La xenofobia como resultante del proyecto europeo

Por Marcelo Righetti

Análisis sobre la problemática de los refugiados e inmigrantes enmarcada en la crisis general que vive la Unión Europea. De cómo la contradicción central que vive hoy ese proyecto de unidad continental refuerza las condiciones para fortalecer las ideas más reaccionarias, violentas y xenófobas.

Mucho se ha escrito, dicho y visto sobre las terribles penurias que sufren las personas que en masa están buscando asilo en Europa. No parece necesario continuar agregando más líneas en este sentido. No porque se quiera ocultar el dolor y el sufrimiento sino -por el contrario- porque la continuación de altisonantes declamaciones de indignación, sin atacar a las causas de la problemática y sin develar los entramados complejos que rodean este fenómeno, sólo aportan al show mediatizado del “indignismo moralista” que se queja y se pseudo-sensibiliza pero no se compromete en la resolución de ningún tipo de problemática social.

Es por esto que proponemos una mirada que se aleje de la moralina pero que no olvide la necesaria reivindicación de la solidaridad humana, esa máxima del Che de “sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”. Pero no alcanza sólo con eso sino que también hay que poner en discusión procesos generales y particulares que dominan a nivel global y actuar para revertir sus ignominias. Por eso consideramos que la actual problemática de los refugiados e inmigrantes en el Viejo Continente tiene que enmarcarse dentro de la crisis general que vive la Unión Europea.

El relato de una Europa como tierra de prosperidad, donde se encuentran garantizadas en un alto nivel las condiciones de vida y erigida como el reino de los derechos humanos, continúa deshilachándose. Esa misma Europa que hizo un culto y un mito fundante de su carácter progresista y de defensa de la libertad con el derribo del Muro de Berlín, hoy construye vallas y barreras físicas para evitar el arribo de refugiados e inmigrantes de regiones en peligro por conflictos bélicos, dictaduras, terrorismo o pobreza extrema.

El deterioro del proyecto de unificación continental y el estancamiento que no se resuelve, muestran en el caso de los refugiados una vez más a cara descubierta al neoliberalismo, que no es sólo una doctrina económica que hace un culto del ajuste y la austeridad de los pueblos mientras salva a los bancos. Este proyecto de clase de los supermillonarios del mundo es tanto responsable de las masacres bélicas en Irak, Libia, Siria, Afganistán, etc. –de donde provienen la mayoría de los hombres, mujeres y niños que buscan asilo en Europa– como de la expoliación de las economías de los países periféricos del sistema mundial –que aportan la casi totalidad de inmigrantes que pretenden llegar a los países centrales en vísperas de conseguir mejores de niveles de vida–.

Esta Europa dominada por la neoliberal Unión Europea continúa desarrollando expresiones donde se pueden observar, muchas veces de manera violenta, las contradicciones entre la más elemental dignidad humana y las necesidades de reproducción del capital. La propia soberanía popular ha sufrido una dura derrota en Grecia tras la imposición extorsiva de un nuevo “rescate”. Esta Europa en donde los sectores dominantes de Alemania imponen sus condiciones a los pueblos europeos se encuentra en un punto de inflexión en el que los Estados nacionales siguen existiendo pero han perdido capacidad de decisión en manos de los poderes fácticos que definen las políticas de la UE.

Al mismo tiempo, los pedidos de los más fervorosos promotores de la integración regional, que solicitan avanzar en grados de unificación en pos de constituir una verdadera entidad transnacional, los famosos Estados Unidos de Europa, tampoco son tenidos en cuenta. Es obvio que el estado actual de las cosas, después de la aprobación del sistema del Euro, favorece a los sectores concentrados alemanes y su alianza con el establishment y las oligarquías del resto de los países del continente.

Sin embargo, esta situación de desconcierto en la que convive una estructura de decisiones supranacional al tiempo que continúan siendo dominantes las identificaciones nacionales de la población, puede resultar na combinación explosiva ante el arribo masivo de refugiados e inmigrantes, en un escenario en donde desde años se viene llevando adelante una fuerte ofensiva de los grupos concentrados sobre el conjunto de los sectores populares y que encuentran en el desmantelamiento del Estado de Bienestar un ícono relevante.

El crecimiento de las fuerzas nacionalistas ultrarreaccionarias en muchos países se alimenta muy fuertemente de la xenofobia frente a estos grupos que, desplazados de sus lugares de origen, buscan continuar sus vidas en Europa. Es así que los inmigrantes son constituidos por estas fuerzas como “el otro”, al cual se lo acusa de todos los penares que sufren buena parte de los europeos.

Aun cuando la UE, encabezada por Angela Merkel, quiera mostrar una cara humanitaria y desarrollar un plan general para la recepción de refugiados (aunque dejando de lado los llamados “inmigrantes económicos”), la contradicción central que vive hoy día el proyecto de unidad continental refuerza las condiciones para el fortalecimiento de las ideas más reaccionarias, violentas y xenófobas. No alcanza con establecer cuotas de asilados por países sino se resuelve de fondo la crisis de la integración neoliberal de Europa.