La serpiente ya rompió el cascarón: preguntas para enfrentar al neo-fascismo

Durante la mañana del 10 de septiembre, le allanaron el departamento y detuvieron a Eduardo “El Presto” Prestofilippo, un agitador de redes sociales, director de un pseudo portal de noticias y ex candidato de Espert en Córdoba. Se trata de una de las caras visibles de la nueva ultra-derecha, que junto con Milei, Agustín Laje y toda esa runfla, están teniendo cada vez más seguidores y seguidoras y se están radicalizando a una velocidad alarmante.

Por Nacho Saffarano

Desde hace tiempo que ya no pueden ser tratados como unos freaks twitteros nostálgicos de la Dictadura; sino que hoy encuadran la renovación de los sectores reaccionarios y son una referencia para una capa amplia de la juventud. Tal vez este es el dato más preocupante.

La detención se da en el marco de la denuncia realizada por la Diputada cordobesa, Gabriela Estévez, luego de que unos días atrás, Prestofilippo haya publicado un tweet.

La denuncia se encuadra dentro del delito de amenazas, que contempla penas que pueden ir de los 6 meses a los 10 años, a menos que se contemple algún agravante, donde la pena de prisión puede estirarse.

Algunas consideraciones al respecto:

1- El neo-fascismo ya es una realidad en la política argentina. Sus expresiones político-electorales son marginales hasta el momento, pero este es un indicador que puede cambiar en pocos meses. Lo que hay que asumir, es que las ideas fascistas ya están instaladas como prácticas sociales y tienen un trasvasamiento de clase.

2- Son portadores de un mensaje “anti-sistema”, en tanto responsabilizan a “los políticos” como la causa de todos sus males. Si bien en su imaginario el peronismo y el comunismo tienen un signo igual y ambos atentan contra la libertad – aunque no puedan ponerse de acuerdo entre ellos sobre qué es ser libre -, su rechazo a la clase política se unifica en un “que se vayan todos” de nuevo tipo. Es por esta razón que ubican a Juntos por el Cambio también como parte del problema, construyendo vasos comunicantes solo con los sectores más derechistas de dicha coalición, tal como Patricia Bullrich o Waldo Wolf.

3- No es casual que estos sectores hayan sido los únicos que apoyaron a parte de la Bonaerense que rodearon la Quinta de Olivos. Ante cada hecho tumultoso de la coyuntura, se encargan de poner su granito de arena para intentar romper el cada vez más débil pacto democrático que nos rige. De allí que es saludable que todas las fuerzas democráticas repudien a estos sectores y señalen sin vacilar a quienes los encubren.

4- La pregunta obligada y reiterativanes si el uso del sistema penal es la vía útil para atacar las prácticas fascistas, al menos a estas que expresan declaraciones repugnantes en las redes sociales

¿Se logra neutralizar el discurso reaccionario deteniendo a uno de sus portavoces? ¿Fue una estrategia jurídica consensuada? ¿Se pensó cual podía ser la reacción de sus seguidores?
No viene mal recordar que Baby Etchecopar firmó una probation luego de una denuncia por violencia machista en sus programas de radio – por haber fomentado el odio a mujeres migrantes y militantes de movimientos sociales -, y sin embargo día tras día sigue desplegando un mensaje profundamente regresivo y sumando seguidores.

5- Entonces, ¿qué hacer ante la avanzada de ésta derecha sin maquillaje progresista? Tal vez algunas respuestas puedan surgir de hacerse ciertas preguntas:
* ¿Estamos de acuerdo que la libertad de expresión tiene límites y que no puede usarse como justificativo de los mensajes de odio?
* ¿Es efectivo para desactivar las prácticas fascistas usar el sistema penal? ¿Lograríamos convencer a alguien de que luego de cumplir la pena ya no sería fascista?
* ¿Se puede pensar una “probation anti-fascista”? ¿Multas pecuniarias para solventar proyectos de derechos humanos? ¿Los obligamos a que se aprendan de memoria la Carta a la Junta y la reciten en Plaza de Mayo?
* ¿Es hora de formar un Frente Antifascista? ¿Qué tiene que suceder para que lo hagamos?

Los problemas hay que verlos uno al lado del otro. Un día cacerolean para que los presos se mueran en las cárceles, otro día para que sectores humildes no cobren la IFE, al siguiente ovacionan un levantamiento policial. Sueltos son anécdotas, todos juntos son la estrategia de un fascismo que está ocurriendo aquí y ahora.