La metáfora animal

Por Cezary Novek

Reseña de Crónicas de la ciudad que nació en los barcos, colección de cuentos del periodista sanfrancisqueño Manuel Montali, lanzado recientemente por Editorial Recovecos. 

Manuel Montali es licenciado en Comunicación Social y periodista. Crónicas de la ciudad que nació en los barcos es entonces el primer volumen de ficciones publicado por el escritor. Los cuentos son diez y aunque el título y el primer texto sean engañosos, no se trata de un compilado de crónicas del interior, sino de ficción pura que a veces se vale de recursos periodísticos y otras de lírica pura.

Aunque el estilo sea diferente –y, por momentos desparejo- hay una homogeneidad en el tono que delata un concepto meditado durante mucho tiempo. El libro hace numerosas referencias a la Pampa gringa –Montali nació, vive y trabaja en San Francisco–  ya desde el título. Pero no es un libro de narrativa costumbrista ni tampoco una memoria de familias descendientes de inmigrantes europeos.

Montali se muestra a lo largo de sus relatos –a excepción de uno o dos, que se inclinan por un enfoque intimista– más interesado por raspar y exhibir el prejuicio desnudo de las poblaciones pequeñas y cerradas, la perversión e ineficacia de las instituciones, el feudalismo de los líderes comunales, la intolerancia del vecino del pago chico. No obstante, los temas de los relatos son variados y no se agotan en el número de historias, sino que sugiere todo un mundo, como las listas incompletas de Eco.

Crónicas de la ciudad que nació en los barcosHay relatos más logrados, al punto que podrían confundirse con historias reales, como el que abre el conjunto “Crónica de las crónicas del tigre” y otros que son más apocalípticos o universales en las referencias a las que apela, como el caso de “El hombre de sal que hacía equilibrio en los tapiales”. Un terror muy bien logrado en su efectividad y realismo asoma en “Agujeros”, mientras que la reflexión sobre la violencia social histórica se retrata en piezas como “La plaga” o “Los idiotas”. El conjunto abre con una fiera salvaje haciendo estragos y a la que nadie puede detener, y cierra con una inundación que sugiere la furia divina queriendo llevarse todo, como una manera de cerrar la puerta a cualquier idea de esperanza. En el medio quedan la melancolía y los desencuentros amorosos de historias como “Manuscrito hallado en un cajón” o “Giroscopio”.

Laura Pratto –poeta y escritora en cuyo taller Montali fue puliendo los textos reunidos en este volumen–cita en el prólogo del libro a John Berger en “Por qué miramos a los animales”, donde el autor inglés reflexiona sobre la Illíada y marca que la primera metáfora de la historia de la literatura fue animal. A partir de ese dato, hace un interesante análisis de los cuentos como metáforas de los diferentes grados de animalidad que Montali elige mostrar en las postales de su ciudad imaginaria. Una animalidad que más que ternura o piedad nos transmite algo inexplicable e instintivo, pretérito, que trasciende cualquier intención.

En su documental de 2005, Grizzley Man (sobre  Timothy Treadwell, un ambientalista que pretendía la convivencia utópica entre humanos y osos, y que murió devorado junto a su novia por uno de ellos), Werner Herzog examina unas filmaciones y reflexiona con voz en off: “Lo que aparenta ser un oso juguetón podría ser un oso desesperado (…) Lo que me persigue es que en todas las caras de todos los osos que filmó Treadwell no veo ningún rastro de parentesco, ni entendimiento, ni piedad. Solo veo la indiferencia abrumadora de la naturaleza. Para mí, no existe el mundo secreto de los osos. Y esta mirada en blanco muestra que sólo les interesa la comida”. Lo mismo podría aplicarse a los personajes de pueblo delineados por Montali, que tan bien sintetizados están en la foto de tapa –a cargo de Maya Sochadonde la solitaria figura de un lobo vagabundo se recorta a contraluz sobre un paisaje inundado y crepuscular. Un mundo de fuerzas primigenias, poderosas y cambiantes, en las que el factor humano parece ser lo más frágil y efímero de toda la composición.

Manuel Montali nació en 1985. Licenciado en Comunicación Social, trabaja como periodista. Ha participado de diversas antologías y publicó relatos en diferentes medios gráficos. “Crónicas de la ciudad que nació en los barcos” es su primer libro.