La Trama Colectiva: Un podcast para una antropología colaborativa

Charlamos con el equipo de Antropología en Colabor sobre el proyecto de La Trama Colectiva, una herramienta para pensar la realidad durante la pandemia, construir una antropología colaborativa y atrevernos a pensar una realidad pospandemia donde el futuro lo construyamos entre todes.

Por César Saravia e Iván Barrera

  • ¿Cómo nace el proyecto? ¿Por qué un podcast?

El proyecto nace como una apuesta por darle continuidad a nuestro trabajo de investigación colaborativa en el contexto de aislamiento social. Somos antropólogues y nuestra principal forma de producción de conocimiento se nutre del diálogo con otres, de un intercambio que no es solamente verbal, sino que se construye a partir de la presencia cotidiana a través del acompañamiento en el día a día.

En marzo, cuando se implementaron las medidas de aislamiento, comprendimos que durante un tiempo ese acompañamiento no iba a ser posible de manera presencial. Seguíamos en contacto con integrantes de las organizaciones con las que trabajamos hace muchos años, a través de WhatsApp y teléfono y nos íbamos enterando de que, además de dar respuesta a la necesidades más inmediatas – como la alimentación, la falta de ingresos, la provisión de insumos sanitarios y las demandas en torno a las condiciones laborales- se estaban generando muchas respuestas creativas arreglos colectivos volcados a pensar más allá de la emergencia. Estas iniciativas no apuntaban únicamente a resolver problemas de corto plazo sino que permitían sostener y renovar horizontes de organización a futuro. De esta manera, surgió la idea del podcast, como una herramienta no solo para darle continuidad al diálogo, sino también para tender puentes y contribuir a difundir estas experiencias a un público más amplio.

Encontramos en el podcast una modalidad de comunicar con mucha potencia para estos objetivos. En particular, para retomar las reflexiones en diálogo con quienes integran las organizaciones, e incorporar de primera mano testimonios y conceptualizaciones de su hacer. Pero también, para articular intercambios entre organizaciones y realidades distintas, y procurar hacer públicos los aportes de la mirada antropológica. Queríamos que sea un podcast de antropología, con una impronta de producción de conocimiento colaborativo, lo cual supone recuperar la mirada relacional y compleja que brinda la disciplina y también asumir que la producción de conocimiento no es exclusiva de ámbitos académicos: que la experiencia acumulada por los distintos colectivos y los aprendizajes producidos desde esa práctica tienen status de conocimiento y creación de conceptos.

Así fueron surgiendo los ejes de cada episodio: temas que con la pandemia se habían vuelto particularmente relevantes, y que a la vez se vinculaban con preguntas inspiradas en las miradas conceptuales que ponemos en práctica en nuestras investigaciones. En total esta primera temporada tiene proyectados seis episodios, de los cuales cuatro ya están disponibles en las plataformas. En ellos quisimos discutir categorías que fueron centrales en los debates públicos de los últimos meses, como la de “trabajadores esenciales” y de “cuidado de la vida” (en los episodios 1 y 2); así como visibilizar iniciativas de las organizaciones, situando la mirada en las formas en que reinventaron las maneras de estar conectadxs a través de la tecnología y sus imaginaciones de futuro (en los episodios 3 y 4). En los próximos episodios la idea es proponer debates sobre otros temas, como los límites entre lo público y lo privado y las diversas experiencias e iniciativas de les jóvenes (en los episodios 5 y 6).

– ¿Qué es Antropología en Colabor?

El Programa “Antropología en Colabor para el fortalecimiento de las organizaciones de trabajadores/as” es un colectivo de investigadores e investigadoras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. El equipo se formó hace más de diez años y está conformado por María Inés Fernández Álvarez, que es la directora, Sandra Wolanski, Florencia Pacífico, Dolores Señorans, Santiago Sorroche, Silvana Sciortino, Victoria Taruselli, María Paz Laurens, Cecilia Espinosa, Carmina Pederiva, Cecilia Cavigliasso y Belén Santin Ruffo.

Muchxs de nosotrxs nos desempeñamos como investigadorxs y becarixs en el CONICET, y además trabajamos como docentes en distintas universidades nacionales, entre ellas la Universidad Nacional de Rosario, la Universidad Nacional Arturo Jauretche, la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y la Universidad de Buenos Aires.

Las tareas que venimos desarrollando comprenden la investigación, extensión y docencia universitaria, que en la práctica llevamos adelante de manera integral. Entendemos al proceso de producción de conocimiento desde el co-labor, promoviendo instancias más o menos sistemáticas de discusión, intercambio y reflexión conjunta con las organizaciones con las que trabajamos, que articulan en un ida y vuelta los ejes de investigación con problemas derivados de la práctica cotidiana. Así, a través de lo que desde las líneas de financiamiento universitario se conoce como “extensión” fuimos proponiendo espacios de autoformación con estas organizaciones, produciendo materiales en distintos formatos que puedan servir de insumo para los espacios formativos que impulsan de manera cotidiana. Desde la perspectiva colaborativa, creemos que la puesta en marcha de estas herramientas son también formas de hacer investigación y producir conocimiento junto a les otres.

Por eso, nuestro punto de partida no es neutral: asumimos un compromiso con el fortalecimiento de las organizaciones, no sólo como posicionamiento político sino como producto de un largo trayecto de colaboración.

Las organizaciones que acompañamos desde el equipo son diversas, pero tienen en común el hecho de ser colectivos conformados por trabajadores y trabajadoras. Entendemos al trabajo en un sentido amplio, incluyendo, tal como se ha venido proponiendo desde el feminismo, no sólo a los trabajos remunerados, sino también a aquellos no remunerados o reproductivos y de cuidado. En este sentido, trabajamos junto a organizaciones que podrían considerarse como parte del mundo “formal”, asalariades que trabajan tanto en relación de dependencia como bajo contratos o de forma precarizada, y también con quienes forman parte del heterogéneo universo de la economía popular, conformado por quienes fuera de ese mercado de empleo vienen creando diariamente su propio trabajo.

¿Cómo piensan que desde las ciencias sociales se deberían acompañar los procesos que realizan las organizaciones sociales?

Sin dudas, las ciencias sociales son muy diversas y cada disciplina tiene herramientas y tradiciones específicas para pensar los vínculos con las organizaciones. Asumir que la producción de conocimiento es un proceso de ida y vuelta -y por ende que no es exclusivo de las universidades e institutos de investigación- es un posicionamiento que podría aplicarse y hacerse presente en una variedad de tradiciones disciplinares. Incluso en la antropología, que tiene una rica tradición en metodologías de conocimiento colaborativo, ésta fue hasta hace poco tiempo una práctica relegada.

Lo que quizás caracteriza a estas maneras de investigar es la distancia con un procedimiento que ha sido llamado “extractivo”, donde el investigador o investigadora llega a un universo social, hace sus entrevistas, observaciones o encuestas, y luego vuelve a su lugar en la universidad o instituto, y desarrolla su análisis y escribe artículos que en el mejor de los casos devuelve bajo la forma de transferencia o devolución. Desde esta práctica, el conocimiento constituye el resultado unilateral de la investigación académica, y las personas y las organizaciones quedan reducidas a “datos” o “experiencias”. Es la reproducción de una división y una relación de poder entre quienes “piensan” y quienes sólo tendrían el lugar del hacer.

Por lo contrario, nuestra experiencia es que la investigación en co-labor es un modo de conocimiento sumamente enriquecedor. Para nosotres, implica un aprendizaje constante. Un proceso que no siempre fue fácil, que a lo largo de los años nos obligó a revisar nuestras certezas una y otra vez. Redefinir nuestros propósitos de investigación para incorporar la agenda de las organizaciones que acompañamos, por ejemplo, la urgencia de problematizar y discutir miradas estereotipadas y estigmatizantes que circulan en el debate público en torno a las prácticas de los sectores populares y sus formas de organización. Entonces, desde nuestros procesos de investigación y como apuesta del equipo en su conjunto, pudimos intervenir en el debate que se da por fuera de los ámbitos académicos, en el cual las organizaciones de trabajadores y sectores populares suelen ser representadas desde calificativos reduccionistas; muchas veces reforzando estigmatizaciones y acusaciones negativas y otras veces desde la romantización de esfuerzos individuales propuestos como ejemplares. Una forma bien actual de esta contraposición son los discursos de celebración de la ”correcta” utilización del IFE para generar “emprendimientos” que coexisten con el discurso de estigmatización de quienes “viven de planes”.

Con el podcast quisimos darle continuidad a la apuesta de intervenir en debates públicos sobre los temas que abordamos en nuestras investigaciones. Un objetivo que venimos desarrollando a través de textos escritos en notas de divulgación y también en un libro colectivo que lanzamos el año pasado, que llamamos: “Bajo sospecha. Debates urgentes sobre las clases trabajadoras en la Argentina”.

– ¿Cuál piensan que es el rol que debe tomar la antropología en este contexto tan particular?

Creemos que es imprescindible que la antropología continúe aportando a la desnaturalización de ciertas ideas arraigadas en la sociedad que sustentan discursos que justifican la desigualdad social. La pandemia provocada por el virus del covid 19 y las medidas de aislamiento social visibilizaron aún más situaciones que las ciencias sociales, y la antropología en particular, venían señalando hace años. La alta tasa de informalidad laboral y la precariedad de la vida que atraviesa a gran parte de nuestra población. Y, que lejos de tener una actitud pasiva, las organizaciones de trabajadores y espacios comunitarios barriales responden a esta precarización de la vida produciendo formas de vida en común a través de prácticas colectivas. Precisamente, las prácticas sobre las que recaen las miradas de sospecha, que son cuestionadas, amenazadas y calificadas como irracionales o hasta ilegales, son las que permitieron mantener no solo las medidas de prevención sanitarias, sino también, las vidas de miles de personas que quedaron sin posibilidad de ganarse el sustento diario para sus familias.

La pandemia y los cambios que ella trajo llevó a que todes tengamos que repensar nuestras prácticas. La antropología, que como dijimos tiene una fuerte impronta en el trabajo de campo, también tiene que poder repensar la forma en que puede continuar construyendo conocimiento. Y sobre todo para nosotres es un desafío en este contexto buscar formas de seguir contribuyendo a visibilizar y fortalecer esas prácticas y experiencias de les trabajadores que, de manera siempre creativa, buscan la forma de seguir construyendo una vida que merezca ser vivida.

– Desde su perspectiva, ¿cómo piensan una comunidad post pandémica?

El establecimiento del aislamiento social, preventivo y obligatorio modificó radicalmente los espacios y las modalidades de llevar adelante las tareas cotidianas y que dábamos por sentado, como las formas de trabajar, de relacionarnos, de reunirnos, de celebrar. Pero también modificó nuestra percepción del tiempo fundiendo en incertidumbre y angustia aquellas proyecciones de futuro, que parecían sustentarse en un “progreso” unidireccional que estaba asegurado. Sin embargo, cabe preguntarnos cuán asegurado estaba ese porvenir hasta marzo del 2020.

Con la irrupción de la pandemia muchos sectores a través de la organización tuvieron que atender con mayor urgencia cuestiones que ya eran una preocupación, como garantizar el cuidado de la salud y la alimentación de los suyos.  Esto sumó nuevos problemas a las ya conocidas desigualdades sociales, profundizando la precarización de la vida y del trabajo, una realidad que ya era crítica en los últimos años producto de las políticas de ajuste del gobierno de Mauricio Macri.  En este sentido, preguntarnos por el futuro pospandemia implica sostener como punto de partida algo que el postulado de la “nueva normalidad” invisibiliza: para las organizaciones de trabajadores y trabajadoras cuestionar la “normalidad” del presente y proponer otros horizontes a futuro no es una novedad. Durante este tiempo, que por momentos se vivió como improductivo o que quedó en suspenso, las organizaciones continuaron sosteniendo prácticas organizativas. Incluso, se abrieron nuevos espacios de agremiación, que  a la luz de las nuevas problemáticas retornaron debates de larga data en torno al trabajo, la salud, el cuidado, el género, nuestra relación con las naturalezas, las formas de producción y consumo,  entre otros.

Esto nos lleva a la posibilidad de hacernos otras preguntas como ¿qué proyecciones a futuro construyen les trabajadores y qué procesos organizativos se reactualizan y se generan en este contexto? Porque no se trata de predecir, sino de retomar, reescribir y profundizar los sueños, los proyectos y los anhelos que las organizaciones de trabajadores y trabajadoras vienen llevando adelante hace muchos años aún en contextos de precariedad. En esta línea, el cuarto episodio de la Trama Colectiva -que acaba de salir esta semana- se titula precisamente  “El Futuro que supimos construir” y se centra en experiencias que continuaron tramándose a pesar de las distancias y la imposibilidad del contacto físico o de reuniones presenciales, retomando proyectos a futuro que ya se venían construyendo. Como por ejemplo, la conformación de nuevos espacios de agremiación, la creación de redes colectivas, los debates en torno a la vuelta al trabajo, las relaciones de género, las formas de vivir en las ciudades o nuestro vínculo con las naturalezas. Todas experiencias en las que los proyectos a futuro ya estaban en debate desde antes de la pandemia, dejando ver un proceso que no es lineal, que se reescribe de forma errática, recuperando experiencias acumuladas e imaginarios de futuro de larga data.

Si bien es muy difícil poder predecir qué sucederá con exactitud, nuestra respuesta a la pregunta por los cambios y cómo se sucederán guarda una premisa y a la vez un anhelo colectivo: tal vez aquello que llaman “nueva normalidad” esté más cerca de lo que creamos y las herramientas para que no se parezca tanto a “la vieja” estén ya disponibles. Aunque la respuesta no esté dada, hay caminos recorridos y nuevos por transitar sobre la base de experiencias que hace tiempo vienen proponiendo formas de construir una vida que valga la pena ser vivida para todos, todas y todes.

Podés escuchar La Trama Colectiva en Spotify

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