“Siendo hombres somos los primeros que debemos hacer el cambio”

Por Agustín Bontempo y Nadia Fink / Foto por Colectivo Veinticuatro/Tres

Pasó la histórica y masiva movilización contra los femicidios, entre otras banderas, y aquí nos proponemos analizar aquellos sujetos que, viciados por el patriarcado, dan el ejemplo de que puede haber un Hombre Nuevo.

Se estima que más de 200 mil personas coparon la zona del Congreso y, por tanto, de todo el centro porteño, en el grito histórico que exige “Ni Una Menos”. Organizaciones sociales, partidos políticos de diversos ámbitos, muchas mujeres, miles de adolescentes, niños y niñas. Y también hubo hombres.

Cuando hablamos de feminismo popular, hablamos de igualdad de géneros. No de poner las cosas al revés, aunque sí de revertir la situación. La sociedad patriarcal en la que vivimos es la misma a la que denominamos capitalista, explotadora, desigual y una larga lista de adjetivos. Por tanto, en esta dominación cultural que ejercen quienes detentan el poder de manera hegemónica, tanto hombres y mujeres somos víctimas. Algunos y algunas con conciencia de esto, aunque no siempre es así.

Sin lugar a dudas, en este contexto, el sufrimiento físico, moral, psicológico atenta con mucha mayor ferocidad a las mujeres. Y si bien hay millones de hombres que cosifican, denigran y violentan, incluso aunque entendamos el patrón cultural que causa esta situación, hay otros que alientan a que sí puede haber un Hombre Nuevo, como proponía el Che Guevara, al lado de la Mujer Nueva, que lucha aunque el revolucionario la haya omitido. Hablamos de los adultos encolumnados en organizaciones, partidos y sindicatos, de los miles de jóvenes que marcharon y que van más allá, reclamando la despenalización y legalización del aborto, se interesan por el parto respetado y sin temores por ser juzgados al escuchar su propia femineidad.

Testimonios que alientan

Mientras nos sumergíamos en la multitud, el desafío era demostrar que no todos somos iguales. Es entonces cuando Joaquín, un joven de 17 años que milita en el Centro de Estudiantes del colegio Mariano Acosta, nos dice: “Esta movilización muestra que evolucionamos como sociedad, podemos pedir ‘basta de acoso callejero’. Esto no pasa en todos lados”. Y asume, además de proyectar confianza en el futuro, que “tanto hombres como mujeres sufrimos el patriarcado. Desde chicos nos imponen cómo crecer. Tener el pelo corto o vestirse como uno se viste también lo imponen. Pero el machismo afecta más a las mujeres porque las pone en inferioridad y lleva a la dominación, a que sufran amenazas. Siendo hombres, somos los primeros que debemos hacer el cambio”.

Junto a él está Carolina, Presidenta del Centro de Estudiantes, quien se muestra entusiasmada por las palabras de su compañero: “Me llena de orgullo que tanta gente, que la sociedad haya convocado esta marcha. Las mujeres, que también son machistas muchas veces, no vamos a dejar que nos pasen por arriba”.

Algunas líneas más arriba nos referíamos a cuál es el aporte del feminismo popular, el cual se hizo piel en Carolina, quien aseguró que el resultado de esta movilización, pero también de las luchas dadas y las por venir, es que “ni hombres ni mujeres van a ser machistas. Vamos a ser feministas, que no es ser hembristas. Nadie es superior, tiene que ser una igualdad de género”.

Cuando pensamos en qué lugar tiene el hombre en la sociedad machista y cómo se iba a posicionar en la movilización, podíamos temer por la aparición de estereotipos promovidos por los Tinelli, los Aníbal Fernández, los Del Sel, los Macri, y tantos más. Es decir, aquellos que consideran que llevar el cartel de “Ni una menos” (un reclamo legítimo y necesario, claro, ¿quién puede estar a favor de un femicidio?) los exime de lo que hacen en lo cotidiano: tratar a la mujer como objeto, avalar aparatos policiales que promueven la trata y protegen a proxenetas, aparatos responsables de represiones, etc. Temimos que, escondidos bajo un manto de hipocresía y cinismo, se harían presentes.

Seguro los hubo, camuflados, en los márgenes, detrás de alguna señora grande de cirugía reparadora y gesto “bien”, pero lo alentador es que haya personas como Ezequiel, quien asume que está condicionado por el patriarcado y que nos dice: “Uno va teniendo un cambio de mentalidad y ve las desigualdades que hay. Todavía falta mucho por trabajar, pero creo que vamos por buen camino”.

Junto a él, nunca detrás, está Victoria, su compañera de vida, quien asegura que “vengo porque hay que salir a la calle y poner el voto de esta manera”. Y al pensar en qué rol tienen los hombres y puntualmente el que está junto a ella, dice: “Yo estoy feliz de que él este acá y apoye esto” y sentencia, “No veo una mano de él sobre mí si yo no lo quiero”.

Sabemos que la cultura dominante funciona en manos de unos pocos que, como dijimos, detentan el poder. El poder de la escuela, de los medios de comunicación, de los medios de producción. A veces no importa si se pelean incluso por la televisión, porque ellos pertenecen a un solo bloque hegemónico, que es el que domina desde hace años una mirada donde el centro está puesto en el “macho”. Martín, otro Hombre Nuevo, nos dice que “reflexiono, es una lucha. Cada acción que se hace a veces se cae en el machismo y es inconsciente. Por eso es una lucha constante que debemos hacer”.

Cuando le preguntamos por qué su presencia, él no vacila: “Estoy acá porque este es un reclamo muy justo, hoy y siempre. El problema de la violencia nos abarca a todos y todas y a las mujeres es peor, porque también sufren la violencia de los hombres que a veces las ven como una mercancía”.

Pasó el Ni Una Menos. Habrá mucha tela para cortar reflexionando sobre lo positivo y lo negativo de la jornada, la emergencia de actores políticos y el oportunismo de otros tantos. Que lo que quede no sea consigna y siga dando vueltas en el imaginario colectivo. Comenzó a visibilizarse un largo problema que existe hace cientos de años y que quiere encauzar su lucha hasta que logremos vivir en una sociedad feminista, realmente popular, donde todos y todas seamos iguales siempre.

Nota central:

Del reclamo social a la agenda política: lo que ya nadie puede ignorar