La Taser sí mata

Por Mariano Bruno.

Aunque el Tribunal Superior de Justicia porteño habilitó su uso, no sabemos si fue por la presión social, la falta de presupuesto o el miedo al abuso de su utilización, pero por ahora, el Gobierno de la Ciudad desistió de dotar a la Policía Metropolitana de las armas Taser.  Lo que sí sabemos, es que no hay dudas en cambiar sus políticas represivas.  

 

No hace falta aclararlo y los ejemplos abundaron en la reciente historia de la Metropolitana: la toma del Indoamericano, el abuso de fuerza contra trabajadores, pacientes, militantes y periodistas en el Borda, la represión a estudiantes y artistas de la Sala Alberdi, entre otros casos.

Recordemos que la discusión sobre la incorporación de estas armas comenzó en 2010, cuando la Policía Metropolitana iniciaba su carrera de violaciones a los derechos humanos. En ese momento aparecieron objeciones que apuntaban tanto a muertes ocurridas por su uso en otros países, como al peligro de que sean utilizadas como picanas. En Argentina, los Derechos Humanos son una demanda muy profunda a partir de la desaparición forzada de personas durante la última dictadura militar. Y estos métodos de tortura y la naturalización de su uso por parte de dirigentes, como el propio Jefe de Gobierno, Mauricio Macri, avalado por los medios cómplices de la represión, solo generan regresión social y violencia entre los ciudadanos. No es casual leer algunos comentarios de lectores en los sitios digitales de los medios más reaccionarios del país,  refiriéndose a dichas armas como “no letales” o explicando su uso con frases que necesariamente no refieren a valores democráticos como: “Gracias Macri por empezar a limpiar el basurero”;  o “excelente noticia, hay que fritar a los chorros”.

Lo que resulta preocupante y que nadie se pregunta desde el PRO, es si dicha naturalización de este dispositivo va a alentar e intensificar su uso entre los agentes. Si mata, el daño es irreversible. Si no es letal, su uso será mayor.

Las Taser, ¿no matan?      

Amnistía Internacional advirtió en 2007 sobre las consecuencias de equipar a las policías con pistolas Taser.  “Aunque presentadas por sus fabricantes y defensores como una alternativa al uso de la fuerza letal, la experiencia en países como Estados Unidos y Canadá ha venido demostrando que, lejos de estar restringido su uso a circunstancias muy definidas, las armas de electrochoque se han convertido en el instrumento de fuerza utilizado con más frecuencia, por parte de la policía y en circunstancias de riesgo de un nivel relativamente bajo de la escala del ‘uso de la fuerza’”, alertó el organismo.

Entre 2001 y 2007 murieron 269 personas tras recibir descargas de arma tipo Taser usadas por policías. Y aunque otros organismos como el Comité contra la Tortura de la ONU desaconseja su empleo por el daño físico y psicológico que pueden provocar, estas armas están en uso en los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, entre otros países llamados del primer mundo. Justamente en el país galo, desde que Sarkozy la introdujo, produjo cuanto menos tres muertes de ciudadanos indefensos según denunciaron algunos medios.

En Estados Unidos, desde el asesinato del joven Michael Brown ocurrido en agosto de 2014 en Mossouri, la represión, uso excesivo de la fuerza y discriminación policial hacia los afroamericanos, latinos y clases bajas, incrementó a tal punto, que a menos de un año de ese suceso, se han registrado más de 10 asesinatos en varios estados norteamericanos. Uno de ellos, ocurrido la semana pasada, fue a causa de una descarga eléctrica propinada por un Taser cuando la Policía de Nueva York aplicó la fuerza contra Richard Gregory Davis. Un afroamericano de 50 años que sufría problemas del corazón.

Otra localidad del norte, Baltimore, fue el escenario de violencia luego de intensas protestas en rechazo a los abusos policiales en contra de la comunidad afrodescendiente. La muerte sospechosa de Freddie Gray, que recuerda la secuencia de asesinatos cometidos por policías, fue otro detonante de protestas en el país contra el racismo y la discriminación convertida en política de seguridad.

Mientras que el horizonte para el actual Gobierno porteño sean las prácticas represivas y discriminatorias del implacable Tío Sam, habremos de retroceder la ampliación de derechos ganados desde 1983. Lejos estará Macri de prevenir la tortura y otros tratos crueles, degradantes e inhumanos. En cambio, alienta a sus fuerzas de seguridad a reprimir y estigmatizar comunidades de inmigrantes, ciudadanos de clases bajas, así como a cualquiera que genere “desmanes” en la vía pública. Y aunque aún no los dota de Taser, mientras les otorga libertad de acción, brutalidad, gatillo fácil e impunidad.