La influencia diplomática de Irán llegó a Egipto

La influencia diplomática de Irán llegó a Egipto

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad (izquierda) es recibido por su par egipcio Mohamed Mursi (derecha) en El Cairo

Por L. A.* El presidente de Irán visitó Egipto luego de más de tres décadas sin relaciones diplomáticas entre los países. Una jugada que busca ganar un nuevo aliado en la región y seguir fortaleciendo la presencia iraní en Medio Oriente.

Egipto: en la mira diplomática de Irán

Después de 34 años sin relaciones diplomáticas, Irán y Egipto iniciaron un camino de reencuentro con el arribo a El Cairo del presidente persa, Mahmud Ahmadinejad. Al mismo tiempo, en esa ciudad se desarrolló la XII Cumbre de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI), que tuvo como temas centrales el conflicto interno en Siria, la expansión de Israel sobre Palestina y la invasión francesa a Mali.

Como viene demostrando desde hace varios años, la República Islámica ha dado un paso más para consolidar su influencia en Medio Oriente y los países musulmanes. El caso más reciente es la regularización de relaciones con Irak, país que todavía funciona como satélite estadounidense tras la invasión militar de 2003. Con este panorama en territorio iraquí, y con el recuerdo latente de la guerra que mantuvieron las dos naciones en la década de 1980, Irán comenzó un acercamiento lento pero firme que le permite en la actualidad tener a Irak como un aliado, con el cual ha firmado diversos acuerdos que alcanzan la cooperación en defensa.

Relaciones y consecuencias

Durante el régimen de Hosni Mubarak, Egipto funcionó como un contenedor de la influencia iraní, además de ser el principal aliado de Estados Unidos e Israel. Con la Revolución Islámica en 1979, el régimen egipcio le otorgó asilo al Sha Mohammad Reza Pahlavi, al punto que luego de su muerte fue despedido con funerales de Estado. Ese año, el presidente egipcio Anwar Al Sadat firmó un acuerdo de “paz” con Israel, con el cual se enterró la idea del panarabismo impulsada por Gamal Abdel Nasser. En la década de 1980, Egipto apoyó a Irak en la guerra contra Irán, conflagración bélica desatada por Estados Unidos para derribar a la naciente Revolución Islámica.

Ahora Ahmadinejad arribó a Egipto para jugar una nueva pulseada que tiene de un lado a la República Islámica, y del otro a Israel y Estados Unidos.

Tras el encuentro de ambos jefes de Estado, el presidente egipcio Mohamed Mursi, afirmó que existe la necesidad de una amplia cooperación entre Teherán y El Cairo. Por su parte, Ahmadinejad aseguró que la República Islámica tiene total disposición en incrementar las relaciones bilaterales “en todos los sectores sin restricciones”.

En declaraciones a la televisión egipcia Al Nil, el presidente iraní remarcó que, frente a las críticas esgrimidas por Washington ante estas nuevas relaciones, con este acercamiento “conseguiremos cambiar todas las ecuaciones regionales. Estados Unidos pretende influir en estas ecuaciones y nosotros tenemos que evitarlo mediante la colaboración mutua y bilateral”.

Sin dudas, este encuentro de Irán y Egipto preocupa a la Casa Blanca e Israel. Hasta ahora, los dos países se mantuvieron distantes de la situación egipcia, donde las protestas contra la administración de Mursi aumentan, pero también el gobierno es criticado por Washington. En medio de este panorama, la aparición de Irán se puede leer de diversas maneras. Por un lado, la normalización de relaciones le permite a Teherán tener un nuevo aliado ante la crisis en Medio Oriente, la situación en Siria y las cada vez más acaloradas amenazas de invasión por parte de Israel. A su vez, el gobierno egipcio, que hace equilibrio entre las manifestaciones en su contra y una fuerte crisis económica, podría contar con un país fuerte en lo económico, que ha dado muestras de su disposición de ayudar a las naciones islámicas. Por otro lado, Estados Unidos e Israel ven con preocupación que Egipto, una potencia militar armada por Washington, cambie su posición de alianza plena, como era durante la dictadura de Hosni Mubarak.

Luego de la estancia de Ahmadinejad en El Cairo habrá que observar cómo se siguen desarrollando estas relaciones. Un punto para tener en cuenta es que Mursi es un ex miembro de la Hermandad Musulmana (HM) –que hoy mantiene una gran influencia en el poder egipcio-. Esta organización, que muchos apuntan como un apéndice de la inteligencia estadounidense, ha manifestado su rechazo al gobierno sirio. Pero al mismo tiempo, en Palestina, el Movimiento de Resistencia Islámica Hamas -que gobierna la Franja de Gaza- mantiene estrechos vínculos con la HM, aunque es sabido que Irán colabora con Hamas, como se conoció en la última invasión israelí contra la franja costera, cuando el mando militar persa anunció el envío de armas para que los palestinos defiendan su territorio.

La agenda persa

La agenda de Ahmadinejad en Egipto se desplegó en diferentes niveles. Entre las reuniones que mantuvo, una de las más importantes se desarrolló junto a Mursi, y el mandatario turco, Abdullah Gul. El tema del encuentro fue la situación en Siria, en la cual los tres Jefes de Estado coincidieron en crear “mecanismos claros” para terminar con la crisis.

Irán, Egipto, Turquía y Arabia Saudita, conformaron hace más de un año un grupo de contacto, impulsado por Teherán, para intentar una solución en el conflicto sirio. A su vez, este bloque se contrapone al denominado grupo Amigos de Siria, dirigido por Estados Unidos y las potencias europeas, entidad que busca abiertamente derrocar al presidente sirio, Bashar Al Assad.

Con el bloque impulsado con Irán también pone bajo presión a Turquía y Arabia Saudita, ambas naciones denunciadas por financiar a los grupos mercenarios que operan en suelo sirio.

Tras la reunión en El Cairo, el portavoz presidencial egipcio, Yasser Alí, declaró que el conflicto en Siria se hace necesario y lamentó las enormes pérdidas materiales causadas por el conflicto que lleva casi dos años y le ha costado la vida a más de 60 mil personas, según cifras de Naciones Unidas.

Ahmadinejad además mantuvo conversaciones con el titular de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, para abordar temas como la situación en los territorios ocupados, en momentos en que el gobierno de Tel Aviv recrudeció su política de expansión.

En la reunión, Ahmadinejad reiteró su apoyo pleno a la causa palestina y denunció a Israel por utilizar la fuerza y cometer permanente violaciones a los derechos de los pobladores palestinos.

En una entrevista al diario egipcio Al Ahram, el mandatario persa declaró que “Palestina es una cuestión totalmente humanitaria, y los palestinos tienen que disfrutar de sus derechos humanos lo antes posible”. 

 

* Leandro Albani, de la redacción de Marcha