La ciencia argentina durante la pandemia: un sector fundamental en crisis

A fines de este mes, alrededor de 1500 investigadorxs del CONICET y otros organismos de Ciencia y Tecnología se quedarían sin trabajo, en caso de mantenerse la decisión del directorio del organismo. La expresión final de un sistema de investigación basado en la precarización laboral.

Por Pedro Cataldi* | Fotos de Jóvenes Científicxs Precarizadxs Bs. As.

Sin derechos laborales elementales y con salarios arañando la línea de pobreza, se profundiza el ajuste en el sector científico, donde también trabajadorxs administrativxs e investigadorxs han comenzado a organizarse e impulsar medidas frente a la crisis sanitaria y económica.

La nueva etapa de la pandemia y la función social de la ciencia

El próximo 2 de agosto la Argentina entrará en una fase de apertura que dará por terminada la cuarentena y el ASPO, decretado en marzo pasado. Tras 135 días de distanciamiento social, y con una tasa promedio que no baja de 6000 contagios por día, el gobierno nacional y las administraciones provinciales realizan un giro de 180 grados respecto a la postura anterior de “quedate en casa”. Es esperable que la vuelta al trabajo de manera masiva, el uso del transporte público y el aumento de la circulación conllevarán nuevos contingentes de enfermos y enfermas y un aumento de las muertes en suelo argentino, en vistas de un virus del cual conocemos poco pero cuyas consecuencias se replican en el mundo entero. Durante estos meses, algo quedó claro: la apertura indiscriminada sin un tratamiento eficiente o vacuna implica un aumento de los casos de contagio y las muertes. 

En este contexto, la ciencia pasó a tener un rol primordial, al permitir predecir las consecuencias de nuestras acciones y evaluar los efectos del virus en los ámbitos laborales y los hogares. Asimismo, gran parte del esfuerzo actual de cientificxs y personal de salud está centrado en descubrir una futura vacuna y lograr un mejor tratamiento. Resulta entendible, entonces, que, en el medio de una crisis humanitaria y sanitaria excepcional, el discurso científico haya calado hondo en los medios, la opinión pública y los gobiernos de todo el mundo.

¿Gobierno de científicxs?

Así se autodenominó desde el primer día el gobierno encabezado por Alberto Fernández. En efecto, al menos una veintena de investigadores e investigadoras del CONICET integran el gabinete, con cargos de primera línea: Sabrina Frederic (Seguridad), Martín Guzmán (Economía), Ana Castellani (Gestión y Empleo público), Roberto Salvarezza (Ciencia y Tecnología) y un largo etcétera. Era lógico suponer que la alta integración de personal científico al gobierno conllevaría un aumento presupuestario y ciertos derechos laborales, luego de la desastrosa gestión del ex ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Baraño, designado por Cristina Fernández y ratificado luego por Mauricio Macri.

Ahora bien, ¿cuántas de todas las promesas de campaña finalmente se concretaron? ¿Existió algún correlato entre la infinidad de veces que se mencionó a la ciencia y la tecnología en las cadenas nacionales y el presupuesto que se les asigna? Ahora que pareciera ponderarse su lugar en la sociedad, ¿han mejorado las condiciones laborales para lxs cientificxs?

Empecemos por lo presupuestario. El presupuesto en CyT se ha congelado desde el 2019 (dicho sea de paso, todo el presupuesto nacional). Es decir, los montos asignados para institutos y proyectos científicos, así como para reactivos e instrumental para desarrollar las líneas de investigación están congelados, como parte del magro presupuesto votado por el gobierno macrista para ciencia, a fines de 2018. Con la aparición del coronavirus, este escenario no se ha modificado. Si bien se han aprobado algunas partidas muy módicas para instrumental relativo al Covid-19, el presupuesto de ajuste general de CyT sigue intacto, con menos del 0.5% del PBI ejecutado, uno de los más bajos de la región. La actual presidenta del CONICET, Ana Franchi, aseguró en una reunión reciente que “nos olvidemos” de un presupuesto 2020.

Sin embargo, el presupuesto es solo uno de los tantos problemas que tiene el organismo y que la cuarentena ha agravado. En este sentido, lxs jóvenes (y no tan jóvenes) que empezamos nuestra actividad en el CONICET (o algunos de los organismos de CyT del país) no contamos con derechos laborales básicos durante nuestros primeros ocho años: no tenemos aguinaldo, aportes jubilatorios ni tampoco licencias o dispensas por cuidado de familiares o menores, por solo mencionar las problemáticas más acuciantes. De hecho, numerosos informes dan muestra de cómo la pandemia ha profundizado la brecha de desigualdades de género en ciencia.

En una visión panorámica, se podría afirmar que el conjunto de la planta de trabajadores de CyT cuenta actualmente con salarios de miseria, por debajo de la canasta familiar de pobreza; sin recomposición en los últimos dos años, en el caso de investigadorxs; y sin un convenio colectivo de trabajo para lxs becarixs doctorales. Por otro lado, la pandemia agravó el hecho de que no podamos extender nuestra obra social al grupo familiar, así como también volvió a exponer la falta de cobertura en varias regiones del país.

Como corolario de esta política, el pasado 14 de julio, la presidenta del CONICET (el mayor organismo de CyT del país), Ana Franchi, ratificó en la última reunión con representantes gremiales la decisión de expulsar a 1463 científicos y científicas, situación que se replicará en otros organismos y universidades (Agencia, CIC, UBA, UNLP, por nombrar algunas), lo que implica que más de 1500 trabajadorxs científicxs imprescindibles se verán privadxs de manera permanente de sus ingresos en el marco de la pandemia del Covid-19. Vale aclarar que, en este contexto, la reinserción laboral en el ámbito científico y educativo, con la clausura de concursos docentes, es imposible.

En síntesis, trabajadores y trabajadoras empleadas bajo la forma de becas de maestría, doctorales y postdoctorales, luego de entre tres y ocho años de trabajo y formación dentro del sistema científico nacional, serán expulsadxs del sistema en virtud de la precariedad que moldea el régimen de nuestro trabajo, habiendo culminado con exigentes y rigurosos estudios de posgrado y contribuido al conocimiento científico en diversas áreas y disciplinas.

La pandemia dispara la organización

¿Quién sale beneficiado de este régimen de hiperflexibilidad? En primer lugar, el Estado; menos plata para Ciencia (o Salud, Educación, etc.) implica más recursos para pagar la deuda. Quienes se cansaron los últimos cuatro años de hacer comparaciones entre las corridas bancarias y el presupuesto en CyT, ahora que ostentan un cargo en el Estado se han olvidado de las comparaciones cada vez que le mejoran la oferta a los acreedores. Otro gran beneficiario es el sector privado que, convenios con el Estado mediante, accede a mano de obra hiper calificada y a precio de remate. Monsanto, Cargill, Blackberry, Pan American Energy y Total son ejemplos de convenios leoninos que se han firmado en el pasado. Por otra parte, quienes deberían defendernos de estos atropellos, como los sindicatos UPCN y ATE, han sido cómplices del congelamiento de las paritarias, no han llamado a un plenario nacional y mantienen una absoluta dependencia con las políticas del Ministerio de Trabajo.

La respuesta de sus trabajadorxs ha sido impecable en estos meses. Se ha multiplicado la coordinación a nivel nacional, con la conformación de la Asamblea Nacional de Becaries (ANB). Con los reflejos intactos, hemos sido lxs trabajadorxs los que hemos llevado las tareas urgente que ni el CONICET ni ningún otro organismo de CyT hizo: relevamiento de cientificxs varadxs en el exterior, de los déficits de la obra social, de quienes el CONICET les dio las baja de sus sueldos, becarias sin licencias por embarazo, problemáticas y faltas de derecho con el trabajo virtual, entre otras vulneraciones. La nueva ANB ya tiene un importante desafío por delante: frenar más de 1500 despidos y reforzar una organización en tiempos de crisis.

De todo este contexto se desprenden medidas votadas por jóvenes científicxs del todo el país. Este viernes 24 a las 18 horas organizaremos un festival virtual llamado “Ni Un Cientificx En La Calle”, con la presencia de Mikel (Kapanga) y El Cabra (Las Manos de Filippi), entre otra gran cantidad de artistas y bandas de tango, folklore y jazz.  Lxs artistas solidarixs a esta lucha presentaran sus temas junto con videos de lxs afectadxs por el CONICET, además de divulgar y concientizar sobre el rol de la ciencia en nuestro país. Además, el lunes 27 nos movilizaremos al Polo Científico (con todas las medidas de higiene y prevención necesarias), acompañadxs por un paro virtual nacional. Exigimos, además, que se extiendan todas las becas por un año, así como los plazos de las convocatorias para nuevxs becarixs, sin que se recorte el número previsto para 2021.

El viernes 31 es la fecha límite para frenar los despidos. ¿Podrán hacerlo las patronales? No lo sabemos todavía. Una organización nacional de científicxs se ha puesto en pie.

Lxs cienctificxs no hacemos futurología, pero nos valemos de las experiencias pasadas para elaborar nuestro accionar. Vamos bien encaminados y encaminadas.

*Delegado de Jóvenes Científicxs Precarizadxs Bs. As.