La pandemia desde el pie: crónica de San Fernando

Dos mujeres del barrio de Santa Rosa, del municipio de San Fernando de la provincia de Buenos Aires, cuentan cómo se vive el aislamiento cuando la comida no alcanza y el Estado flaquea. “Desde el pie”, hoy traemos dos historias conectadas por la solidaridad.

Fotos de Equipo de comunicación “Los Gracitas”

Ana: “Es entendible que salgan porque la gente tiene casas muy chicas”

Mi nombre es Ana, soy del barrio Santa Rosa, del municipio de San Fernando en la provincia de Buenos Aires. Trabajo en el comedor Los Gracitas. Lo que veo en el barrio es que, dentro de todo, está todo bastante tranquilo y bien. Sí hay un tema: los chicos están poco tiempo dentro de sus casas haciendo la cuarentena. Están más bien en la vereda y cada vez que pasa la policía les piden que entren. Es entendible que salgan porque la gente tiene casas muy chicas. Por ahí son dos habitaciones y una cocina y la gente que vive ahí con cuatro pibes y la mamá y la abuela y se hace difícil tener a los chicos tanto tiempo adentro. Se agotan las ideas de juego y de cosas para hacer… es un tema difícil.

Pero después en el resto de las actividades creo que bien para la situación en la que estamos. De todas maneras, la necesidad económica se nota porque los vecinos se acercan más al comedor a pedir alimentos como azúcar, arroz, fideos y ese tipo de cosas… Nosotros ayudamos en lo que podemos. Los negocios del barrio están siempre abiertos: tenemos verdulería y carnicería dentro del barrio entonces no hay tanta necesidad de salir. La gente no tiene plata como para decir “bueno voy a hacerme una compra para quince días”. La gente compra el día a día porque no cuenta con tantos recursos, tanto dinero como para comprar para quince o veinte días. No sé si es bueno o malo lo de los negocios en el barrio porque a la vez te arrancan la cabeza, te cobran mucho más de lo que deberían pero bueno, no te queda otra más que pagarla, qué sé yo. Hoy la gente está comprando una papa, una cebolla, una zanahoria, doscientos pesos de carne y con eso cocina. A una cuadra del barrio tenemos un lugar de venta de artículos mayoristas de limpieza sueltos y eso es bueno porque la gente puede ir ahí y comprar. La mayoría de las compañeras o vecinas del barrio que yo conozco casi todas cobran el salario de los chicos y tienen la tarjeta alimentaria.

Eso les da una gran ayuda para sobrevivir, ¿no?, no digo vivir… Sí tenemos una franja que es bastante complicada, que son las personas de cincuenta a sesenta años que, al no tener hijos, no tienen por lo tanto salario ni tarjeta alimentaria, tampoco son jubilados… entonces esa gente la está pasando bastante mal. Es a los que más ayudamos porque son mujeres que a lo mejor trabajan por hora pero como están en la edad grande ya la patrona le dice “bueno usted no venga”, y se quedan sin esa entrada de plata, y esa es la parte del barrio que más complicada está. Me dicen “no tengo nada porque mi patrona me dijo que no vaya porque tiene miedo que yo que viajo le lleve algo a la casa”. Eso es masomenos un paneo de lo que está pasando acá en el barrio.

Silvina: “No hay jabón que alcance pero ellos lo toman como un juego”

Mi día siendo persona de alto riesgo: con obesidad mórbida, diabetes, insulina dependiente e hipertensión, con cuatro chicos, uno de cuatro años con retraso mental que no la está llevando muy bien. Tengo además una nena de seis, una nena de dos y un chico de doce. El día arranca con mi ex pareja lavando y desinfectando todo 7.30 porque a más tardar los indios ya están despiertos pidiendo leche. La leche la corto con té para que alcance. Cuando hay para desayunar se desayuna. Si no se toma un té con leche y nada más. Se lavan las manos, desayunan, juegan un rato los más chicos. La nena de seis años intento hacerle hacer el abecedario, intento porque no hay intento que valga porque no le llama la atención hacer nada. Lo único que hacen es pelearse entre los tres. 12.15 se está haciendo la comida cuando hay. Lo que tengo estoy tratando de racionarlo como si estuviéramos en la guerra. Gracias a Ana del comedor Los Gracitas y al bono ese que dieron extraordinario como asignación compré algo de carne picada, algo de mercadería, puré de tomate y gracias a Ana que me manda día por medio harina y grasa, entonces hacemos torta frita para cenar. Ahora que compré maicena y cacao les hago postre serenito de chocolate a la noche y al mediodía comen. A la tarde otro té con leche y a la noche el postrecito o arroz con leche y nada más porque si no la mercadería en una semana se termina. Obviamente que yo con mi dieta de la diabetes no puedo hacerla. Como lo que puedo. La verdura no se puede comprar.

Trato de entretenerlos de vez en cuando porque mi casa es muy chiquita, la cocina tiene 5×4 más mi pieza que es de 4×4 donde dormimos todos juntos. Ellos duermen dos en cada colchón, estamos hacinados pero no los dejo salir ni al patio. Los hago lavarse las manos cada dos horas, a cada rato. La más grande yo creo que no se lo agarra nunca porque vive en el agua. No hay jabón que alcance pero ellos lo toman como un juego. No tengo patio, tengo pasillo y, lamentablemente, como el pasillo da a otras ventanas de otras casas, tengo miedo entonces no los dejo. El nene de doce saca a pasear a las perras en frente a hacer pis. Hasta las perras están locas y rompen todo. Y los he entretenido haciendo trabajitos pero ya no sé qué hacer. Me quedan los cartones de unos maples de huevos y unas latas pero hace más de tres semanas que estoy encerrada con ellos porque primero les dieron a ellos la cuarentena.

A Maxi, el de doce, le pidieron ahora que lleve papeles para hacer la tarea pero no tengo un peso partido al medio. Tengo un remedio que me tengo que comprar que me sale 4000 pesos que me lo compraba mi hijo y estoy pidiendo por todos lados ahora a ver si me hacen la receta porque por la cuarentena no pude ir al médico. O sea que me tengo que morir. Y bueno. Un rato miran tele si no nos cortan internet. Se pelean otro rato.

Eso es lo que yo puedo hacer en mi cuarentena. Mi casa es muy chiquita. Como ahora se fue mi hijo quedó una piecita libre de 2×2 y ahí les junte todos sus juguetes pero mucho no quieren jugar ahí tampoco.

Se comunicó alguien del municipio de San Fernando, le pedí si podía conseguirme dos cuchetas para no estar tan hacinados pero no se puede. Ana realmente es la única que se comportó como vecina porque acá no existís para nadie. Ahora si te piden y vos no das a los vecinos se ofenden. El otro día me pidió la vecina leche y yo la verdad que la estoy mezquinando para mis nietos y se ofenden. Yo fui precavida y antes de que se viniera toda la cuarentena le mandé a mi pareja a que vaya a la salita a que le dieran las leches de marzo. Por eso tengo para darles a los chicos. Y Ana también me manda de vez en cuando una leche. Pero después, ¿solidaridad acá en el barrio? No pasó nadie. Ni del municipio. Nada de nada. Acá es cero la solidaridad. Ni en los colegios, ni en nada. En la Escuela N° 4 dieron un día un paquete de fideos, un arroz y ya está. Con eso tienen que comer toda la cuarentena. En el jardín de San Cayetano lo mismo. Antes los chicos comían en el comedor y como se agravó la cuarentena ahora les dieron una bolsita con mercadería y con eso arreglate para darle de comer a los chicos. Y no es así, porque se te enferman porque están débiles. Yo por eso compré dos maples de huevos para darles aunque sea fideo con huevos para que esté masomenos balanceado la comida pero me falta verdura. Esa es la cuarentena.

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