Las PyMEs en el ojo de la tormenta

Por Pedro Gaite*

La crisis internacional, en conjunto con las medidas adoptadas por el nuevo gobierno, golpean a la actividad económica local en su totalidad, especialmente a las PyMEs.

Se trata de un sector empresarial que emplea alrededor del 70% de los trabajadores y trabajadoras del país, y sus situaciones particulares no se catapultan a las tapas de los grandes diarios como pasa con multinacionales o grandes empresas, por lo que su crisis se traslada de manera directa sobre la clase trabajadora, aumentando el desempleo.

La baja en el poder adquisitivo del salario (con la consecuente caída de la demanda), la mayor importación de bienes de consumo de competencia directa, el aumento tarifario y el encarecimiento del crédito por las altas tasas de interés ponen en una situación realmente complicada a estas empresas. A partir de un relevamiento realizado a 14 cámaras empresarias y empresas se conocieron algunas pinceladas de la realidad de este sector.

En todas las ramas han caído las ventas, en su mayoría por encima del 20%. Asimismo la importación de productos finales de competencia directa es un creciente problema. Sólo una empresa  no manifestó sentirse perjudicada por la mayor entrada de importaciones. En cuanto al empleo, sólo tres empresas han mantenido la cantidad de horas extras de su personal; el resto tomaron esa medida de ajuste sobre su personal, reduciéndolas en mayor o menor medida.

Entre los empresarios entrevistados se encuentra Hugo Álvarez, presidente ejecutivo de la Cámara Argentina de Industriales Proveedores de la Industria del Calzado (CAIPIC) quien se mostró preocupado por las dificultades crecientes para sostener los más de 12.600 puestos de trabajo asociados a su cámara. También expresó haber eliminado en su totalidad las horas extras de su personal.

Si bien la caída en las ventas no ha sido homogénea en los distintos eslabones de la cadena, en promedio éstas cayeron más de un 20% en el primer semestre del año, en buena medida producto del crecimiento de las importaciones. A modo de ejemplo, la importación de pares de capelladas creció un 17% en el primer semestre, la de suelas un 34% y la de calzado terminado un 51%.

El resultado para el sector del calzado nacional es drástico: menos ventas, de las cuales una parte mayor se provee con productos importados, dejando fuera del mercado a la industria nacional. Si tenemos en cuenta que es un sector intensivo en trabajo y que emplea alrededor de 200.000 personas a lo largo de la cadena productiva, de continuar estas políticas el impacto sobre el empleo no tardará en notarse.

Los datos proporcionados por la encuesta demuestran la complicada situación que están atravesando las PyMEs. El gobierno continúa apostando a la entrada de inversiones externas en sectores extractivistas como eje del crecimiento, desestimando las consecuencias sociales de un esquema productivo que hace implosionar la demanda interna y abarata los productos extranjeros.

En este sentido,  el Gobierno aspira a mostrar que está dispuesto a reducir salarios como forma de incentivar esas inversiones. Esto empeora directamente las condiciones de vida de la clase trabajadora argentina y además, incluso si el objetivo fuese el crecimiento económico per se, no resulta una buena estrategia. Para poder competir con países como China o México la caída en el costo laboral debería ser bastante más pronunciada, escenario muy lejano en Argentina, dada la actual resistencia de distintos sectores sociales y sindicales al plan de ajuste.

Por lo tanto la caída ya desatada sobre el poder adquisitivo de los salarios no está estimulando la llegada de inversiones externas, sino que únicamente está impactando negativamente sobre el nivel de consumo. La reducción del mercado interno es relevante ya que el consumo privado explica más del 60% de la demanda agregada argentina. Las PyMEs son las más afectadas, pues la mayoría depende de ese mercado y son el eslabón empresarial con menor espalda financiera y condiciones más desventajosas para adaptarse a nuevas circunstancias. Sus dificultades muchas veces no llegan a las planas de los grandes medios, y los conflictos que protagonizan en ellas sus trabajadores y trabajadoras contra medidas de ajuste suelen ser pequeños, no involucrar grandes masas obreras, y ser además invisibilizados. Sin embargo su situación no debería ser dejada de lado pues en su conjunto emplean alrededor del 70% de la fuerza de trabajo argentina.

En tanto el gobierno insista en comprimir el mercado interno, ajustando tanto el gasto privado como el público, la “luz al final del túnel” será más un espejismo que una realidad.

*Integrante de Economistas de BASE