La Campaña contra las Violencias: solas no, organizadas sí

La Campaña contra las Violencias: solas no, organizadas sí

Por Noelia Leiva. Los deseos y las corporidades mujeriles fueron reducidos históricamente a objetos apropiados por otros. Militantes de todo el país quieren recuperar para sí mismas –para todas- el poder de decidir sobre sus derechos personalísimos.

Los cuerpos como territorio de luchas protagonizadas por sus mismas dueñas, no una arena de explotación en manos del patriarcado. La libertad definida como las posibilidad de decidir, sin que los prejuicios, las iglesias ni el mercado negro del aborto clandestino o las redes de trata lo obstaculicen, sin que la muerte llegue como espejo de un trayecto de maltrato. La pobreza empoderada, lejos de las etiquetas del crimen, en una carrera constante por defender la dignidad. Esas luchas, cuando están dadas por trabajadoras, amigas, hijas, desocupadas, madres, novias, abuelas y todas las demás, están comprendidas en la Campaña Nacional contra las Violencias hacia las Mujeres. Marcha dialogó con una de sus referentes, Mariana “La negrita” Gerardi Davico, sobre lo mucho que puede abarcar la opresión machista y la importancia de organizarse para combatirla.

Constituida en 2012, la Campaña tiene el objetivo de generar redes en distintos puntos del país, lo que ya logró en Buenos Aires, el norte y el oeste del Conurbano bonaerense, La Plata, Jujuy y Córdoba. Como la solidaridad entre pares se contagia, también la consigna de “ponerse en el lugar de la otra” se multiplica en plenarios nacionales, reuniones regionales, talleres para descubrir qué violencias predominan en determinado colectivo social y los “bombachazos”, intervenciones artísticas que visibiliza cómo el machismo opera en cada contexto. Siempre el camino es el mismo: interpelar lo naturalizado, para que las mujeres aprendan que son todo lo que quieran, no lo que el sistema deposita bajo sus nombres.

-La creación de la Campaña en 2012, ¿se desprendió de una necesidad específica de su coyuntura?

-Se desprendió de la realidad misma. Las diferentes organizaciones que la componemos teníamos, y seguimos teniendo, espacios de mujeres o de género, a los que las mujeres del barrio se acercaban para buscar respuestas situaciones puntuales de violencia. Entendimos que no se trataba de una violencia sino de muchas, muy complejas si se las abordaba de manera integral. No sucedía que ‘solamente’ era golpeada, o maltratada en su trabajo o casa. Cada vez que una charlaba con una compañera que atraviesa esa situación, se abrían una multiplicidad de problemáticas, como todavía ocurre. Nos dimos cuenta que necesitábamos encontrarnos con otras. En este 25 de noviembre y el Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) de Salta, se vio que empezó tomar carácter institucional las violencias, a ser nombradas, pero la internalización y la concientización no sé si se da tan acabadamente.

-¿Por qué en su nombre se menciona a las mujeres, en plural, y no a otras identidades disidentes?

-Cuando nos juntamos a decidir cómo avanzar, entendimos que había que visibilizar las violencias, poder decirlo y que lo digamos nosotras, que es importante. Que no sean las instituciones, que no sea el Estado sino las propias mujeres que las padecemos las que damos batalla. Sobre todo, creemos que hay que construir un espacio de resistencia.

-¿Se refieren a “mujeres” como construcción social, por fuera de los estereotipos patriarcales?

-Claro. Hay tantas mujeres como cada una pueda o quiera ser, no hay una única forma de serlo. Discutimos mucho el nombre para pensar qué queríamos transmitir. Nos definimos como antipatriarcales, anticapitalistas y anticoloniales, y consideramos que es bueno y necesario nombrarnos, aunque después acompañemos otras luchas. Por ejemplo, integra la Campaña el Colectivo de Varones Antipatriarcales. La idea es interpelar, saber que estamos atravesadas por distintas violencias y la simbólica es una muy fuerte. El 25 llevamos un taller a la escuela secundaria Domingo Faustino Sarmiento, de Capital Federal, y fue muy fuerte cómo en chicos y chicas de 16 años había tantas cosas naturalizadas, como que tu novio te puede tirar del pelo o doblar del brazo y todo parece un juego. Cuando hablábamos de celos y el uso del celular, decían que alguien que no te cela, no te quiere. O que el pibe mira el celular porque la chica lo deja. Entonces le decíamos: “¿Pero vos en algún momento te preguntabas si lo querías?”. También estamos en los barrios con las compañeras que atraviesan situaciones de violencia todo el tiempo, como la simbólica, la psicológica, la económica, la laboral.

-¿Qué rol ocupa en el seno de la Campaña el debate sobre la posesión del discurso en un contexto patriarcal?

-Es un tema de debate, que va desde preguntarnos si decimos patriarcado o machismo. Las palabras tienen definiciones complejas y la idea es llegar a la mayor cantidad de mujeres, que se puedan sentir identificadas. Tenemos primero el objetivo de nombrarnos, decir “las violencias son estas”, y después adaptar lo que se diga a cada caso. Lo fundamental es tener la información, aunque nos importa mucho el cómo porque el sistema impone contenidos visualmente y nosotras los aceptamos sin cuestionarlos. Sucede con las marcas de ropa, los cuerpos que vemos en televisión. Lo recibimos todo el tiempo, por eso ayuda preguntarse qué nos quiere decir. La Campaña tiene que ver con preguntarnos desde las grandes cosas hasta las más pequeñas, por qué todo viene desde afuera y nos inoculan la culpa.

Que tanto tiene que ver con la Iglesia Católica…

-La Iglesia y el Estado van de la mano. Eso no tiene que ser así, pero es fuerte. Es un desafío cambiarlo, que se tiene que empezar en la charla, en el mate, en el encuentro con otras.

Una lucha que la presencia eclesiástica, entre otros factores, impide conquistar es que el aborto sea legal, seguro y gratuito. Desde su colectivo, ¿qué postura sostienen?

-Estamos de acuerdo con decidir sobre nuestro cuerpo en todo momento. De hecho, cuando hay posibilidades de abortos no punibles y se maltrata a las mujeres, tratamos de acompañar porque son violencias que se ejercen en sus cuerpos, una violación de un derecho establecido. Creo que hubo un retroceso en este tiempo, donde lamentablemente muchos sectores confiaron en que el kirchnerismo iba a dar la discusión y no, por el momento no va a suceder.

¿Por qué cree que otras conquistas que se oponían al patriarcado, como la Ley de Género o de matrimonio igualitario, se alcanzaron y esta otra lucha no?

-A Título personal, considero que tiene que ver con que son pedidos históricos de la comunidad lgbti a las que el Estado respondió porque hay concesiones que debe hacer para restablecer un orden en la sociedad y mostrar que hay un cierto recambio, entre comillas. Sin embargo, el aborto tiene oposiciones muy fuertes de la derecha. Son importantes logros, porque muchas compañeras trans perdieron su vida buscándolas, pero aprobarlas fue para mostrar que se trata de un Estado conciliador con las luchas.

-¿Cómo evalúan la aplicación de otra herramienta del Estado, como la Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres?

-Enuncia un montón de conceptos pero no se aplican en la práctica. Creo que hay dinero asignado pero no se pone en práctica, no llega a todos los territorios. Por eso también la Campaña es nacional, para tratar de llegar a las compañeras que viven en el monte, en la Quiaca o en el medio de la nieve. Si pensamos que cada 35 horas una mujer es asesinada, hay que concientizar que nuestros derechos forman parte de los derechos humanos, que no remiten solamente a situaciones del pasado que es políticamente correcto rescatar para el Gobierno. Hay vidas en riesgo, y nadie avisa que a los 30 días hay que renovar la orden de exclusión del hogar porque si no el tipo puede volver a pegarte o meterse por la ventana y que nadie se entere. La ley no llega a todas esas mujeres que no son noticia. Creemos que tiene que haber más presupuesto y compañeras mujeres que estén comprometidas en los puestos estratégicos, para no revictimizar a las víctimas.

-¿Capacitar a los y las agentes del Estado y las fuerzas de seguridad puede alcanzar para cambiar la forma de trabajar?

-Hay que modificar el sistema. Las capacitaciones ayudan a tener más conocimiento pero las situaciones de violencia que sufren las mujeres que integran las fuerzas represivas son terribles. Nosotras tenemos una posición de clase respecto a ellas pero no podemos negar que sucede. Qué vamos a pedir, qué confianza puede tener una mujer al ir a hablar con una policía si es la misma que te reprime y de desaloja de tu casa en una toma, con todo el esfuerzo que te costó, cuando quizás estar ahí es también haber roto con una relación violenta, poder tener tu pedazo de tierra para estar tranquila con tus pibes. En tomas como la de Glew, en la Indomericano o la villa 21, muchas mujeres defendían esas viviendas que ganaron con dignidad.

-¿Por qué ocurre que desde algunos sectores de la opinión pública estigmatiza a esas mujeres y, sin embargo, sostiene que esas mujeres están allí para impedir una represión?

-Porque se sigue viendo a la mujer desde el lugar de débiles. En general cuesta pensar en qué estrategias usamos las mujeres para sobrevivir y para vivir en dignidad. Nosotras tenemos una consigna, que es que nuestros cuerpos no son territorios de conquista. Nuestros cuerpos son nuestros territorios. La sensación de indefensión que una tiene ante una situación de violencia es muy fuerte, pero cuando una puede dar el paso y alejarse de lo que nos hace mal es muy liberador.

Para contactarse en Facebook: Campaña contra las violencias hacia las mujeres