La Córdoba Z

Por Cezary Novek. La periodista Juliana Rodríguez acaba de lanzar Súper Freak, libro que retrata el lado B de una Córdoba excéntrica y pintoresca.

 

 

Nos encontramos en un bar céntrico, cerveza de por medio. En persona, Juliana Rodríguez es igual de dulce y agradable que cuando narra por escrito las diferentes historias que componen Súper Freak. Incursiones por el Lado B de Córdoba. “La idea vino del editor (Alejo Carbonell), que gustaba de mis crónicas para La Voz y me propuso hacer un libro. Yo le dije ‘pará, déjame que me ponga con tiempo y lo hacemos de cero, porque no me gusta eso de refritar cosas hechas y publicadas en su momento’. Así que volví a visitar uno por uno algunos de los grupos que había entrevistado antes”, detalló la periodista.

Fuimos y volvimos muchas veces por las ramas pero todo sirvió para enriquecer la charla, ya que empezamos a poner sobre la mesa un sinfín de anécdotas y datos sobre todas las movidas que hubieron en la ciudad desde fines de los ’90 hasta la fecha. Coincidimos en que Internet y las redes sociales acabaron con la soledad de los nerds y freakis, y que ahora se los puede ver mancomunados en grandes grupos, con pareja o pandilla de amigos, por ejemplo. Muchas movidas se convirtieron en modas que arrastran un buen número de adeptos a cada evento. Ejemplo de ello es la Zombie Walk, el Comic con, las Ferias Medievales.

Las historias sobre cómo los diferentes polos de movida nocturna fueron desplazándose (o muriendo, algunos) o mutando durante la última década nos devolvió al punto de partida: el libro. “Antes, los bares especializados nucleaban a cada tribu según la música y la estética que tenían los locales; ahora son los grupos los que organizan sus propias movidas y las redes sociales son una herramienta clave para esto”, comentó la periodista en relación a aquello de lo que habla en su obra .

Me habló de las dificultades de construir una mirada que no fuera complaciente ni indulgente, sin apologías ni burlas. El resultado es un equilibrio muy bien logrado entre empatía y extrañamiento, que se permite el humor y la fantasía en situaciones que amenazan con desdibujar el límite de la realidad.

Muy adecuadas son las palabras que escribió en la contratapa el antropólogo social Gustavo Blázquez, cuya presencia se justifica por sus estudios sobre el cuarteto y la música electrónica: “Escritas con belleza y felicidad (…) las crónicas que nos brinda la autora construyen otra experiencia urbana. Existen otros modos de estar en la urbe. Otra relación en y con la ciudad es posible”

El lado B, el lado Z

El libro tiene una edición muy cuidada, en un formato muy agradable de leer, tanto por la tipografía como por el diseño y el tamaño. Fue coeditada entre las editoriales Caballo Negro y Recovecos, que timonean Alejo Carbonell y Carlos Ferreyra, quienes vienen colaborando esporádicamente con diferentes títulos conjuntos como las antologías Dora Narra (2010), Los visitantes (2011) y Nada que ver (2012).

Son nueve crónicas en las que Juliana Rodríguez le puso cuerpo a cada historia, participando en algunas actividades como observadora, público o mezclándose entre los fans de los comics, cine clase B o zombies. Abre con una crónica sobre cómo se infiltró entre los patinadores de rollers, llegando a tomar unas clases informales con ellos en un parque. Sigue un encuentro con Cosplayers, artistas de la caracterización de personajes de la cultura pop, el cine y el cómic en distintos eventos. Asiste al entrenamiento en combate medieval de Córdoba Medieval, la entidad que organiza las Ferias que tanta difusión han tenido en los últimos dos años.

Pero no termmina ahí: entrevista a la capitana de un equipo de roller derby que aún no encuentra rivales en la ciudad, ya que son el único equipo completo. Relata lo que fue el 75º cumpleaños de Batman en el subsuelo de la galería Cinerama, con exposición de muñecos, cómics, conferencias y cosplayers incluidos. Se da cita con otakus y lolitas, que le abren las puertas a mundos artificiales en los que la imagen y los modales construyen un lenguaje en sí mismo. Se maquilla de zombi y marcha junto a una legión de no-muertos en la última Zombie Walk. Y cierra el libro con una investigación sobre Ñoñópolis, una especie de Club de los Magios que funciona a través de un grupo secreto de Facebook y del que nada se sabe, excepto que no aceptan mujeres.

Si el libro es interesante, más interesante aún son las consecuencias del libro. Es decir, la repercusión que tuvo ante los diferentes grupos retratados. “No sabía si iban a sacarse una foto conmigo o a cagarme a trompadas”, dijo Juliana varias veces y entre risas. Algunos no se sintieron cómodos bajo el rótulo de “freak”, ya que se toman muy en serio y con mucho profesionalismo lo que hacen. Otros construyeron una trama de intriga y espionaje alrededor del topo que fue entrevistado a propósito de Ñoñópolis. Es una obra que puede sentarse tranquilamente en la mesa de café a dialogar con Error humano, de Chuck Palahniuk y Yo fui un porno star, de Emilio Fernández Cicco, aunque no tenga las pretensiones del primero ni la malicia del segundo. 

“No creo que a Buenos Aires pueda sorprenderle el libro, ya que allá tienen todo este tipo de movidas desde hace mucho tiempo”, comentó Alejo Carbonell, “pero sí es importante porque deja registro de una época”, finalizó. Difícil no estar de acuerdo. Súper Freak es un libro pionero en cartografiar estas movidas en Córdoba. Tal vez sea la punta de lanza para más libros sobre el tema. O tal vez sea el tomo uno de más entregas. Juliana no sabe si sacará una continuación, ya que no le gustaría redundar, aunque reconoce que la respuesta al libro fue muy gratificante, divertida y que multiplica el material para seguirla.

Entre tanta charla, ya era la hora de la cena. Se tenía que ir. La acompañé un par de cuadras hasta la playa de estacionamiento mientras conversamos un rato más sobre personajes bizarros de la ciudad, de esos que ni siquiera se podrían clasificar dentro de un grupo, por pequeño que sea. Dijo que no escribe ficción, excepto un par de cosas sueltas que publicó con seudónimo hace mucho. Le pregunté si los diez años de trayectoria periodística le condicionaban para escribir ficción, ya que otra colega me había comentado que le pasaba algo así. “No, no creo que te condicione, pero sí te moldea de otra forma. No estoy interesada en escribir ficción por el momento. Ni siquiera planeaba sacar un libro. Súper Freak se dio naturalmente y está bueno que haya sido así”.