de esquivar algo tan anecdótico como un presidente fusilado por doce balazos a tan solo 400 kms de distancia. 

Por Camila Parodi, Cesar Saravia e Iván Barrera | Fotos: Kaloian Santos Cabrerar para OnCuba

El pueblo cubano carga sobre sus hombros tanto los odios más envalentonados de la derecha latinoamericana, como con los ideales y prejuicios de la izquierda mundial y en particular de la latinoamericana. Es que Cuba es una revolución, y por lo tanto, los errores y problemas que ahí ocurren toman niveles trascendentales para la intelectualidad progresista, frente a las limitaciones de las izquierdas locales de articular un proyecto que siquiera se le parezca. Pero es sabido que es más fácil teorizar sobre la revolución que hacerla, y el pueblo cubano lleva 62 años intentando hacer la suya, probando, equivocándose, recuperándose. En definitiva, haciendo de su revolución una creación heroica permanente. 

Cuba no es ajena a los debates de la izquierda en los últimos años. Dentro de la isla los feminismos, las disidencias, las juventudes y los movimientos afrocubanos demandan el protagonismo necesario para que un proceso popular sobreviva. Y sin embargo, a diferencia de otros lados, esto ocurre dentro de una sociedad en la que hablar de revolución y socialismo no es hablar de una idea del pasado, nostálgica, sino un proceso vivo, dinámico, que atraviesa la identidad nacional de todxs lxs cubanxs, incluso de aquellxs que desde Miami, o desde dentro de la isla, intentan desde hace años derrocar al gobierno y que han convertido a la contrarrevolución en toda una industria mediática en nuestro tiempo. Ocurre, además, en medio de un bloqueo cruel, que condiciona cualquier medida económica, incluso las más moderadas o que hasta podrían ser consideradas como de derecha. El imperialismo ya dio su veredicto, el camino para la revolución, es que no haya camino. 

Las recientes protestas, originadas principalmente por la falta de algunos productos básicos y los cortes de energía, dieron nuevamente pie a viejas discusiones sobre el futuro de Cuba y volvieron a poner al país en la agenda de discusión de los círculos progresistas. Las primeras movilizaciones activaron las alarmas del “chip progre” y las contradicciones comenzaron a aflorar.

“Soy progre y me cuesta hablar de Cuba” 

Si escribí furiosos tuits contra la represión en Colombia, ¿debería hacer lo mismo ahora en Cuba? ¿O debería abrir un hilo comentando que una cosa es una cosa y otra cosa es otra pero las dos están bien y mal simultáneamente? Porque claro, en Cuba también actuó la policía y yo busqué todos los sinónimos peyorativos de yuta en Latinoamérica, pero ¿Cómo le dicen a la gorra en Cuba? ¿le dicen yuta, tombo, paco, gorra, botón? Pará, voy a ver qué dice René de Calle 13.

 

La represión siempre es represión: es el mecanismo del Estado para restablecer el orden. Pero, ¿qué orden? ¿Cuál es el orden? ¿Y quién lo ordena? ¿Reprime igual Berni que Bullrich? ¿Reprime igual Piñera que Duque? ¿Áñez que Lenin Moreno? ¿Y Cuba? ¿Cómo meto a Cuba en este lío? Me cuesta Cuba, cuanto menos tibio quiero ser más tibio quedo, y ¿Qué van a pensar mis followers si defiendo un pueblo sí y otro pueblo no? Sobre todo porque una vez fui a Cuba y en Varadero había una mujer vendiendo lapiceras. 

 

Pero a fin de cuentas, ¿Quién es el pueblo? ¿Puedo meter en la misma bolsa a lxs estudiantes de Chile, a lxs fusiladxs de Colombia y a lxs cubanxs que hacen streaming desde Miami? ¿Le estoy haciendo el juego a la derecha? No, creo que no porque dentro de las manifestaciones también hay mucha gente que apoya a la revolución y no quiere entregarle la isla a Estados Unidos. Antes de mandar send voy a ver qué escribió Roger Waters que es piola.

 

Me cuesta Cuba, porque yo reniego de la última dictadura argentina pero en Cuba tampoco hay democracia, ¿no? Creo que voy a ir por ese lado, voy a fraternizar con las y los hermanos cubanos diciendo que debería haber democracia para que el pueblo elija libremente a sus representantes como pasa en Colombia que casi todos los años hay un nombre nuevo y eso garantiza todas las libertades individuales. También puedo entrarle por el lado del Covid, como que está todo mal con el bloqueo pero que también deberían haber hecho mejor las cosas, porque a fin de cuentas era re fácil para un país pobre surfear dos años de pandemia. Aunque bueno, ¿por qué entonces no hay tanto revuelo por la gestión de Bolsonaro? Mejor me limito a dar likes, por ahora. 

 

Demoliendo prejuicios, asumiendo contradicciones

Durante las últimas semanas se publicaron infinidad de análisis y opiniones en torno a la situación de Cuba. Quienes seguimos de cerca los conflictos, tensiones y luchas de los pueblos en el continente sabemos que esto no suele suceder de manera igualitaria con todos los países. Aún cuando hay noticias sobre Colombia, Brasil o México, por nombrar algunos, sólo sus “especialistas” son consultados y entrevistados. Sí, los nombramos en masculino porque pareciera que el análisis internacional es cosa de varones. Pero volvamos al tema, ¡Ojalá todxs tuviéramos algo para decir sobre Haití, Honduras o Paraguay como hicimos con Cuba! Pero bueno, parece que uno de los únicos ejemplos vivos de que otra forma de vivir es posible despierta más emoción ¿O envidia? para opinar. Para nosotrxs, no se puede hablar desconociendo la historia y las miradas de los pueblos en su diversidad como en su contradicción, por eso nos permitimos problematizar algunos de los argumentos más utilizados para condenar al pueblo cubano y su revolución.

Argumento nro 1: ¡Cuba necesita más democracia! 

El grito desde nuestros frágiles sistemas electorales contra la forma de representación elegida por el pueblo cubano es uno de nuestros argumentos preferidos. Pues en Cuba no hay un sistema socialdemócrata ni liberal, por eso la incomprensión. Posiblemente cueste leer esta afirmación en nuestras cabezas capitalistas. Exigimos democracia desde los países que responden a lógicas económicas y políticas capitalistas en los que, como pueblos, nos ha costado mucho que se respeten los derechos básicos para la vida. Cuba es un Estado socialista (también se suele nombrar como república socialista), se ha declarado como tal de manera constitucional en 1961. El Estado socialista tiene, como cualquier otro estado, una estrategia política y económica propia. En Cuba, una economía centralizada, planificada y que aplica un modelo de distribución de bienes básicos para la vida de manera igualitaria.

¿La democracia liberal como la conocemos es lo que necesita Cuba? Quizás acá el conflicto radique en que nos ganaron el mandado, nos dijeron que la democracia es una sola: la de ellxs. ¿Podemos imaginar otras formas de democracia? ¿Quién las imagina? ¿Para qué? Cuando hablamos de democracia, ¿el debate está cerrado? ¿O todavía podemos soñar otra cosa? Porque si el debate se limita a “dictadura” vs democracia liberal, entonces el debate ya lo perdimos, sin siquiera haberlo empezado. 

Argumento nro 2: Estados Unidos embargó a Cuba 

No es embargo, es bloqueo y no es una simple corrección conceptual:  Un embargo es una orden emitida en tiempo de guerra para asegurar, mediante la retención de bienes, el cumplimiento de una obligación contraída legítimamente, como una deuda. El bloqueo es un acto de guerra y es reconocido por la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio como un “crimen internacional de genocidio” desde 1948. El bloqueo contra Cuba fue declarado de manera unilateral por el presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, en 1962 (Sí al, año siguiente de la declaración de Cuba como República Socialista). Su intención era implantar un bloqueo total para cortar todo tipo de vínculo económico, comercial y financiero (por ende político) con Cuba y cercar así al país para derrocar al gobierno revolucionario. Tras 60 años del bloqueo se calcula una pérdida de más de 100 mil millones de dólares por parte de la isla.

A lo largo de los años, Estados Unidos ha intentado justificar el bloqueo de diversas maneras para evadir las denuncias y condenas internacionales. Entre ellos, apuntan contra la nacionalización no compensada de propiedades de estadounidenses en la isla; los “peligros” de Cuba para la seguridad estadounidense por lo que fue su relación con la extinta Unión Soviética; el ejemplo concreto de una revolución socialista factible de implementarse o ser imitada en otros países; las supuestas violaciones de Derechos Humanos en la isla. Sí, en el mismo lugar donde Estados Unidos tiene el Centro de Detención militar de alta seguridad “Guantánamo”. Allí las torturas y el abuso por parte de las fuerzas ha sido denunciado como desmedido en cientas de oportunidades. A través del bloqueo, se busca ocasionar daños físicos y concretos contra toda la población cubana violando sus derechos humanos ya que impide que desarrollen vínculos económicos, comerciales y financieros no sólo con su país sino también con terceros. Cabe aclarar que no existe  ninguna norma internacional que justifique un bloqueo en tiempos de paz; que Cuba nunca ha sido deudora y no ha cometido ningún delito contra la nación norteamericana ni representa un peligro para su seguridad nacional; y que el bloqueo viola principios y derechos fundamentales del Derecho internacional como el “Principio de igualdad soberana”, “Principio de no intervención”, “Principio de la Independencia” y “Derecho a la nacionalización”.

Argumento nro 3: La juventud que no vivió la epopeya de la revolución quiere un cambio

En un análisis complejizado de las infancias y las juventudes, éstas deben ser pensadas como construcciones sociales dinámicas, conflictivas, situadas en la historia y en constante transformación y no como una identidad singular, inmutable y esencializada. Como cualquier grupo social y/o generacional la juventud debe ser entendida en un escenario de relaciones de poder, desigualdad, diversidad y desde una perspectiva de géneros. De forma que no existe “una” forma de ser joven y, en este caso, hay muchas formas de ser jóvenes en Cuba con todas las particularidades que este país presenta. Ciertamente la población adulta cubana experimentó otro momento político, económico y social distinto al que le toca habitar a la actual generación de jóvenes. Sin embargo, resulta complejo generalizar que tras la falta de “epopeya” revolucionaria, la juventud toda y en singular se opone de manera radical al gobierno revolucionario. Esa misma juventud que no es ajena al acceso de la educación y salud de manera libre y gratuita por ejemplo. Incluso hay quienes lo afirman aún difamando la revolución en pleno malecón de La Habana. 

Posiblemente no sea el mejor momento de la Revolución y eso debería aggiornarlo el propio gobierno para generalizar el bienestar ¿Se necesita más creatividad y políticas destinadas a esta población? Seguro que sí, no sirve con repetir propuestas que funcionaron en un momento histórico determinado y estamos convencidxs que es uno de los grandes problemas actuales. Pero, sin justificar, nos volvemos a preguntar ¿Quién puede innovar cuando no hay recursos ni posibilidades de inversión? Tuvimos la suerte de visitar Cuba en diferentes momentos y para diversas actividades, en todas coincidimos que existe una participación protagónica, elegida y comprometida por parte de las infancias y juventudes en la revolución. Esa narrativa no se “agotó” como supieron decir algunos analistas sobre la situación de Cuba, simplemente se reinventa y adecua a las miradas, tensiones y contradicciones de la actual población incluidas sus infancias y juventudes. 

No existe tal construcción binaria “a favor” o “en contra” de la revolución, son las dos al mismo tiempo, y quién mejor que las y los cubanos para enseñarnos a habitar la contradicción. Un pueblo que sabe que no vive de la mejor manera pero que no desconoce que, en este mundo, tienen el privilegio de la libertad y soberanía como ningún otro pueblo. Aman la Revolución a la vez que se cansan y es esa la identidad que les atraviesa. Conservan todo un imaginario de la nación construida alrededor de la revolución y las juventudes no son ajenas a eso. Entonces, la realización de algunas marchas de oposición por el hastío no puede significar el fin de ese proceso.

Argumento nro 4: Cuba funcionó con Rusia como aliado, desde entonces es un modelo decadente

Sobre esto vamos a decir poquito porque la revolución habla por sí sola: Te hicieron tres vacunas en medio de un bloqueo económico. Tendrá cosas para corregir, pero decadente no es.

Pese al bloqueo, Cuba logró en 60 años de revolución: 

Erradicar la pobreza extrema y el hambre.

Enseñanza primaria universal.

Promover la igualdad de género

Reducir la mortalidad de los niños y niñas menores de cinco años.

– Su inversión social alcanza el 36% del PBI.

– Conserva una tasa del 74% de productividad frente a un desempleo del 3,5%.

– Erradicación del analfabetismo .

– El 87% de la población rural tiene acceso al agua.

Argumento nro 5: En Cuba son todos fanáticos, no hay lugar para la crítica

Posiblemente exista una vieja guardia conservadora de lo que supo construir como revolución y la necesidad imperiosa de repetir hasta el cansancio la misma fórmula que funcionó. Pero si hay algo que tienen las y los cubanos es la capacidad de reflexión sobre sí mismos, la mirada crítica y la propuesta creativa frente a cada situación. Esto se debe, en parte, a la posibilidad lograda a partir de la educación y el estímulo artístico y deportivo en la vida cotidiana pero también al bloqueo, ya que las y los lleva a desafiar cada impedimento.

En Cuba existen espacios y colectivos revolucionarios que tensionan y discuten lo establecido, dando incluso aquellas batallas que no salieron del propio PC sino del pueblo. Como el reconocimiento de los derechos de la población LGTBIQ+ y fomentando la participación popular en todas las decisiones. Se ha construido un imaginario de que las personas que apoyan las revoluciones son tan fanáticas que no cuestionan y discuten. Pero esa, también, es otra imagen se trata de vender.