Las infraestructuras digitales que supimos conseguir (II)

Alteraciones contemporáneas en la subjetividad de lxs trabajadorxs de plataformas digitales. Un recorrido por algunos conceptos del capitalismo cognitivo y la nueva economía de plataformas. La plataforma digital como el nuevo ordenador social.

Texto e imagen por Sebastián De Mitri

El viaje al centro de la precarización

Las plataformas como Rappi, Uber, PedidosYa, DogHero, Airbnb, entre otras que se perciben a sí mismas (como mencionamos anteriormente) como “prestadoras de servicios de informática”, elaboran una relación contractual con lxs trabajadorxs caracterizada por la precarización de sus condiciones de trabajo. En algunos casos exigen inscripción al régimen de monotributo a toda aquella persona que se postule para trabajar en sus plataformas, lo cual habilita a que las empresas se eximan de pagar las cargas sociales tales como jubilación, obra social, cuota sindical, seguro de vida, ART, (entre otros derechos que les corresponden a lxs trabajadorxs), como así también se desentienden de otorgar licencias por enfermedad, aguinaldo y vacaciones pagas. Esto no implica que no ejerzan ningún tipo de control sobre lxs trabajadorxs. Por el contrario, el modelo de gestión de las plataformas digitales de empleo de este tipo de servicios, se caracteriza por altísimos niveles de control sobre el desempeño de sus trabajadorxs, pero lo realiza de forma tan perversa que descargan sobre lxs usuarixs consumidorxs del servicio la responsabilidad o, mejor dicho, la facultad de control sobre lxs trabajadorxs de plataforma.

Al introducir una modificación en la gestión de la fuerza de trabajo, las plataformas digitales de empleo revelan su carácter ambivalente, ya que por un lado presentan potencialidades de democratización de acceso al trabajo, pero a la vez ese acceso al trabajo pueden ser bajo condiciones muy precarias. Es común escuchar en boca de lxs defensorxs acérrimxs de estas plataformas que “cada trabajador/a puede trabajar cuando lo desee”, ya que desde su visión de maximización de ganancias, lxs trabajadorxs no interactúan en la plataforma en tanto tales, sino que lo hacen en tanto usuarixs. Al fin y al cabo, parece ser que los modelos de negocios contemporáneos comprendieron siempre a tiempo y de manera muy acertada que las operaciones entre significantes en los infinitos flujos magmáticos del lenguaje no tienen límites y, en tanto tales, habilitan un sinfín de posibilidades que les permite reconvertirse, actualizarse y modular el desarrollo de su juego en el mercado de negocios.

No obstante, ávidos lingüistas u operadores de sentido, los cerebros de estas plataformas no han sido demasiado idóneos para elaborar un nuevo juego en el camino de cómo el dinero llega a sus manos. La comisión, (método de transacción comercial por demás antiguo), es quien sigue rigiendo la estructura de su régimen de ganancias: lxs usuarixs principales se quedan aproximadamente con el 70% de las ganancias mientras que las plataformas obtienen cerca del 30% restante del total. Pero más allá de esta crítica, es necesario considerar de suma importancia los efectos materiales – concretos que surgen de las operaciones efectuadas en el lenguaje. Es esta una operación ideológica en sentido estricto, la cual hace pasar como interés general un interés particular, convirtiéndose así lentamente en un sentido naturalizado por lxs agentes sociales.

Retomemos lo que nos compete luego de un paréntesis, (a mi entender, necesario). Los sistemas de pagos en estas plataformas digitales de empleo están mediados por las plataformas mismas. Lxs trabajadorxs, en muchos casos, no tocan el dinero de lo que pagan lxs usuarixs consumidorxs ya que estos muchas veces se efectúan por medio de tarjeta de crédito u otras formas. De esta manera, las empresas dueñas de las plataformas acumulan durante un tiempo determinado el dinero entrante, permitiendo que este funcione como colchón de sus negocios para operar financieramente. Al fin y al cabo, la dependencia jurídica que existe entre la plataforma y lxs usuarixs no se condice con el grado de dependencia técnica y económica que lxs usuarixs tienen para hacer uso de la plataforma y realizar su trabajo.

Resulta evidente que se necesitan con carácter de urgencia políticas para pensar cómo regular este sector del trabajo. Pero para ello, primero es necesario medir, y para medir, primero hay que conceptualizar. No es lo mismo medir la pobreza con determinada conceptualización que con otra, esto puede cambiar drásticamente el índice de pobreza existente en determinado territorio.

“Una de las cuestiones más importantes es que estos trabajadores están siendo invisibilizados por las estadísticas oficiales. Lo que no permite, por un lado, diseñar políticas específicas que tiendan a proteger y mejorar sus trayectorias laborales, sino que también es imposible identificar cuáles son los impactos de las políticas de alcance global a este segmento de trabajadores en particular.”

Javier Madariaga, Economista CIPPEC,

Plataformas, Episodio 4: “Las bases del freelanzariado”, 2019, Revista Anfibia

Si toda ley constitucional es producto de un debate surgido del seno de determinada sociedad con el objetivo de atender problemáticas que se desarrollan en ese momento histórico y, como dice Srnicek, el nuevo modelo de negocios que emergió de esta etapa capitalista eventualmente es un nuevo y poderoso tipo de compañía, la plataforma, es necesario poner en agenda pública la discusión sobre la elaboración de políticas que permitan atender cuáles son las implicancias del surgimiento de este nuevo modelo de negocios, cuáles son los mecanismos más adecuados para lograr una regulación que ampare a lxs trabajadorxs, cuáles son los límites de acción para impedir su expansión monopólica, qué mecanismos de ganancias adoptarán tales plataformas, cómo se regulará el acceso irrestricto a los datos por parte de las plataformas, entre otras cuestiones de carácter urgente.

Mencionamos la palabra datos, pero no hemos especificado hasta aquí a qué nos referimos con ella. Según Srnicek, a las plataformas no les es necesario construir un mercado desde cero, ya que estas generan una infraestructura general básica para lograr la mediación entre diferentes grupos. Esto es una ventaja en comparación a los viejos modelos de negocios en lo que respecta a los datos ya que una plataforma logra posicionarse a sí misma, por un lado, entre usuarixs, y por otro lado, como el espacio sobre el cual se desarrollarán sus actividades. Esto habilita a las mismas a que puedan acceder de manera privilegiada a los datos que pueden extraerse de las actividades en cuestión, entendiendo a los datos como la información de que “algo” sucedió, y a las actividades de lxs usuarixs como la fuente natural de aquellos datos, según define Srnicek.

Existe toda una bibliografía muy extensa abocada al rol central que obtienen los datos en el capitalismo informacional o cognitivo. No será esta la ocasión para retomar tal registro, pero sí es necesario pensar que si los datos son el bien preciado por antonomasia en la era actual, no podemos obviar que la regulación estatal tiene que atender esta cuestión. Otra urgencia es atender y estudiar lo que Srnicek llama “efectos de red”. Esta es otra de las características principales de las plataformas digitales (no sólo de empleo, sino también de redes sociales, etc.). Los efectos de red implican que, mientras más usuarixs utilicen una plataforma, más valor adquiere la misma para el resto de lxs usuarixs, lo cual lleva a una tendencia natural a la monopolización, por eso estas plataformas digitales pueden ser consideradas como mediadores dominantes. Esto, entre otras cosas, es lo que debe atenderse por medio de regulaciones necesarias para impedir su accionar, no sólo sobre el mercado de bienes y servicios, sino también sobre el mercado laboral, ya que esto último habilita a que establezcan sus propias normas de acción sin importar los reclamos sus trabajadorxs.

Lee todas las notas de:
“Las infraestructuras digitales que supimos conseguir”

Mi viejo empleo ya no es lo que era

Estas modificaciones en los modelos de negocios que introdujeron las plataformas, tales como los cambios de gestión sobre la fuerza de trabajo de lxs trabajadorxs y las nuevas formas de control sobre su desempeño laboral, entre otras, trae consigo una modificación profunda en la autopercepción de lxs trabajadorxs en tanto tales, es decir, una modificación en su subjetividad. En palabras de Michel Hardt y Toni Negri, el pasaje desde la dominación de la industria a la de los servicios y la información, es un proceso de posmodernización económica, o mejor aún, de informatización y, en tanto tal, acarrea consigo alteraciones en la subjetividad de lxs sujetxs que conviven dentro de tal orden.

El acento puesto por parte del Estado sobre su función represiva es una de las características principales del modelo neoliberal, modelo que opta por desregular todas las operaciones del mercado para librar sus fuerzas productivas y que estas sigan su “natural desarrollo”. No es casual que durante los cuatro años que gobernó la alianza Cambiemos en nuestro país, (un gobierno de características políticas, económicas, culturales y sociales neoliberales), se hayan abierto las puertas para que la mayoría de las plataformas digitales de empleo ya mencionadas se instalen en la Argentina y encuentren terreno fértil para maximizar ganancias y esquivar tanto regulaciones impositivas como también las que corresponden al campo del derecho laboral.

También es cierto que, aún con sus altos niveles de precarización laboral, una gran cantidad de personas que sufrieron deterioros en sus condiciones económicas o que fueron despedidas de sus puestos laborales, optaron por ofrecer su fuerza de trabajo en las plataformas digitales de empleo. No obstante, esto no ha traído bonanza económica en términos generales a la clase trabajadora en cuestión, mucho menos alivios psíquicos. Son muchos los testimonios de trabajadorxs de estas plataformas que ponen en evidencia las alteraciones que sufren en el orden de su vida cotidiana producto de la precarización laboral a la que los lleva las modalidades de trabajo y contratación de plataformas como Uber, Rappi, PedidosYa, etc. Los límites del tiempo de trabajo para estxs trabajadorxs se confunde con el tiempo de ocio ya que con sólo abrir una aplicación, el tiempo ocioso puede convertirse fácilmente en tiempo de trabajo. La tan conocida y numerosamente enunciada “auto-explotación” no es más que la modulación que estas plataformas de empleo trazan como camino único para que lxs trabajadorxs accedan a ingresos económicos más elevados. El resultado de esto son jornadas laborales muy extensas, aumento de padecimientos psíquicos y físicos, y un alto nivel de accidentes de trabajo, entre otras consecuencias.

La batalla ganada por parte de las plataformas de empleo, (hasta el momento), trata en haber llevado a lxs trabajadorxs a discutir condiciones de trabajo básicas que, dentro del capitalismo industrial, el modelo del Estado de Bienestar habría saldado en mayor o menor medida. Antes de discutir aumentos salariales, vacaciones, aguinaldo, licencias por enfermedad o por estudio, maternidad y/o paternidad, etc., se obliga a que lxs trabajadorxs peleen por no quedarse sin trabajo por haber entregado un pedido fuera de tiempo o no tomar cierta cantidad de pedidos seguidos. Esto puede entenderse como el puntapié para una nueva configuración en la subjetividad de lxs trabajadorxs contemporánexs en el capitalismo de plataformas: la pelea por no perder el trabajo resulta, a efectos concretos, más urgente para cualquier trabajador/a de plataformas que la pelea por obtener un recibo de sueldo.

La ideología de estas plataformas (tanto de Rappi, Uber, Glovo, etc.) es la de que “no hayan ganadorxs y perdedorxs”, sino que “todxs se desempeñen en un plano de igualdad total“. Pero eso en la práctica arroja un resultado muy desequilibrado a favor de quienes acumulan ganancias exorbitantes en detrimento de quienes no reciben más que agotamiento. Esto es pensado de manera premeditada por estos modelos de negocios propios del capitalismo cognitivo, informacional o de vigilancia: “Todo se debe procesar en términos individuales”. Quizá esta sea una de las razones por las que tanto le cuesta al sector trabajador de las plataformas digitales de empleo lograr organizar el descontento para que el trabajo sea concebido, no como lo que antiguamente era, ni como lo que actualmente es, sino como un nuevo paradigma.

TEXTOS DE CONSULTA: 

  • HARDT, M y NEGRI, A. (1999), “Posmodernización o informatización de la producción”, en Imperio.
  • MADARIAGA, J., BUENADICHA, C., MOLINA, E., y ERNST, C. (2019), “Economía de plataformas y empleo: ¿cómo es trabajar para una app en Argentina?”,La economía de plataformas y las nuevas modalidades de trabajo en Argentina y el mundo., capítulo 1, CIPPEC-BID – OIT. Buenos Aires, 2019.
  • MADARIAGA, J., CAÑIGUERAL, A., y BAGÓ, C. (2018), Programa de Ciudades de CIPPEC (2018). “Ciudad digital: Claves para entender la Economía Colaborativa y de plataformas en ciudades”, capítulo 1, Buenos Aires: CIPPEC.
  • PÉREZ VIZZÓN, T. (2019), “PLATAFORMAS”, serie documental producida por la Universidad de San Martín en colaboración con Revista Anfibia. Link para ver on-line: http://revistaanfibia.com/cronica/plataformas-una-serie-documental/
  • SRNICEK, N. (2018), “Capitalismo de plataformas”, capítulo 2, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Caja Negra.
  • ZUKERFELD, M. (2010), “La expansión de la Propiedad Intelectual: una visión de conjunto”, bibliografía obligatoria del material de cátedra.