Las infraestructuras digitales que supimos conseguir (IV)

Si el insumo central de producción del capitalismo cognitivo lo generan las personas, ¿por qué no podemos decidir sobre los beneficios que genera? En esta última entrega nos permitimos soñar un mundo donde la robotización de la economía nos permita despertar los lunes con un café y un libro, mientras los algoritmos posibiliten pensar una renta universal para todxs.

Texto e imagen por Sebastián De Mitri

“No más miserables lunes por la mañana”
Mark Fisher

Liberación del tiempo de producción deseante, por medio del ingreso básico universal en el capitalismo cognitivo

Si el código (ley) es la producción de regulaciones que ordenan el espacio cibernético, tener control sobre el código habilita la posibilidad de modificar no sólo las relaciones que se establecen bajo ese código, sino también su arquitectura misma. Una alteración en el uso del joystick de comando puede socializar algunas cuestiones básicas sobre el funcionamiento del ciberespacio. Al mismo tiempo, si el código es de no-propiedad, o si las propiedades del código son “abiertas” (es decir, si se democratiza el acceso a la transformación de su estructura), pues entonces es posible una instancia donde sea el pueblo quien garantice su propia libertad. Por ejemplo, el copyleft no es un régimen de apertura del código fuente (open source), sino un derecho de propiedad particular, un derecho que instala en el corazón del derecho privado —utilizando las prerrogativas que confiere ese derecho— un elemento crucial del derecho público: la prohibición de privatizar para uso mercantil los productos derivados de un software que se deja copiar libremente. (Boutang, 2004).

Resulta sumamente escandaloso que seamos las personas quienes producimos el insumo central de producción del capitalismo cognitivo pero, al mismo tiempo, no tengamos posibilidades mínimamente de discutir qué se hará con ello. Si la humanidad es propietaria y consecuente sujeto de derecho colectivo de la información, el conocimiento y la cultura, debe inmediatamente comenzar a pensarse los medios técnicos, institucionales y organizativos, a través de los cuales se efectivice y ejercite tal propiedad (Cafassi, 2013).

Estirar los domingos: un deseo anti-lunes.

La oposición al capital no significa que uno tenga que mantener una postura anti-tecnología y anti-producción en serie. Esta perspectiva pasa por alto el entusiasmo que Lenin sintió por Taylor, el que Gramsci sintió por Ford, y el empeño tecnológico soviético en el marco de la carrera espacial, entre otros capítulos de la historia. No es novedad que el capitalismo ha tratado siempre de ejercer un derecho natural monopólico sobre el deseo. Pero la aparición de los bienes de consumo electrónicos ha permitido al capital confundir deseo y tecnología al punto tal de que el deseo por un iPhone se vuelve automáticamente idéntico al deseo de capitalismo a secas. (Fisher, 2019). Así comienza “Deseo poscapitalista”, el último capítulo de “Realismo capitalista. ¿No hay alternativa?” (Caja Negra, 2019), libro del británico Mark Fisher. Esta cita pone en evidencia cómo la tecnología (hoy tecnología de la información digital) está intrínsecamente relacionada en la vida cotidiana y el deseo de las personas. Sin embargo, no es cierto que esto pueda traducirse unilateralmente como un deseo capitalista. Podemos desear cierto tipo de conocimiento objetivado en determinados artefactos y desear, al mismo tiempo, que las relaciones de producción capitalistas sean abolidas.

Parece ser que el capitalismo, en su intención por codificarlo y representarlo todo, también intenta apropiarse de las variantes heterogéneas que puede adoptar el deseo humano y homogeneizar su multiplicidad ontológica. Como dijimos antes, el tiempo de producción deseante queda subsumido (bajo la lógica y operación del capital) al tiempo de producción socialmente explotable.

Las tecnologías propias del capitalismo cognitivo quedan (en gran parte) bajo una restricta posesión de la lógica del capital. La robotización y digitalización de la economía que desmaterializa el trabajo transforma al antiguo proletariado en un cognitariado, que pasará a depender de su capacidad para gestionar información y producir servicios culturales (Srnicek, 2018). Gestionar información y producir servicios culturales parece ser lo único que nos queda, pero, ¿no es acaso lo que hoy hacemos?  Veinticuatro por siete estamos produciendo datos (información de que algo sucedió) (Srnicek, 2018), y no existe reconocimiento alguno por parte del Estado o el mercado por nuestro trabajo full-time.

La tarea de producir datos consiste en enviar una señal de lo que estamos haciendo al ciberespacio. Es orientar tráfico, rastrear origen y determinar destino de cierta cantidad de “bits” en función de la supervivencia del mercado, básicamente lo que hacemos a cada segundo que atendemos o dejamos de atender las publicidades que se nos presentan en nuestras pantallas, lo que hacemos al abrir y cerrar cierta cantidad de veces determinadas aplicaciones en nuestros smartphones, o al compartir una imagen vía redes sociales, al subir, descargar, compartir y/o reproducir un tema musical tantas veces por día, y miles de etcéteras más. Esa información que brindamos es lisa y llanamente un flujo de ganancias limpio para quienes controlan las plataformas tecnológicas y para algunos sectores usuarios que intermedian en ellas.

Algo característico de la etapa actual del capitalismo es que la escasez del principal insumo productivo, la Información Digital, es puramente artificial. Así, la voluntad de extensión de la propiedad intelectual (las patentes y el copyright) parece representar el intento de subsumir los Bienes Informacionales al concepto de propiedad privada, mediante la limitación de su socialización. (Zukerfled, 2018). No es posible que seamos quienes producen la información digital y que los bienes informacionales terminen en manos de unos pocos, como tampoco es posible que la producción de dicha información digital sea a cambio de más estrés, ansiedad y depresión para el cognitariado.

Es posible que la demanda por la renta / ingreso básico universal sea una manera de superar lo que Ranciere llama la melancolía de izquierda (Rancière, 2010) (la crítica que reproduce que todo tiempo pasado fue mejor, sin propuesta alguna). Algo es seguro: un reclamo de esta envergadura sería introducir una escena de disenso frente al pedido universal por parte de la clase trabajadora desocupada de “más trabajo”. Una escena de disenso en tanto pone en jaque un punto nodal (Laclau, 2006), un discurso hegemónico, un “sentido común básico”, para intentar pasar a una redistribución de las posiciones de igualdad.

Si el capitalismo ocupa sin fisuras el horizonte de lo pensable (Fisher, 2019), entonces es muy difícil poder imaginar un mundo donde el trabajo no sea el ordenador de derechos, relaciones sociales y futuros próximos. Ese es el desafío más interesante que tenemos en esta etapa, poder pensar más allá de los límites imaginarios que ofrece cultural, política, social y económicamente el capitalismo. La gran conquista del salario, que debilitó profundamente el carácter esclavista del trabajo, fue el acceso a la protección social y la extensión de esta protección a la familia de los titulares del empleo en la economía manufacturera. Sólo un nuevo debilitamiento del salario mediante la atribución incondicional de una renta de existencia a todas aquellas personas que, de principio a fin de todo el proceso de la producción material garantizan su beneficio, permitirá: derrotar a la exclusión, desarrollar una presión suficiente sobre el mercado para conducirlo a un régimen no de pleno empleo, sino de otro tipo de empleo, garantizar la renta de los asalariados de la sociedad de la información, procurar a los autores una independencia mucho más fuerte frente a los intermediarios financieros y materiales que administran hoy el sistema inoperante y hemipléjico de los derechos de propiedad. La verdadera respuesta al nuevo movimiento de los cercamientos consiste en operar sobre el salario, el mismo tipo de innovación que la licencia del copyleft ha operado sobre el derecho de autor y sobre el derecho de reproducción del software. Una hermosa tarea para el siglo XXI. (Boutang, 2004).

¿Quién dijo que los robots, por medio de una apertura y/o reestructuración del código imperante del ciberespacio, no pueden funcionar como alternativa de desconexión del capital? Los robots liberan a la mayor parte de la humanidad del trabajo y todos se benefician de las ganancias: no tenemos que trabajar en fábricas o ir a minas o limpiar baños o conducir camiones de larga distancia, pero podemos coreografiar y tejer y cultivar un huerto y contar historias e inventar cosas y comenzar a crear un nuevo universo de deseos. (Lanchester, 2015). Quizá, encontrar otras formas de funcionamiento alternativas a la lógica del capital es alterando las formas de propiedad; para ello es urgente reclamar algo más que trabajo para todxs, quizá esté llegando la hora exigir renta básica universal, códigos abiertos y robots para todxs, una exigencia que reivindique los domingos, y que los lunes madruguen los algoritmos.

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“Las infraestructuras digitales que supimos conseguir”

TEXTOS DE CONSULTA:

  • BOUTANG, Y. (2004), “Riqueza, propiedad, libertad y renta en el capitalismo cognitivo”, bibliografía recomendada del material de cátedra. 
  • CAFASSI, E. (2013) “Cables, fibras, éter y plusvalía. Breves insinuaciones en borrador, sobre la indispensable reinvención comunicacional del espacio público y la resocialización cultural más allá de la física y la propiedad” en Hipertextos: Capitalismo, Técnica y Sociedad en debate. Vol 1, nro 0, pp. 21-52. 
  • FISHER, M. (2019) “Deseo poscapitalista” en Realismo capitalista ¿No hay alternativa?, Buenos Aires, Caja Negra. 

—————————– “Es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo” en Realismo capitalista ¿No hay alternativa?, Buenos Aires, Caja Negra. 

  • LACLAU, E. y MOUFFE, C. (2006), “Más allá de la positividad de lo social: antagonismo y hegemonía”, en Hegemonía y estrategia socialista, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
  • LANCHESTER, J (2015) “Los robots están llegando” en London Review of Books, 5 de marzo de 2015.
  • RANCIÈRE, J. (2010) El espectador emancipado, Buenos Aires, Manantial.
  • SRNICEK, N. (2018) “Capitalismo de plataformas” en Capitalismo de plataformas, Buenos aires, Caja Negra.