El intento de conocer a Macedonio Fernández

Por Gonzalo Zanini

Hablar de escritores argentinos que llamaron la atención por ser adelantados a cualquier tiempo incluye seguramente hablar de Macedonio Fernández. Un recorrido por su obra y estilo. 

Es difícil encontrar la sencillez  en el carácter un tanto inestable de Macedonio Fernandez. Aunque no dejó de ser un tipo de por ahí, que se dedicó a la escritura, que siempre se encontró en la periferia de todo y en los espacios marginados de la literatura argentina. Un hombre complejo en su contenido teórico y metodológico quizás, pero según aquellas personas que lo rodearon, entre ellos Leopoldo Marechal o Jorge Luis Borges, era una persona afable, buen amigo, sencillo y si acaso lo deseaba, también austero. Pensar que con una nota se puede aclarar y resumir la vida y obra de Macedonio Fernández no es, si se quiere, imposible. Pero sí poco conveniente y no es lo que se pretenderá hacer ahora. Se trata  más bien de un proceso infaltable y siempre necesario que es el de recordar sus pasos.       

La imposibilidad de englobar la totalidad de Macedonio en unos cuantos párrafos se debe a que, principalmente, este señor pasó por diferentes momentos que fueron agudizando su capacidad camaleónica pero profunda de ver y vivir la vida. Macedonio fue un escritor que por allá a finales de los 20’ decidió en unas elecciones presidenciales hacer una campaña burlona para postularse como presidente con el fin de boicotear el gobierno de Yrigoyen y detener sus adulaciones. O yéndonos para atrás, en 1897, emprendió una misión inconclusa de fundar una colonia socialista en Paraguay que dentro de los integrantes de ese particular emprendimiento se encontraba Jorge Borges, padre del reconocido escritor. Pero por otro lado recibió el título de abogado y le sirvieron sólo unos pocos años para darse cuenta de que su vida no estaba en la oficina sino en los rincones abandonados de Buenos Aires.

Bajo una lupa estrictamente borgeana Macedonio Fernandez encierra muchos Macedonios. Es esa la misma persona que en un momento fue clave para toda la euforia del vanguardismo argentino y en otro momento dejó que la vida y la escritura transcurrieran sin ser el exhibicionismo y la publicación de sus obras una consumación de sus intenciones. Un Macedonio que en un momento, al morir su esposa, decide en 1920 dejar a sus hijos para que sean criados por familiares y emprender un camino solitario pernoctando de posadas paupérrimas a casas de amigos o ranchos en el medio de un monte.

Pero entre todas esas decisiones extremas y hasta criticables, estamos ante un mismo Macedonio quien tiene plasmado en su filosofía de vida (y claramente lo lleva a su escritura) un concepto de felicidad que hoy en día daría de comer a muchos libros de autoayuda, pero que nace del análisis de uno de sus filósofos favoritos, Arthur Schopenhauer. Para el escritor argentino, la felicidad siempre está en lucha con el dolor en criterios de duración e intensidad, pero la felicidad, en esa dualidad, termina abarcando una totalidad en la existencia del hombre. La felicidad se incorpora en lo cotidiano, no es una emoción extraordinaria o excepcional, es cualquier emoción que esté alejada del dolor, o tenga grados más placenteros que dolorosos. Esta forma parte de la teoría eudemonologica de Macedonio Fernández. Aunque él es un metafísico. Quizás la única etiqueta estable y bien merecida en sus actividades intelectuales.

Si es tan diverso su carácter, el mosaico de géneros mutantes que sortea en su bibliografía mantiene la misma distinción: escribió filosofía, textos humorísticos, poesía sin métrica, micro-relatos e híbridos extraños de novelas experimentales. Macedonio Fernandez trató de ver la literatura de otra forma. Y lo logró. Descartó las ideas convencionales de creación y creatividad de la poesía, el teatro y la novela. Es decir, era un escritor, que no quería escribir poesía, teatro ni novela. ¿Entonces dentro de qué términos y reglas puede actuar aquel que decide empezar a escribir? La iniciativa no es sencilla y hasta cierto punto es difícil de digerir: el escritor debe abstenerse a toda descripción sensorial. En las propias palabras de Macedonio, por si esto parece una habladuría propia de un aficionado que escribe de alguien importante: “¿Qué queda para la prosa, suprimiendo la narrativa, la descripción, los famosos caracteres, las sonoridades, las imitativas fonéticas, las doctrinas o ideas… las enseñanzas, las sabidurías y todo el género de la sensorialidad? Debe quedar lo que sólo con palabras escritas… se puede obtener.” Macedonio desarrolla lo que llama César Fernández Moreno, el realismo de la nada: los personajes circulan por lugares que son insignificantes para ellos pero no dejan de denotar con maestría la presencia de una nada que los envuelve y que desarrolla la ambigüedad y la contingencia en sus decisiones y en sus vidas.    

Macedonio no pretendía romper barreras con una locura bohemia pero inolvidable como la de Antonin Artaud. Tampoco pretendía luchar con un Realismo diferente como Virginia Woolf y su grupo intelectual imponiendo una alternativa dentro de un mismo género. Él creaba una filosofía de  vida con obras que eran literarias pero que trataban siempre de coincidir con las intenciones del escritor y al hacerlo se volvían radicalmente únicas y extrañas, profundas y misteriosas.

Existen muchos aportes de Macedonio, conceptos claves para entender su pensamiento como los de Belarte, las ideas que tenía del yo, del ser, de la materia, del tiempo, la unión intrínseca que hace entre pensar y vivir, etc. Que ahora sea un autor muy poco reeditado, debido quizás a sus libros un tanto caóticos como No toda es vigilia la de los ojos abiertos, Papeles de Recienvenido o Museo de la Novela de la Eterna, se debe al problema de recepción de estos últimos años donde las lecturas amancilladas por libros breves y de lectura ágil hacen que estas obras sean vistas como meros aglomerados de una literatura que ya pasó. La editorial Corregidor ha dedicado su tiempo a la reedición de algunas de sus obras más significativas que hoy pueden llegar a nuestras manos y de tomos donde reúnen cuentos y poemas que permiten abarcar a Macedonio Fernández de una manera más global.