Internet para armar: acciones ciberfeministas desde Latinoamérica (II)

Por Florencia Golsdman / Arte por Repo Bandini

Este artículo tiene una intención exploratoria, realzada por la voluntad de seguir cuestionando, a la vez que co-creando, esa “internet feminista” de la que comencé a oír en 2014 en el sudeste asiático con activistas de todo el mundo. De esos debates de los que me tocó participar durante el mes de agosto de 2015 en Malasia junto a otras compañeras latinas, indias, africanas, europeas, árabes.

Hágala usted misma (una internet feminista)

Internet ha sido un trampolín para que muchas personas exploremos acerca de diversas identidades sexuales, derechos a la salud sexual y reproductiva. También lo es para que a partir de herramientas libres, gratuitas y de fácil acceso nos animemos a construir narrativas propias que cuestionen el deseo y su usual representación. La inspiración del pos-porno en internet, por ejemplo, puede convertirse en una “usina productora de nuevas narrativas del placer”, define la investigadora Laura Milano.

Lucía Egaña, más conocida como @lucysombra, es una investigadora feminista, escritora y artista. Lleva años explorando la relación del cuerpo, la sexualidad y las tecnologías desde perspectivas poco exploradas (o al menos no tan difundidas hasta el momento). Aunque a ella le gustarían menos definiciones y que accedamos a su perfil multifácetico a través de fragmentos más poéticos que lineales, a continuación comparte aquellos usos que encuentra feministas en internet.

La conversación se centró en internet y la manera en la cual cuerpos e identidades se desdoblan fuera de lo previsible y nos obligan a pensarnos. Nos dan la oportunidad de acercarnos a otros feminismos, como los trans-feminismos que, de la mano de las nuevas tecnologías, exploran la multiplicidad de deseos y la indefinición creativa de las prácticas sexuales.

“En el contexto de la producción de pornografía u otros tipos de pornografía, como en mi experiencia personal del festival Muestra Marrana, que es una experiencia muy concreta, ha sido bien interesante esta convocatoria de videos Do it yourself. En esta sección no se piden criterios de calidad ni de formato. Las personas participantes antes de plantear un tema, plantean cómo hacerlo: te preguntan cómo pueden editar, o que tienen un sistema operativo X. Mucha gente empieza a editar su video con software libre (una cosa bien gratificante, en verdad). Los videos tienen que tener licencias libres; no es una condición pero sí es muy engorroso entregar en nuestro festival un video con copyright. Entonces lo más fácil es ponerle una licencia libre y a partir de ahí se abre una especie de tráfico con músicas con licencias libres, un circuito de producción audiovisual que es un poco distinto al normal y que fomenta una manera de trabajar en que la gente está con sus cuerpos y con sus máquinas más básicas.

Muchos videos se hacen con teléfonos celulares que todo el mundo tiene y que se editan con computadoras que no son muy buenas. Creo que las prácticas feministas pueden causar mucho impacto, temas narrados desde la experiencia personal pero que tienen la capacidad de resonar colectivamente. Temas que tienen que ver con el cuerpo y la sexualidad son claves en este momento. Son experiencias que tenemos todas de sexualidades opresivas y de sistemas que nos enseñan muy concretamente cómo tenemos que ser y cómo tenemos que hacer. Entonces toda la deconstrucción de ese sistema de normas tiene resonancia para todas las personas, aunque sean dados por sistemas personales. En el ámbito del festival y los materiales que recibimos, las personas trabajan con su propio cuerpo y con el cuerpo de dos amigas o el amigo que está ahí – es una cosa muy casera”.

Y continuó: “No sé si tienen el componente de viralidad porque son materiales que online son muy difíciles de situar. Es difícil meterlo a las redes por tratarse de un material sensible para el sistema de redes que hay ahora. Por otro lado, los servidores más autónomos no tienen esa capacidad tan viral como las plataformas comerciales, entonces ahí hay un problema. Pero sí creo que es un ejercicio muy importante, con impacto, aunque sea en un nivel micropolítico que alguien empiece a hacer un video y que alguien empiece a hacer un video con su cuerpo aún más. Cuando pienso en el impacto, intento buscar ejemplos macropolíticos o gigantes, cuando en realidad las maneras de impactar pueden ser en vidas concretas, en experiencias. Creo que se altera tu experiencia con las máquinas, con la tecnología y con los medios que tenemos en nuestro momento como prótesis”.

Por último, Lucía cree que para tener una internet feminista sería necesario un equilibrio de tipo ecológico. De momento le gustaría que fuese un espacio de más seguridad y más cuidado, un espacio más cuidado de la explotación y producción de contenidos. “O sea, tú quieres divulgar una información y la publicas mil veces pero no hay un cuidado de la ecología, que ya no es de la electricidad que se gasta si no de la ecología de la imagen. Si ves 500 mil imágenes, ninguna tiene valor sobre otra, se sobreproduce contenido, nadie accede a los contenidos de manera muy consciente. Ese me parece un problema ecológico”.

Anamhoo es originaria de México y pertenece al colectivo Acción Directa Autogestiva (ADA). Sobre las formas creativas de la tecnología desde el feminismo, considera que las feministas “nos involucramos de manera bastante práctica y creativa” y trae a colación la historia de Berta, la abuela bloguera. “Recuerdo que decía que no sabía usar muchas cosas hasta que le enseñaron a usar bitácoras y ahí se dio cuenta que podía contar un montón de cosas que en su época no podían contarse y se volvió una persona que comenzó a hacer blogs contando historias. Desde que las mujeres comienzan a tener las tecnologías en sus manos, empiezan a ver para qué les es útil. Allí descubren que hay una y mil formas para poder decir que tienen voz, para poder transmitir imágenes, o poder mantenerse en red”.

En los contextos en los que trabaja Anamhoo, se ve la urgente necesidad de comunicar debido a que “hay muchas resistencias y miedos para poder terminar de explorar toda esta capacidad que se tiene y que se intuye. Entonces hay que animar a las mujeres a terminar de desarrollar sus ideas. Esto tiene que ver con cómo a las mujeres nos llega la tecnología. Creo que la parte más creativa tiene que ver con poder transmitir mensajes desde el lesbianismo o desde el feminismo. Como también trabajo con mujeres de resistencias contra grandes mega proyectos, se trata de contar su lucha, decir qué es lo que ocurre y también lograr la comunicación entre ellas, en la resistencia. Tal vez es que en este contexto no hay tanta transferencia tecnológica. No nos llegan juguetes ni nuevas herramientas porque la ciudad en la que estoy es bastante conservadora. Tampoco hay tantas mujeres que hayan conseguido tener estudios en electrónica o en computación que se integren en espacios alternativos para hacer transferencia de conocimiento. Siento que es una etapa muy inicial en comparación con otros espacios”.

Sobre usos creativos, Anamhoo – que también es formadora en talleres de herramientas de software libre – sostiene que los posibles usos de las radios en línea son súper creativos “y cada vez más migrando a software libre, más experimental. Una vez que tienen esta capacidad de empezar a hacer radio, las mujeres no paran”.

Hasta aquí el recorrido por las voces de algunas representantes del movimiento activo de ciberfeministas. Ellas, a su manera, desafían, cuestionan y ponen patas para arriba las estructuras de poder. Nos toca a todxs seguir el debate, deconstruirla, pelarla como una cebolla y caminar juntas hacia un mundo de bits y de carne y hueso con mayores oportunidades y justicia en todas sus formas.

Este artículo fue escrito entre el aeropuerto y aviones que sobrevolaron El Salvador, Guatemala, Nicaragua, San Pablo y Panamá. Los videos fueron editados con software libre, afán de conocimiento, impaciencia, precariedades, orientaciones de Lucía Egaña, desfazajes de sonido, traducciones caseras y más que nada: extraordinarias participaciones de compañeras solidarias que llenaron mi presente de (más) apasionantes preguntas.