Juicio Contraofensiva: democratizar la experiencia de los juicios

Se reanudaron las audiencias en el juicio que viene a romper con pruebas contundentes la insólita pero aún persistente “Teoría de los dos demonios”. Se trata del Juicio Contraofensiva, donde se investigan los hechos ocurridos contra militantes de la llamada Contraofensiva de los Montoneros, un reagrupamiento de militantes exiliados que regresaron a la Argentina a encabezar una campaña- junto con otres militantes que seguían en el país- contra la dictadura militar durante los años 1979 y 1980.

Por Luz Ailín Báez

Iniciado el 26 de marzo de 2019,  tuvo su primera audiencia vía streaming el 11 de junio pasado. En la misma se siguió con la nueva modalidad iniciada por el TOF 1 de Mar del Plata durante la sentencia de la Megacausa Subzona 15 -de transmisión en vivo a través de los canales formales del juzgado y del Centro de Información Judicial-  luego implementada por los tribunales orales federales de Rosario y de Paraná, en la provincia de Santa Fé.

Sin embargo, este juicio resulta único por ser el primero en la Argentina cuyo Tribunal de justicia- el TOF 4 de San Martín que presiden los jueces Esteban Rodríguez Eggers, Matías Mancini y María Claudia Morgese Martín-  avaló la transmisión online íntegra en vivo a un medio de comunicación popular alternativo: La Retaguardia.

Marcha Noticias dialogó acerca del tema con Daniel Cabezas, querellante en la causa y sobreviviente de la cacería digitada por los miembros del Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE) de la dictadura argentina en connivencia con gobiernos y servicios de inteligencia de otros países, que tuvo alcance mundial y que dejó un nuevo saldo de secuestrades, torturades, desaparecides y asesinades argentines en  Brasil, Perú y España.          

-¿Cuál es su balance personal sobre cómo viene desarrollándose el juicio?

-“Este juicio llevó mucho tiempo hasta que empezó. Los  sobrevivientes, familiares de desaparecidos y asesinados y militantes de los derechos humanos impulsamos mucho para que  llegara  a juicio oral. Tuvimos bastantes problemas durante la etapa de instrucción, distintos frenos. No lo agilizaron hasta que finalmente llegamos al inicio del juicio oral con mucha expectativa. Sabíamos que era un tema difícil porque en el juicio de Contraofensiva los imputados son la conducción de los organismos de Inteligencia de la dictadura.

A diferencia de otros juicios donde hay una víctima que puede indicar que tal militar lo torturó en determinado lugar, acá es más complejo. Y por otro lado la Contraofensiva en sí es una acción de resistencia controversial que ha provocado muchas críticas dentro y fuera de la militancia, entonces es como un ejemplo de la Teoría de los dos demonios. Entonces también estábamos preocupados por la reacción que podría haber en distintos medios, en distintos sectores de la sociedad y nos preparamos mucho para los testimonios. Estábamos convencidos de que nosotros teníamos que defender nuestro derecho a la resistencia a una dictadura genocida. Y cuando comenzó el juicio inmediatamente vimos que ese objetivo se estaba cumpliendo: los testimonios de los familiares y  de los sobrevivientes, demostraron quiénes éramos en realidad”.               

CONSTRUIR AL ENEMIGO

Los discursos construyen subjetividades, y el aparato mediático de la Dictadura se encargó de cimentar en el imaginario social a los Montoneros como sujetos tan deleznables e inhumanos como para que su eliminación fuera no sólo comprendida sino aclamada y pedida por  una parte importante de la sociedad.

Daniel se presenta como productor audiovisual. Nos cuenta que desde muy joven estuvo interesado en difundir ideas a través de los medios y a través de distintos formatos.

 “En un momento abandoné el Grupo Cine donde estaba porque había una dictadura tan salvaje que necesitábamos todos participar para poder echarla, desterrarla”.

Las palabras de Daniel son taxativas: para él, no quedaba otra opción que asumir la resistencia a esa Dictadura.

“Pertenezco a una familia muy golpeada: mi hermano está desaparecido, mi madre estuvo en la [ex] ESMA igual que mi prima y su marido y mis amigos también están desaparecidos. Estuve en la cárcel cuatro años. Estuve en Campo de Mayo secuestrado una semana. Formé parte de la Contraofensiva. Formo parte de la historia de los últimos años de nuestro país. Elegí un lugar. Elegí ponerme en una vereda hasta el día de hoy. Hoy estamos buscando memoria verdad y justicia y participar activamente en este juicio me lo permite”, sostiene. Daniel es querellante por sí mismo en el juicio. Colabora con el grupo de sobrevivientes y familiares para llevar adelante las audiencias. Trata de estar presente en casi todas las audiencias e informa a las y los compañeros que participan en el juicio mediante un grupo de Whatsapp, ya que muchos de ellos están en el exterior, para hacerlos participes de algunos aspectos de la audiencia que son más informales.

Desde el inicio del Juicio Contraofensiva, Cabezas y otros compañeros y compañeras sobrevivientes y  familiares de desaparecidos trabajan en equipo para desarmar el discurso social instalado de la teoría de los dos demonios. En formato de blog (https://juiciocontraofensiva.blogspot.com/) han ido registrando  mediante escritos, dibujos, fotografías y documentos cada una de las audiencias. “No formamos una comisión- como hay en Vesubio, en Puente 12- pero sí trabajamos en equipo. Todos aportan para que la causa se desarrolle en búsqueda de justicia con efectividad. Gracias al aporte de los jóvenes, los hijos e hijas de los desaparecidos, la causa tomó un impulso mayor, muy intenso”, comenta Daniel.

Entre les hijes de desaparecidos se encuentra Gustavo Molfino, fotógrafo presente y activo en lo que refiere al registro de este y otros juicios por delitos de lesa humanidad. Su madre formó parte de la Contraofensiva y fue secuestrada en la localidad de Miraflores, Perú,  en una acción mancomunada entre la SIDE argentina y la SIE peruana. Gustavo- hoy jefe del departamento de fotografía de la Cámara de Diputados de la Nación- estaba presente en el momento en que se llevaron a su madre. “Salvate vos que tenés toda la vida por delante”, fueron las últimas palabras de Noemí Esther Gianotti de Molfino, según el testimonio que prestó él mismo y que consta en la crónica del Diario del Juicio.

Un ejemplar del libro El Terrorismo en Argentina, hallado en la Embajada argentina en Sudáfrica y una nota falaz acerca del crimen de Noemí Esther Gianetti de Molfino, cuyo cuerpo apareció en Madrid, cuando había sido secuestrada en Perú por el 601 y llevada a Campo de Mayo, para luego montar la escena de Madrid.
📷 Gustavo Molfino

En otra de las audiencias, Ana María Montoto Raverta- médica pediatra- leyó en voz alta y entrecortada una carta enviada por su madre a sus compañeros de “La Guardería”, una casa en La Habana donde ella y su hermana- la actual titular de la ANSES Fernanda Raverta- quedaron junto con otres niñes  al cuidado de miembros de Montoneros mientras sus padres y madres llevaban a cabo la Contraofensiva. En la misma, María Inés les pedía: “No dejen que mis hijas se olviden de mí. Léanle mis cartas y muéstrenle mis fotos”.

Daniel Cabezas detalla:

“Hay familiares que hicieron una descripción de la personalidad de los desaparecidos, y de cómo había sido su vida. Desde muy chicos, el interés por lo social, su participación en distintas organizaciones y acciones. Cómo eran en lo cotidiano. Durante el juicio se pudo obtener historias de vida de militantes que siempre trabajaron y lucharon por una sociedad más justa y que lamentablemente fue truncada su vida pero también hay sobrevivientes que continuaron sus militancias, sus participaciones en la sociedad haciendo aportes desde el lugar que les toca: maestros maestras, sindicalistas, trabajadores rurales, médicos, entonces los testimonios en las audiencias le permiten a la sociedad tener un  pantallazo sobre los militantes que resistieron. Sus historias de vida, su calidad de vida y su entrega. La teoría de los dos demonios instaló que los Montoneros eran unos delincuentes subversivos terroristas”.

Y agrega: “Acá en el juicio estamos viendo que había  maestros, médicos, sindicalistas, gente de las Ligas Agrarias,  que había estudiantes y que la opción político militar fue en una época. De hecho, hoy en día hay muchísimos militantes que sobrevivieron y que están en distintos organismos de gobierno  o están trabajando en un sindicato, ocupando distintos lugares en la sociedad de acuerdo a la época. Eso es también lo que el juicio permite ver”.

En estas cartas, conversaciones o citas falsas para salvar a compañeros (hoy sobrevivientes), se va tejiendo, audiencia en audiencia, otro relato que humaniza y contextualiza los caminos tomados por muchos militantes en ese momento.

DESMENUZAR EL CEREBRO DE LA DICTADURA

Para Daniel, “El objetivo principal buscado es que se haga justicia por nuestros compañeros y compañeros que fueron desaparecidos o asesinados. Y luego, poder  esclarecer y desarmar algunas de las acciones psicológicas que se hicieron durante la contraofensiva y que repercuten en todo el accionar de la dictadura”.

Daniel Cabezas, el entrevistado, dio su testimonio en la segunda audiencia del juicio, en abril de 2019.

Todo el aparato de inteligencia siempre estuvo oculto. En este juicio nos estamos metiendo en las estructuras de inteligencia”, destaca. “Poder descifrarlas es poder cumplir con las tres banderas de los derechos humanos de los últimos años que son Memoria, Verdad y Justicia. La importancia puntual radica en que visibiliza a la inteligencia del Ejército, quien estuvo detrás del armado del Plan Sistemático. Eso es lo importante. De hecho, los testimonios de Stella Segado- Coordinadora del Área “Memoria y archivos” de Territorios Clínicos de la Memoria (TeCMe) y ex directora de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa- y de Verónica Almada- antropóloga que trabajó en el equipo de Segado y se especializó en el ordenamiento y la clasificación de los archivos del Ejército- aportan datos duros, sustento, además de para que haya verdad, para poder llegar a un resultado que haga Justicia a la memoria de los y las desaparecidas/os. Así como rescatamos la historia de vida de cada uno de los compañeros, a través de los testimonios de familiares y estamos conociendo al verdad de cómo cayeron y dónde cayeron, también estamos conociendo la verdad del enemigo. Cómo operaba esta estructura de inteligencia. La Justicia la obtendremos en la sentencia”, apunta.

Para Daniel, los  testimonios de Stella Segado en la audiencia  del 11 y de Verónica Almada el 18 de junio superan el ámbito del Juicio Contraofensiva ya que aportan información que puede ser provechosamente utilizada en otros juicios. “Stella Segado mostró organigramas que estaban en las órdenes de inteligencia, se pudo ver  la organización que había, cómo era la estructura. Entonces todo eso trasciende nuestro juicio. Porque esa estructura de inteligencia se aplicó en todo el país. Entonces hay otros juicios a los que les puede servir también”.

TRANSMITIR EN VIVO, DEMOCRATIZAR LA EXPERIENCIA DE LOS JUICIOS.

El primer gran acercamiento de la televisión y juicios por Derechos Humanos se dio en Argentina durante el denominado “juicio a las juntas”, que se inició el 22 de abril de 1985, marcó un punto de inflexión en las sociedades latinoamericanas frente a la posibilidad de que los tribunales de sus propios países enjuiciaran a los dictadores. Si bien hubo un acceso a imágenes,  “no podemos establecer que fue una audiencia televisada”, sostiene Julio Mundaca Quintana, subdirector de Comunicaciones del Poder Judicial de Chile, en su artículo La televisación de juicios como herramienta de construcción de una justicia social.

“Fueron 530 horas de audiencias, 709 casos presentados, 833 testimonios, 38 mil fojas y una Argentina –y por qué no decirlo, el mundo– expectante de conocer el veredicto. Como una forma de transparentar lo que estaba sucediendo, los jueces determinaron que los periodistas podían ingresar sin problemas, pero las imágenes eran tomadas por un pool de fotógrafos y si bien el juicio fue íntegramente grabado, los canales de televisión solo podían acceder a tres minutos diarios sin audio para utilizar en sus notas”, escribe Mundaca Quintana.

Más allá de su relevancia histórica, hay que resaltar que esta primera televisación se realizó a través de un medio de comunicación hegemónico. Dicha transmisión fue fragmentada y por lo tanto, el acceso que la sociedad civil pudo tener a la información de lo que sucedió dentro del Tribunal fue, inevitablemente, sesgado y parcial.

El contexto actual resulta completamente diferente: se trata de un medio alternativo de comunicación con amplia trayectoria en lo que refiere a derechos humanos y que ha empezado a transmitir las audiencias en vivo para todo el mundo sin cortes. Desarmando, así, la puesta en escena editada que pudiere interferir o modificar los sentidos de lo que juzgades y víctimas relatan, proporcionando a la ciudadanía entera la posibilidad de acceder a la palabra de los actores de este pasado reciente, para debatir, preguntarse y poder sacar conclusiones propias y colectivas.

-Ha estado presente desde las primeras audiencias de este juicio. ¿Cómo se siente ahora acudiendo a las audiencias en este contexto de aislamiento social obligatorio?

-“Es contradictorio porque nosotros quisiéramos que esté la sala llena. Es fundamental que estemos presentes frente al Tribunal y acompañando al testimoniante. Pero como no se puede apareció esto de la difusión a través de las redes. Este tribunal es muy especial: nos dejaba sacar fotos y nos dejaba grabar y filmar durante las audiencias y ahora permitió- es el único hasta ahora- que se difundía a través de La Retaguardia. Mientras se transmitió la primera audiencia, cuando estaba Stella Segado testimoniando tuvo más de mil vistas. Entonces es contradictorio: no estamos presentes físicamente pero llegamos a muchísima más gente. A partir de habernos visto hay periodistas que llamaron para interiorizarse, académicos que están estudiando el tema, fiscales que pidieron el testimonio de Stella. Es contradictorio pero nosotros queremos avanzar porque necesitamos llegar a una sentencia antes de que se terminen de morir los imputados. Si la ciudadanía conoce más sobre lo que provoca un juicio, lo que se hace en un juicio y lo que se logra en un juicio de Lesa Humanidad, también va a dar elementos para los juicios que van a venir, que son los responsables económicos. La dictadura no fue un grupo de militares locos que mataban gente sino un plan económico, un proceso de reorganización nacional que intentaba organizar la sociedad de otra manera en beneficio de un grupo muy chico de  grupos económicos. Que es lo mismo  que está pasando ahora y que pasó en los noventa y los últimos cuatro años. Que los juicios sean incorporados a la sociedad también va a permitir para llevar a juicio a los responsables del genocidio económico. Hay una cuestión del legado, que ustedes los más jóvenes partan de una visión más amplia para que luego no les vendan pescado podrido”, concluye Cabezas.

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En un mundo capitalista que nos convida y vende “momentos” para atender a todos nuestros  sentidos para consumir de modo constante, la experiencia resulta irremplazable. Tan irremplazable como lo es para hacer carne, para comprender. Para hacer memoria con todo el cuerpo y, si es necesario en estos tiempos, poniendo los sentidos en juego a través de la pantalla. Es de suma importancia y debe constituirse como un derecho más dentro de nuestra democracia, la posibilidad de que cualquier ciudadano pueda presenciar, ya sea físicamente como desde la virtualidad, el devenir de los distintos juicios de lesa humanidad. Debería ser un pedido de todos, para que realmente se pueda educar y formar ciudadanía consciente de las aberraciones planificadas sucedidas. Resulta indispensable subirse a este tren que ha empezado a andar gracias a la acción de los organismos de derechos humanos, de los medios alternativos, abrazar a estas primeras transmisiones en vivo de los juicios de la mano de los medios alternativos e independientes y mantenerlas vivas. Que no queden como excepción pandémica. Que se constituyan como un elemento más de democratización de la información. Para poder ser partícipes reales de un proceso de recuperación de memoria histórica y de justicia en donde cada ser humano, en contacto directo con la historia expuesta ante un tribunal, pueda construir su realidad, su proceso histórico personal y, también, colectivo.Para llevar a la práctica entre todos el deseado y defendido “Nunca Más”.