La libertad como capricho: Jurassic Park, Susana Giménez y el Populismo

A partir de la marcha realizada el lunes en Argentina, una reflexión sobre la libertad, qué significa y quienes la defienden.

Por Ramiro Garzaniti

El significante “libertad” ha sido una de las grandes banderas de la derecha internacional contemporánea, contraponiéndola al estado de bienestar, al socialismo y al anarquismo… en fin, a todo lo que desde la derecha se considera izquierda. Esto se recrudeció en el Siglo XX.  Básicamente, la idea es la siguiente: el capitalismo liberal defiende la libertad, mientras que en otros regímenes se pierde en favor de la igualdad (para quienes no son tan despectivos) o se pierde por el solo por el hecho de que los regímenes de izquierda están gobernados por corruptos que desayunan bebes y almuerzan genocidios. Vale la pena traer un viejo chiste pro capitalista de la Guerra Fría que solía citar Ronaldo Reagan:

Se encuentran un perro americano, uno polaco y uno ruso. El perro americano explica a los otros dos cómo funcionan las cosas en su país. “En América –les dice–, si ladras mucho, en algún momento llegará alguien y te dará un trozo de carne”. El perro polaco dice: “¿Qué es carne?”. Y el ruso: “¿Qué es ladrar?”

“La Libertad” funciona como el significante vacío aglutinador del que nos hablaba el filósofo argentino Ernesto Laclau. Con el argumento de la libertad se puede lograr que una persona de clase popular que le cuesta llegar a fin de mes salga a la calle a defender a una multinacional morosa y corrupta. Un significante vacío es aquel que permite que cada unx de lxs comensalxs lo complete como desee. Por ejemplo, en Argentina tenemos a Juntos por el Cambio y en el Reino de España tienen Unidas Podemos. Pero, ¿qué cambiaremos? ¿Qué podemos? Bueno, es un significante vacío, cada uno lo completara como quiere y confluirán votando a la derecha o a la centroizquierda.  Esto es populismo en el sentido que lo expone Laclau. Los ejemplos que traigo son adrede, el populismo no es ni bueno ni malo, ni de izquierda ni de derecha, sino una herramienta. Una herramienta que, debo decir, lamentablemente, en Latinoamérica las derechas han sabido hacer mejor uso y, para colmo, acusan al resto de populistas.

Libertad es un significante que tiene un gran capital simbólico en la batalla cultural. Tiene mucho peso: nadie quisiera ser acusado de estar en contra de la libertad y todxs dirían que están a favor. Pero también parece que el término tiene dueño, porque quienes usufructúan el capital de dicha bandera suele ser la derecha: desde las consignas de la Revolución Francesa (Libertad, Igualdad y Fraternidad) a la Estatua de la Libertad en Nueva York, la tierra de la libertad, “the land of freedom”.

En Argentina tenemos nuestro propio think tank (tanque de pensamiento, usina de ideas) “Fundación Libertad” que organiza congresos con invitados de lujo como el empresario de la Construcción de Edificios y Demolición de Países Mauricio Macri, José María Aznar (ex presidente del Reino de España y escritor, justamente, de “Libertad Digital”) y el 1° Márquez de Vargas Llosa, el escritor peruano-español, Mario Vargas Llosa. De paso sea dicho, el Marquesado de Vargas Llosa fue uno de los últimos actos de gobierno del cazador de elefantes y prófugo de la justicia Juan Carlos I. En Chile tienen el propio “Instituto Libertad”. Y si están leyendo esto en algún lugar de América Latina, seguramente tengan sucursales libertarias de la derecha internacional. El sociólogo y politólogo argentino Atilio Borón afirma que estas fundaciones son utilizadas como intermediarios para que la Unión Europea y el Gobierno de Estados Unidos puedan financiar el activismo derechoso en la región evitando el sello postal que diga Washington o Bruselas en el fajo de billetes. Pero esto sería tema de otra nota (o bien pueden leerlo a Atilio Borón, recomiendo).

Reflexionemos, entonces, ¿qué es la libertad? Como dice la famosa frase, “mi libertad termina donde empieza la de otrx”. Emmanuel Lévinas puso en cuestión esta sentencia. Si mi libertad termina donde empieza la de otrx, entonces, yo podría extender mis libertades suprimiendo a ese otrx. Quiero decir, puedo, entonces, redefinir el término “otrx” y entonces seré más libre. Pensemos, ¿era una mujer negra esclavizada en la Norteamérica del siglo XIX otra persona? ¿Lo era una familia judía en el Berlín de 1939? ¿Lo era una familia de palestinos en la Jerusalén de 1949?

La verdadera libertad no debería tener como límite al otrx sino al otrx como sustento. La verdadera libertad implica no oprimir a nadie, no deshumanizar. Yo seré libre en tanto tú seas libre.

Pero, ¿qué entiende la derecha por libertad? Tomemos dos millonarios ejemplos: John Hammond y Susana Giménez.

El primero es un personaje ficticio de la franquicia Jurassic Park. Hammond es un megaarchimultimillonario que quiere y puede crear un parque de diversiones con dinosaurios, completamente creado para una elite (si Disney cobra 110 dólares la entrada, acá debería estar por lo menos 1000 dólares por día, el T-Rex es de buen comer). En las primeras escenas de la película se lo puede ver descendiendo con su helicóptero en un pozo donde se encontraban paleontologxs trabajando. Lxs paleontologxs le piden que no lo haga porque está dañando la excavación, también les dicen que no van a ayudarlo porque les parece una locura su idea. Luego, John Hammon abre un champagne que no le pertenecía, se lleva a lxs paleontologxs  y funda su soñado parque. Como sabrá la mayoría (y sino, spoiler alert!), esto termino con decenas de muertos y varixs sobrevivientes que se llevaron tantos traumas que ni dos camiones llenos de psicoanalistxs podrán con ellxs. Se ve que el karma no existe, porque John Hammond resulta ileso y no debe enfrentar procesos judiciales por múltiples asesinatos dolosos.

Otro ejemplo más actual es la megaarchimultimillonaria argentina Susana Giménez. Ella se encuentra ahora en el Uruguay, donde se fue a pasar la cuarentena un par de semanas después de  que el gobierno argentino la decrete. Una vez allí dijo lo siguiente: “nadie puede encerrarme a mi”…“en realidad habría que cerrar las villas”. Relean el análisis de Levinas, acá sumamos otro ejemplo. Claro, a ella no la podemos encerrar, pero las villas si, ¿será que la Su está deshumanizando un poquito a lxs villerxs? Hace no mucho, también había armado revuelo por una frase digna de María Antonieta (“si tienen hambre que coman pasteles”): “Si hay pobreza que vaya la gente al campo… bueno, no sé, hay que enseñarle a plantar, a tener gallinas, qué sé yo… cosas. De verdad te lo digo”. Por otro lado, la diva de la TV Argentina fue condenada por no pagar impuestos y se queja de que en Argentina se está perdiendo la libertad porque se está virando a un… ¡comunismo! La que puede, puede.

La semana pasada, su colega y no sé si amigo, el Negro González Oro la acompaño en su exilio. Al bajar del avión en la Tierra Prometida de Uruguay, respiro hondo y aclamó: “Recuperé mi libertad” (sic).

Parece que para la derecha la libertad es más que nada un capricho de gente adinerada. Si el capricho se puede comprar, entonces es libertad: “¿Por qué no puedo tener un parque con dinosaurios, si quiero?”; “¿Por qué no puedo tener 8 yates, si quiero?” “¿Por qué no puedo tener una fortuna superior al 40% más pobre de la población mundial, si quiero?” Y la más famosa de la semana: “¿Porque no puedo romper la cuarentena y salir a protestar en el peor momento de la crisis sanitaria por el COVID, si quiero?”. Todas frases que posiblemente terminen con la gran falacia entre las falacias: “me lo gané trabajando”.