La historia que no se rinde

Por Diego Aranda / Foto por Los Ojos de Anita

El 12 de octubre es quizás el acontecimiento del colonialismo en América Latina fetichizado por excelencia. Pero hasta hoy existen las mismas prácticas de negación, colonización e imposición. Del absurdo “Día de la Raza” al maquillaje subliminal del “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”.

Y a pesar de este nuevo mote, las problemáticas indígenas continúan profundizándose poniendo al descubierto el avasallamiento e invisibilización que sufren los Pueblos Originarios.

Los Pueblos Indígenas tienen Argentina una larga historia de genocidio, saqueo y negación. La mal llamada “Campaña del Desierto” tuvo como objetivo el exterminio y despojo de los habitantes de esas tierras. Sin embargo llega hasta hoy con la actual exclusión desde los mismos territorios, producto de un nefasto modelo extractivo. Los dueños ancestrales de esa tierra hoy también son víctimas de desnutrición, enfermedades, marginación y pobreza extrema.

Resultado de la continuidad de las prácticas coloniales históricas, que siguen valorando a la cultura originaria desde una postura eurocéntrica, la sociedad argentina continúa posicionándose desde un “nosotros europeo” que visibiliza a las culturas originarias como extrañas, por fuera de nuestra propia identidad.

En el mejor de los casos, lo que se valoriza de los originarios son algunas prácticas medicinales, el consumo de objetos autóctonos (artesanías) y actividades turísticas. Al mismo tiempo, se agravan los conflictos en torno al territorio, el acceso al agua, la salud, la educación y el cumplimiento de los derechos indígenas.

Cinco siglos igual

Amnistía Internacional estima que son más de doscientos los conflictos significativos en torno a las comunidades indígenas en Argentina.

La devolución del territorio ancestral y comunitario reúne los mayores reclamos: la comunidad India Quilmes en Tucumán, la comunidad Diaguita de Chuchagasta en Tucumán, La comunidad Pilagá “El Descanso” en Formosa, la comunidad Potae Napocna Navogoh (La Primavera) en Formosa, la comunidad Mapuche Lof Campo Maripe en Neuquén, la comunidad Winkul Newen del pueblo mapuche en Neuquén. Entre tantas otras, son las que configuran el mapa de la disputa actual.

A su vez, numerosos dirigentes fueron criminalizados como Relmu Ñamku de la comunidad Winkul Newen y Félix Díaz, qarashé de la Comunidad Potae Napocna Navogoh, los hermanos golpeados y asesinados como Javier Chocobar (Diaguita), Cristina Linkopán (Mapuche), Roberto López (Qom), Mario López (Pilagá), Mártires López (Qom), Miguel Galván (Lule-Vilela), Florentín Díaz (Qom), Esteban Medina (Qom), Juan Daniel Díaz Asijak (Qom), Sergio Condorí (Quilmes). Ninguna de las muertes fue esclarecida así como tampoco hubo justicia ni se detuvo a los responsable de estos hechos.

Entre los actores responsables de la persecución, represión y de las innumerables violaciones que los Pueblos Originarios vienen padeciendo en nuestro  territorio, aparecen los gobiernos nacionales, provinciales y municipales, las transnacionales que representan a la matriz extractivista como Chevron, Pionner, Apache, o la local YPF. La lista integra además a las universidades nacionales y provinciales, empresarios sojeros, del turismo e inmobiliarios, los lobbistas mineros, así como funcionarios judiciales y las fuerzas de seguridad.

A pesar de las innumerables legislaciones internacionales, regionales y nacionales que amparan los derechos de los Pueblos Originarios, ninguna es cumplida ni respetada.

Ocho meses esperando soluciones

Como paradoja del 12 de octubre, el acampe Qopiwini que cumple ocho meses de lucha y resistencia ininterrumpida en el centro de la Ciudad de Buenos Aires, es espejismo de respeto y diversidad cultural. Ante este grito de lucha, la respuesta oficial fue el silencio y la invisibilización histórica, una vez más.

Félix Díaz, autoridad de la comunidad Qom Potae Napocna Navogoh, relata dolorosamente la recurrente falta de respuestas “es preocupante la indiferencia que hace el Gobierno Nacional hacia nosotros pero somos conscientes que esto no es nuevo, siempre ha sido así la historia de los Pueblos Indígenas. Por eso es que estamos sosteniendo esta lucha, para demostrar que lo que queremos es justicia y no que se manipule el reclamo indígena”. Esa lucha significa reafirmar “los derechos que tenemos, porque la Constitución establece las garantías de los Pueblos Indígenas, que el Poder Ejecutivo y Legislativo deben hacer cumplir”

A más de quinientos años del inicio del saqueo en América Latina y a quince días de las elecciones presidenciales en Argentina, los Pueblos Originarios son víctimas del mismo despojo y de la misma negación.  Sin embargo, continúan de pie, alzando la voz firme y actual de un reclamo histórico.