Las pibas conocen el pasado, militan el presente y se le plantan al futuro

La exigencia del cumplimiento de la ESI, el repudio a los estereotipos sexistas y la lucha como horizonte, así fue el Taller de “adolescencia y juventud” del #34Encuentro. Las pibas llegaron empañueladas y levantaron la voz. Conocen sus derechos y se organizan para el autocuidado. Saben que sus historias son también políticas.

Por Nadia Cascallares / Foto: Julieta Lopresto

En el marco del taller “Mujeres, adolescencia y juventud” se sentaron las voces de más de cien niñas, adolescentes y jóvenes, que sobrepasando cualquier prejuicio en cuanto a sus edades nos interpelaron a las pocas adultas que estábamos presentes a asumir las problemáticas actuales que las encuentran como principales afectadas.

A su vez saben que son protagonistas de esta revolución, se hacen cargo, no se escapan al compromiso de seguir luchando.Con sus pañuelos verdes Campaña en el cuello, en las muñecas, en la cabeza, y demás. Con sus mejillas llenas de brillos dan clases de oratoria a cualquier candidato varón en el atril del debate presidencial. Tienen la facilidad de mezclar tiempos verbales, porque conocen el pasado, militan el presente y se le plantan al futuro al mismo tiempo.

La estrella de ambos días fue la Educación Sexual Integral (ESI), la cual afirman que en ninguno de sus colegios se dicta de forma completa y transversal, aún más, en algunas regiones del país, no se aplica ni se nombra. Coincidieron que la exigencia de su implementación debe ser federal y el eje principal de los reclamos, para que sea prioridad en la agenda del nuevo gobierno. Alberto Fernández dijo en una charla en el Colegio Nacional Buenos Aires que “Si no cumplía sus promesas, salgan a la calle a exigir” No necesitan autorización, pero claramente es un archivo al que van a acudir.

Además de la ESI, las pibas debatieron sobre estereotipos de género y trastornos alimenticios, escraches, bullying, consumos problemáticos, desigualdades en las clases de Educación física y roles de las familias. Su principal reclamo fue que en ninguna parte del país, los Equipos de orientación escolar están formados para afrontar todas estas problemáticas, coincidiendo que en muchas escuelas ni siquiera hay equipo. En el mismo sentido, casi en unanimidad expusieron que sus docentes tampoco lo están, que muchas veces en el afán de intervenir, terminan generando procesos de revictimización. Sobre todo en situaciones de violencia.

Parte de sus conclusiones estuvieron centradas en exigir: intervención del Estado en capacitación docente y equipos técnico- profesionales, verdadera implementación de la Ley de Educación sexual integral, conocimiento de los protocolos de intervención y formar parte del armado de su contenido, directivos que  puedan dar prioridad sin subestimaciones a las problemáticas de acoso y maltrato entre compañerxs.

Las pibas se expresaron en primera persona y las que fueron por primera vez se sorprendieron de que sus situaciones no son únicas: “Tengo 12, un compañero se masturbó en el recreo enfrente nuestro y la directora solo nos dijo que seguramente es porque gustaba de nosotras”… “Mi mamá no entiende mi orientación sexual ni mi militancia”…
“Me molestan todo el tiempo”… “No sabía que nos podemos masturbar las mujeres hasta hace muy poquito”… “Desde los diez hasta los doce escondí la menstruación porque no entendía qué me pasaba”… “Estudio en una escuela agraria y salimos juntas siempre hasta la ruta porque siempre pasan cosas en el camino”… “Mi amiga
tiene trastornos alimenticios y no se como ayudarla”.

En el marco histórico de triunfo por parte de las militantes del fútbol femenino profesional, una niña cuenta: “Tengo nueve años y en la escuela no me pasan la pelota por ser nena, le dijimos al profe y nos arma un partido aparte, no les dice nada a ellos”. Estos fueron algunos de los tantos relatos. Fuertes, profundos, extremadamente personales, pero como estamos seguras: LO PERSONAL ES POLÍTICO.

Ellas se organizaron, se organizan y se seguirán organizando, porque se reconocen políticas y revolucionarias, porque saben abrazar a la compañera que contó que ya no tiene amigas en su escuela, como compartir la iniciativa de creación de consejerías de género en los centros de estudiantes. Nacieron en el siglo XXI y ya no quieren aguantar más, ni como nuestras abuelas, nuestras madres e incluso nosotras.