La nueva izquierda debate sobre cómo gobernar la Ciudad

La nueva izquierda debate sobre cómo gobernar la Ciudad

Foto: Agustín Bontempo.

Por Agustín Bontempo. Militantes y referentes de organizaciones y partidos de izquierda se reunieron para debatir sobre la crisis habitacional en la Ciudad de Buenos Aires. Situación y propuestas para lo que viene.

 

La charla-debate “Por el derecho a la ciudad”  tuvo como eje la grave crisis habitacional que sufre la Ciudad de Buenos Aires, pero también las problemáticas y las perspectivas que organizaciones y partidos de izquierda definen en relación al contexto en el que se desarrolla la crisis y cómo afrontarla.

La actividad, que se realizó el martes último en el  Multiespacio Pasco, contó con Facundo Di Filippo del Colectivo por la Igualdad en el Partido Social, Martín Hourest del Gen, Federico Orchani de Pueblo en Marcha, Fabio Basteiro de Unidad Popular, Gustavo Vera de la Fundación La Alameda y legislador porteño de Bien Común e Itai Hagman de Patria Grande.

Di Filippo, quien además de exponer fue el moderador de la jornada, cuestionó al gobierno que encabeza Mauricio Macri porque “pondera la ciudad como una mercancía”. Cuestionó que se srealizó una“serie de acuerdos que generó una cantidad de normativas vinculadas al desarrollo de grandes proyectos urbanísticos, lo que se definió como el pacto Pro-K”.

Aquí aparece la primera cuestión importante. La Ciudad de Buenos Aires es pensada y vendida bajo los conceptos mercantilistas de las grandes urbes y, más allá de las principales responsabilidades sobre el Ejecutivo porteño que excluye a los sectores marginales, esa lógica fue posible a partir de la complicidad de diversos acuerdos con el Frente Para la Victoria. También, de varios bloques más, como UNEN.

Una de las principales cuestiones que se plantearon como autocríticas y desafíos fue la de cómo estos hechos que resultan evidentes -como la subejecución de obras, los sobreprecios, las dificultades de acceso y permanencia a servicios públicos, educación, vivienda, etcétera- tienen una respuesta positiva en la población, al menos a nivel electoral. En este sentido, Hourest afirmó que “el sentido común de los sectores populares hoy tiene más que ver con la reproducción de una ciudad de la injusticia que una igualitaria. Una ciudad igualitaria implica tomar riesgos de pensamiento, metodología y de construcción de herramientas”.

Siguiendo esta línea, Orchani planteó el desafío: “Lo que llama a organizarse es la disputa por el sentido, porque el gobierno de Macri hace lo que hace porque tiene consenso”. Quizá esta sea una de las principales cuestiones que en las últimas décadas varios sectores de la izquierda no supieron interpretar, lo que repercutió directamente en la población a la hora de ser interpelada.

Bajo esta condición tal vez novedosa, Orchani agregó que el territorio porteño “paradójicamente tiene déficit habitacional, pero a la vez construye permanentemente con una orientación muy clara”, que es la de promover una ciudad administrativa y empresarial, amiga de las grandes corporaciones y especuladores financieros.

La autocrítica más fuerte vino de la mano de Basteiro quien, entre otras cosas, aseveró: “Tener la representación de diputados es bueno en tanto y en cuanto tengamos la capacidad de meter el conflicto en la Legislatura. Con hacer solamente un buen papel en términos individuales no alcanza”.

Finalmente, dando el puntapié para plantear cómo se deben afrontar estos desafíos, aseguró que “este tipo de debates tiene que servir para dejar de echar culpas a la derecha y hacerse cargo de las propias debilidades, para tener la capacidad de poder decir qué camino transitar”. Las mezquindades fueron una de las históricas dificultades para construir una alternativa que sea realmente amplia y popular.

En tanto, Vera se refirió a las posibilidades con las que cuenta la Justicia para afrontar esta problemática. “En la Ciudad tenemos no menos de 3 mil talleres clandestinos, manejados por negocios inmobiliarios y con marcas esclavistas como Cheeky y Kosiuko”, aseveró, y agregó que “lo mismo ocurre con los prostíbulos, que son 1257 localizados y judicializados, pero cerraron menos del 1 por ciento”.

Si bien es verdad que el Poder Judicial cuenta con las herramientas para hacerse de esas propiedades por ser herramientas delictivas, el contexto es bien distinto, donde por ejemplo la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo y Tributario de la Ciudad en las últimas semanas falló en contra de la urbanización de la Villa Rodrigo Bueno o la suspensión del censo en el barrio San Martín de Villa 31. También tenemos los procesamientos del Tano Nardulli y Diosnel Pérez, enjuiciados por luchar por el derecho a la vivienda digna.

Vera cerró su intervención aclarando que su alocución iba “en clave de delito, que es de lo que le gusta hablar a Macri. Es el crimen organizado con el cual ellos conviven son socios”.

El último en exponer fue Hagman, quien trató de darle un marco más general al problema de la vivienda y dijo que las dificultades de habitar la zona tienen que ver con “un problema de la abundancia, de la acumulación y del desarrollo capitalista”. Además, se sumó a debatir por el desafío de cómo disputarle al Pro el consenso alcanzado. Según sostuvo, el partido macrista “identificó tres aspectos: el transporte, la inseguridad y el espacio público. Y con poco logró instalar en la Ciudad que su gestión es correcta”.

Está claro que las obras de maquillaje, la pauta oficial, el aparato punteril en barrios populares fue uno de los grandes “aciertos” del macrismo y, en ese sentido, el llamado a pensar cómo se construyó esa concepción y cómo combatirla es, desde ya, importante.

El neoliberalismo, la derecha encabezada por Mauricio Macri, consolidó. Sin embargo, la crisis habitacional como los cientos de derechos vulnerados que sufren los porteños se agrandan día a día. En este contexto, el terreno es fértil para disputarlo y es fundamental que las organizaciones y partidos populares se propongan un programa común para superar el estado actual de cosas.

En definitiva, como dijo el Tano Nardulli en el cierre de la jornada, “el odio a Macri es un odio de clase. Un odio contra los pobres” y, ante semejante desafío, es importante responder con organización y proposición.