La ceremonia del rock en “el rico Luna Park”

Por Laura Cabrera

Ayer se estrenó la película del Indio Solari, una compilación de los temas tocados en el Estadio Ciudad de La Plata, durante el cierre de la gira Porco Rex, en 2008. En el Luna Park convivieron dos tiempos en un mismo espacio y con la misma emoción.

Luna Park. Primera función. Tres de la tarde. Dos tiempos conviviendo en un mismo espacio. En la pantalla grande corría el año 2008. En el Estadio Ciudad de La Plata, más de 90 mil personas esperaban el clásico “damas y caballeros…” entre aplausos y bengalas. 2015, Estadio Luna Park. El público de frente a la pantalla gigante revive el cierre de la gira del disco Porco Rex. Se emociona y observa. También aplauden, pero las luces ya no son de bengalas: provienen de las pantallas de los celulares.

A diferencia de lo que podría haberse esperado, el público no lo vivió como un recital, lo que no quiere decir que no haya sido una experiencia interesante. Por el contrario, los seguidores entendieron que lo que estaba adelante era una película, que era la oportunidad para ver todo aquello que no pudieron ver el día del show. Aquí el atractivo del largometraje documental: verlo desde cerca, los detalles de los momentos ya vividos.

La película del Indio y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado tiene las mejores imágenes del show en La Plata: 12 cámaras HD, un condor-cam y helicópteros sirvieron para captar momentos que de ninguna forma hubieran visto quienes estuvieron ese día. Las expresiones del Indio al cantar, el bailecito clásico, el estadio desde arriba, el pogo más grande del mundo desde arriba. Claramente un recital del Indio y todo lo que sucede alrededor es algo inigualable, pero esta nueva experiencia, la de la película, la de salir del trabajo antes para escuchar a la banda junto a cientos de fanáticos, generan las mismas ganas, el mismo entusiasmo, y eso fue lo que se vio.

Si bien el promedio de “vida” de un pogo por cada tema no superaba los cinco segundos, ya que la atención estaba puesta en el sonido y en la calidad de las imágenes y la selección de las mismas, este “recital virtual y sin tiempo” tuvo de esos momentos en donde ambos tiempos se juntaron, dejando a los espectadores en un espacio híbrido, aplaudiendo a la pantalla como si estuvieran aplaudiendo a alguien que toca en vivo.

“Masacre en el Pabellón séptimo” (primer momento destacado de la tarde) no sólo fue ovacionada, sino que también fueron aplaudidas las palabras de Solari, quien en ese entonces ya denunciaba las irregularidades del sistema carcelario. Llegaron momentos más felices y también destacados, los de pogo y alegría. “Mariposa Pontiac” y “Ñam fi frufi fali fru” lograron entre el público aplausos y saltos, lograron que nuevamente el público quede en el umbral que separaba 2008 de 2015.

Finalmente todos cruzaron el umbral, todos estuvieron en 2008. ¿Cómo? Con los primeros acordes de “Jijiji”. El campo del Luna Park comenzó a verse, ya no se veían cabezas. El círculo comenzaba a formarse, las palmas comenzaron a escucharse, luego el coreo. Y por fin el estribillo. “El pogo más grande del mundo” se hacía presente. Y es el más grande porque no se achica, revive en cualquier sitio en donde haya un puñado de seguidores. Pero es enorme, es himno, es un gigante invisible imposible de parar, porque “nada ni nadie” los puede parar cuando suena “Jijiji”.

Pero todo llegó a su fin. El Indio, el que un mal día anunció una “enfermedad malvada”, el que confirmó que no habría shows hasta el año que viene, el que aseguró que daría un último concierto, ese mismo que también aseguró que donde haya dolor habría canciones, ese Indio no estuvo, pero eso era algo que el público ya sabía, que no le interesaba porque al fin y al cabo lo importante es lo que dejó Solari a lo largo de estos años: la excusa para el encuentro, el recuerdo de Los Redondos, la buena música de Los Fundamentalistas.

Lo que no sabía el público era que a pesar de las distancias en cantidad de años y además la física, la ceremonia del Luna Park los acercaría a los gestos de ese hombre, a la complicidad con sus músicos sobre el escenario, al momento de la salida ante ese público enorme, al detrás de escena con familia incluida.  Y ahora queda esperar a 2016, al momento en que la fiesta vuelva a las rutas.

La película se podrá ver en Buenos Aires  hoy, en funciones que ya están agotadas y en una última fecha el 1 de septiembre.