La imputación a Cristina: antes y después del #18F

La imputación a Cristina: antes y después del #18F

Por Federico Orchani. La muerte del fiscal Alberto Nisman desató una crisis política de la que desconocemos sus dimensiones. Con la imputación a la Presidenta por encubrimiento y el #18F en el horizonte, la oposición más reaccionaria parece haber encontrado cómo lastimar seriamente al gobierno. Los desafíos de la izquierda y los movimientos populares.

Pocas horas atrás, el fiscal federal, Gerardo Pollicita, presentó ante el juzgado federal N°3 –a cargo del juez Daniel Rafecas- un escrito que exige reabrir la investigación a la presidenta Cristina Fernández y al canciller, Héctor Timerman, por el supuesto encubrimiento de la investigación del atentado a la AMIA.

Inmediatamente, el secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, le advirtió tanto al fiscal como a la opinión pública en general, que imputar a la presidenta sería “una clara maniobra de desestabilización democrática”.

En su requerimiento, Pollicita también imputó al diputado Nacional por el Frente para la Victoria, Andrés Larroque; al dirigente Luis D´Elía; al militante y referente de Quebracho, Fernando Esteche, entre otros. Dicha presentación tiene como objetivo, reabrir la acusatoria que había presentado el fallecido fiscal, Alberto Nisman, por encubrimiento de los funcionarios a Irán por el atentado a la AMIA.

Si buscamos un antecedente de puja entre sectores de poder habría que remontarse al período 2008-2009 en el que el llamado conflicto entre el “campo y el gobierno” desató la reacción de las patronales agrarias contra el proyecto presentado por el Poder Ejecutivo Nacional para aumentar las retenciones a la soja y otros comodities. Las patronales del campo lograron hacer una causa nacional de su resistencia a que se discuta la renta agraria sumando a todo el arco opositor, reacción que también incluyó la participación lamentable de sectores de la izquierda y el progresismo. Es válido mencionar que durante aquella situación tan compleja los movimientos populares y de izquierda lograron no quedar ligados a ningún interés ajeno porque supieron encontrar la forma de llevar adelante un planteo independiente con el fin de debatir el conjunto del problema, es decir, cómo se distribuye la riqueza en la Argentina además de la renta agraria y el carácter sumamente regresivo del sistema tributario, incluso con propuestas de implementación de políticas públicas. Más tarde el kirchnerismo perdería las elecciones legislativas de 2009 ante el derechista De Narváez en lo que parecía el fin del kirchnerismo, pero no lo fue: dos años después Cristina Fernández de Kirchner era electa Presidenta de la Nación con el 54 por ciento de los votos.

Para ser un año electoral el 2015 arrancó muy temprano. La muerte del fiscal Alberto Nisman sin dudas ha precipitado la agenda y si el kirchnerismo tenía planificado hacer su campaña de cara a las presidenciales de octubre, ese escenario ya no existe. Ya nadie parece preocupado por el control o no de los precios cuidados o si se le paga a los fondos buitres. El tema excluyente es la muerte de Nisman y da la sensación de que por más anuncio que haga el gobierno en cadena nacional flota siempre la sospecha (magnificada por los medios hegemónicos de comunicación) de que el Gobierno tiene algún grado de responsabilidad en la muerte del fiscal.

Beneficiados y perjudicados

La oposición conservadora no dudó en ponerse adelante del pedido de justicia por la muerte de Alberto Nisman como una forma de recuperar el terreno y la iniciativa perdidas. Elisa Carrió parece ser quien mejor entiende el juego del todo por el todo y se entrega apacible a los designios de la Embassy en la Argentina y, sin dejar pasar la oportunidad, hizo el anuncio hace unos días con Mauricio Macri, de que competirán juntos en una interna de cara a las presidenciales de octubre. Con tanta velocidad para los anuncios no pareció importarles mucho que haya un muerto ni una investigación y un pedido de justicia en nombre de la memoria de las víctimas del atentado a la AMIA.

¿La muerte de Nisman perjudica al Gobierno? Sí y sobre todo a sectores progresistas dentro del kirchnerismo que pierden terreno ante el PJ puro y duro. En algunas encuestas Mauricio Macri no sólo aventaja a Sergio Massa sino que además empareja la leve diferencia que lo separa de Scioli, hoy el candidato más fuerte que puede mostrar Cristina a sucederla en el ejecutivo. Es interesante detenerse en este punto: a los grupos concentrados de poder y el gran capital no les interesa un Scioli condicionado políticamente por un sector importante del kirchnerismo duro o quizás por eso se explica el crecimiento de figuras como Macri o Carrió. El resto de las fuerzas de UNEN hacen un papel lamentable y, seguramente, se vean traccionadas por alguna de las opciones de poder en un proceso de ruptura.

Una marcha reaccionaria

La denominada “marcha de los fiscales”o “marcha del silencio” convocada para el 18 de febrero, cuyo principal órgano de prensa es el grupo Clarín, es una convocatoria reaccionaria, así y sin vueltas. Algunos de los convocantes están señalados directa o indirectamente por entorpecer la causa AMIA como Germán Moldes y Raúl Pleé, denunciados incluso por el mismo Nisman, a quien, paradójica o grotescamente, piensan rendir homenaje. El juez Ricardo Recondo fue socio de la familia del ex secretario de Inteligencia, Alfredo Anzorreguy, quien se encuentra imputado en el marco de la causa por encubrimiento al atentado a la AMIA. El fiscal Guillermo Marijuan es amigo del abogado de Hugo Tognoli, el ex jefe de policía de Santa Fe, preso por narcotráfico. Ninguno de estos personajes y antecedentes parece incomodar a Macri, Massa, Carrio, Binner y compañía, que compartirán la movilización con Cecilia Pando o con tipos siniestros como Tata Yofre, jefe de la SIDE menemista que pidió en el programa de Mariano Grondona que se marche también por los militares presos en Marcos Paz.

El hecho objetivo es que la movilización seguramente será masiva y exprese a un sector de la sociedad el descontento con el gobierno pero que levanta a su vez una serie de consignas profundamente reaccionarias, anti democráticas y autoritarias bajo el velo de un discurso republicano conservador.

El hecho de que el gobierno, a través de exponentes como Aníbal Fernández, uno de los responsables políticos de la Masacre de Avellaneda y de Jorge Capitanich, uno de los responsables de la grave situación que vive el pueblo chaqueño, descalifique la marcha con los argumentos esgrimidos unas líneas antes en esta nota, es una paradoja. La línea Nisman/ Stiusso sostenida para la investigación AMIA hasta hace pocos meses atrás, el perpetuar a un militar acusado por desapariciones al mando del Ejército y darle mayor poder a este organismo de inteligencia paralelo son sólo algunos de los elementos que muestran que esta aparente polarización es falsa.

Las reacciones y tareas de la izquierda

Diferentes movimientos populares y organizaciones de izquierda se pronunciaron por no marchar el #18F ante el carácter reaccionario de la movilización. Lo que debe preocupar es que quienes encabezan el descontento con el gobierno sean los sectores anti populares que ya fueron gobierno en su momento y que, en definitiva, representan las peores épocas de neoliberalismo vividas por el pueblo trabajador.

No pretendemos con estas líneas hacer una defensa del gobierno que mucho antes de la muerte de Nisman ya se recostaba en Scioli, Berni y el denunciado por crímenes durante la última dictadura, el Jefe del Ejército Cesar Milani. Sólo señalamos los peligros de que la crisis política y de representación en la Argentina sea capitalizada fundamentalmente por sectores derechistas. En 2009 Francisco De Narváez ganó las elecciones legislativas bonaerenses con un caudal importante proveniente de sectores populares y trabajadores nada más y nada menos que frente a Néstor Kirchner.

Sera necesario retomar la iniciativa con el fin de ganar las calles mediante la movilización popular. En un año atravesado por las elecciones, donde las opciones de poder marcan la salida conservadora que ya está en proceso, es imperioso construir una voz distinta independiente a la derecha conservadora y al gobierno. El FIT, con un reconocido desempeño en las últimas elecciones, podría impulsar esa voz que trascienda la polarización y permita parar al pueblo trabajador en mejores opciones. Lo cierto es que, aun faltando mucho, el 2015 muestra un futuro cada vez menos promisorio.