Las Casildas, de doulas a teatreras

Por Noelia Leiva. Las decisiones de las mujeres deben ser prioridad al dar a luz. Para informar, concientizar y emocionar, buscan correr el velo desde una obra de teatro, Parir(Nos). En la Semana del Parto Respetado, las primeras experiencias en escena.

 

El parto puede ser orgásmico y la conexión con el útero profundizarse hasta que eso que parece dolor no se asocie al padecimiento: los conceptos de la escritoraCasilda Rodrigañez Bustos se reactivan en la obra de quienes asumieron su nombre, Las Casildas. Como mujeres que ayudan a otras a parir, resignifican el ‘ser madre’ como una elección desde el minuto cero, cuando el embarazo no se acepta por tradición o miedo sino que se busca por deseo. Cuatro historias posibles sobre cómo dar a luz se reúnen en la pieza teatral Parir(Nos)que ayer, en su segunda presentación pública, se mostró en la Maternidad Estela de Carlotto.

Una mujer relata sobre un alumbramiento respetado, en el que sus necesidades fueron privilegiadas. Dos cuentan sobre uno ‘natural’ y otro por cesárea en espacios institucionales tradicionales, donde la comodidad del médico o la médica se pone en primera línea, junto a la celeridad para desocupar el quirófano. Hay un cuarto relato sobre la llegada de un bebé en casa que no resultó como se esperaba. Pensada por el equipo de doulas, que acompañan como las ancestras a otras mujeres durante la gestación, la obra interpela la maternidad desde los testimonios ficcionales para ir por una que quiera pelearse con el heteropatriarcado y ganarle espacio al sistema que “terceriza los partos”.

Así lo definió Julieta Saulo, que además de psicóloga social es puericultora, es decir guardiana de la lactancia y los primeros vínculos de esa nueva vida con su entorno afectivo. En 2011 entendió que ya era hora de que Las Casildas superara la instancia de difusión online de información para empezar a caminar junto a Mariela Franzosi y ValeriaWasinger con talleres y una revista bimestral. Ayer, todo se materializó cuando su obra pisó el establecimiento que lleva el nombre de la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo y que asegura adoptar prácticas profesionales más humanitarias.

-¿Por qué la obra incluye en su nombre la primera persona?

Porque nos involucramos en un proceso que está muy tercerizado, súper intervenido y violentado. Sentimos que una mujer después de tener a un niño o una niña no vuelve a ser la de antes. Es una experiencia vital, bisagra en nuestras vidas. Estamos en contacto con muchas familias. Si bien es una ficción, representa muchas realidades, el pedido de que se escuche nuestra voz. Sentimos que lo hacemos a través de estas cuatro experiencias.

-¿Podría tomarse el discurso del dolor en el parto como un elemento fundador de la violencia obstétrica?

Hay que trabajar en cambiar la concepción de dolor: entenderlo como proveniente de la fisiología, no de la patología. Pero no sé si anclaría sólo allí la violencia aunque sí se ve en el avasallamiento de nuestros cuerpos y nuestros derechos. Por eso es importante que la información (para prevenir esas opresiones) circule y llegue a dónde llegue.

-Con ese fin ¿es importante que haya una Semana del Parto Respetado, como ocurre entre el 19 y el 25 de mayo?

-Nos genera sentimientos ambivalentes porque deja en evidencia cuánto nos falta si es que necesitamos estas jornadas para visibilizar cuáles son los derechos de una mujer. Pero si sirve para acercar información, es válido.

-¿Cómo se pone en práctica toda esa información en el mismo momento del parto?

-Nosotras acompañamos a mujeres que paren. No sólo a las que deciden hacerlo en su casa, sino en partos vaginales o cesáreas en establecimientos médicos. Ahí radica la libertad: que se pueda elegir en qué institución hacerlo, cómo y con quién. Saber qué tiene que ver la violencia con la medicalización, que terceriza los nacimientos. Una no es protagonista. Cuando entra a ese sistema te cortan, te sacan, te dirigen los pujos, en un proceso donde la naturaleza interviene en un ciento por ciento si no hay agentes externos.

-¿Cómo es su trabajo cuando las convocan familias que quieren tener a su hijo o hija en un establecimiento médico?

-Circula mucho que venimos a romper con la estructuras de esos lugares, pero no. Siempre vamos en pos de ese bebé, de esa familia. Ir con un discurso no constructivo no colabora en lo más mínimo. No propagamos solamente el parto en casa sino de la manera que cada persona lo pueda sostener, física, espiritual y económicamente.