Contra la homolesbotransfobia la batalla es cultural

Por Emily Victoria Matos* / Foto por Nicolás Nuñez

El 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la salud (OMS) eliminó a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. Esta despatologización fue un gran avance en los derechos de la comunidad LGBTIQ del mundo. Desde esa fecha se celebra el día internacional contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género.

El simbolismo de la fecha es importante, también se debe destacar que los actos de amor no heteronormados son penados en más de ochenta países del mundo. Estas penas van desde cárcel hasta la pena de muerte. A principios del siglo XXI en Argentina se pudieron dar avances a nivel  legislativo  como la Ley de Identidad de Género y el Matrimonio Igualitario. Estos derechos fueron ganados gracias a la organización y a la demanda de personas organizadas bajo un objetivo.

Las mejoras sociales se logran con esfuerzos colectivos, los esfuerzos individuales son aportes de las personas en pos de algo más significativo. Una ley es una herramienta estatal para organizar a las sociedades. Estas son obsoletas sin una voluntad política de lograr su implementación. Estoy segura de que la forma más efectiva para cambiar la sociedad es la cultura y con ella: la educación.

Lxs trans y travestis hemos sido explulsadxs de la educación y nos condenaron a vivir en los márgenes de la sociedad. El transgenerismo aún no está considerado fuera de las normas patologizantes y en muchos países para acceder a tratamientos hormonales es necesario tener un previo diagnóstico de disforia de género.

La legislación sobre la problemática T en el mundo es escasa, y estoy orgullosa de que mi país sea pionero en estas iniciativas que apuntan respetar la identidad autopercibida de lxs ciudadanxs.

Aún falta mucho por hacer ya que  la mayor fracción de la población trans femenina está en situación de prostitución, el grado de deserción escolar es alto, y la esperanza de vida de unos 35 años.

La  discriminación es odio irracional ante presencias que amenazan la comodidad de personas privilegiadas o legitimadas por el sistema. El discurso de los medios masivos de comunicación y su heterosexualidad obligatoria e híper- representada en sus productos culturales discrimina ya que reprime los deseos. Los programas de tv están realizados para el goce masculino.

Pero a pesar de todo este pantallazo un poco agrio en las culturas existen las resistencias: ese es nuestro rol histórico en el mundo, tenemos que unirnos y tejer redes entre todxs, entender que podemos cambiar y  que somos parte de la revolución. Porque al calabozo no volvemos nunca más, ¡aquí está la resistencia trans!

 

*integrante de la colectiva Lohana Berkins