Las venas abiertas de Ayotzinapa recorren América Latina

Por Micaela Mandel y Gerardo Szalkowicz / Foto: Noelia Leiva

La “Caravana 43 Sudamérica”, conformada por familiares y sobrevivientes de Ayotzinapa, realiza un recorrido por distintos países de la región para visibilizar la vigencia de su reclamo: la aparición con vida de los 43 estudiantes mexicanos secuestrados por la policía de Iguala, estado de Guerrero, y desaparecidos desde el 26 de septiembre de 2014.

La gira comenzó en Argentina el 16 de mayo. Hicieron una primera parada en Córdoba, luego en Rosario y finalmente estuvieron en Buenos Aires. El 26 de mayo, al cumplirse ocho meses de los hechos, encabezaron una manifestación frente a la embajada de México y una marcha a la cancillería donde, junto a diversas organizaciones populares y organismos de derechos humanos, pidieron al gobierno argentino que intervenga en el caso.

En el acto de bienvenida a Buenos Aires, realizado en el espacio de Pañuelos en Rebeldía, Francisco Sánchez Nava, estudiante de la Escuela Normal Rural ‘Raúl Isidro Burgos’ de Ayotzinapa y sobreviviente de aquellos sucesos, aseguró que “fue algo bien planeado” y relató con detalles la fatídica noche: “Íbamos en tres autobuses. En el tercer autobús viajaban los 43, a ellos los bajaron a los golpes y los subieron a los patrulleros. Nos trataron como si fuéramos delincuentes”. También pidió que se esclarezca el caso: “Ya basta de jugar con los sentimientos de los familiares”.

Francisco, de tan sólo 19 años, denunció sin eufemismos la responsabilidad estatal: “Como ciudadanos mexicanos, tenemos unas autoridades cómplices, corruptas, represoras, asesinas, que han llenado nuestra bandera mexicana de sangre. Sangre de gente humilde, de gente pobre, de estudiantes”.

“Con el insoportable dolor es con el que nos paramos en frente del micrófono” fueron las primeras palabras de Mario César González Contreras, trabajador rural y padre de uno de los 43 normalistas. Padres y madres que se mantienen firmes y unidos, protagonistas de una lucha que nunca imaginaron. Mario continuó: “Aún más triste y más doloroso es aprender recién a los 45 años a levantar la voz por tener un hijo desaparecido”.

Pero el dolor los empujó a la lucha. “Así como los gobiernos están globalizando la desaparición forzada, nosotros tratemos de globalizar la vida”, pidió Mario, y mencionó la complicidad entre los medios de comunicación y el Estado: “Ahora ponen como Procuradora a un señora que es hermana del director de noticieros de Televisa, una de las principales cadenas televisivas. Es un pago por no decir la verdad, es un pago a la televisora por deslegitimar nuestro reclamo”.

“Fue el Estado”

Bajo esa consigna, los familiares de los normalistas insisten en que este es apenas un caso más de la violencia institucional que el pueblo mexicano sufre cotidianamente. “El gobierno dice que Ayotzinapa es un caso aislado. No es ningún caso aislado, hay más de 30 mil desaparecidos, miles de muertos”, aclaró Hilda Legideño Vargas, madre de otro de los 43.

“El gobierno mexicano da por muertos a nuestros hijos, siempre los han buscado muertos, pero nosotros no lo aceptamos. No hay ninguna evidencia que compruebe que nuestros hijos estén muertos”, aseguró Hilda. Y señaló los objetivos de la caravana: “Salimos a diferentes países a difundir la problemática que estamos viviendo en México porque queremos que todos nos unifiquemos, que hagamos del caso Ayotzinapa una sola lucha, que levantemos la voz. Nosotros como padres estamos desesperados, queremos ver a nuestros hijos, nos hacen mucha falta, así que les pedimos ayuda”.

Los policías de Iguala que fueron detenidos confesaron que entregaron a los alumnos al cartel Guerreros Unidos. Para la Justicia mexicana, ese grupo asesinó a los jóvenes e incineró sus restos en un basural del vecino municipio de Cocula. Pero esa versión oficial es rechazada por los padres y sobrevivientes, ya que Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que acompaña la investigación, no encontró identificaciones entre los restos recuperados y los 43 normalistas.

Hilda Hernández Rivera, madre de otro de los jóvenes desaparecidos, mostró su indignación sobre la versión oficial: “Primero nos dijeron que estaban en unas fosas que hallaron, luego que los restos de nuestros muchachos estaban en un basurero. Pero los peritos argentinos confirmaron que no había pruebas científicas para sostener tales explicaciones”.

Unidad desde abajo

La solidaridad desde los pueblos se multiplica. Así fue que los miembros de la caravana se reunieron en Argentina con los Familiares de víctimas contra la Impunidad. A pesar del dolor por los casos de gatillo fácil, las masacres, las tragedias y las inundaciones, estos familiares dieron su apoyo y compartieron la rabia y el coraje del pueblo mexicano. La actividad dio inicio cuando una mujer de tez morena se levantó de su silla con un cartel en la mano con la cara de uno de los normalistas y exclamó: “Soy Angélica, mamá de Kiki Lezcano, víctima del gatillo fácil. Pero también soy Jose Ángel Campos Cantor”. Luego se paró otra mujer: “Soy Vanina Kosteki, hermana de Maxi, asesinado en el Puente Pueyrredón en 2002. Pero también soy Miguel Ángel Mendoza Zacarías”. Y así lo hicieron otros 41 familiares de casos de violencia institucional, integrantes de organismos de DDHH -como Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora o la Asociación de Ex-Detenidos Desaparecidos- y militantes de movimientos populares. Numerosas experiencias de lucha acompañando y haciendo propia la causa por la tragedia humanitaria que vive México.

La “Caravana 43 Sudamérica” continuó su recorrido en Uruguay, donde el viernes pasado protagonizó una marcha desde la céntrica Plaza Independencia hasta la sede de la representación diplomática mexicana en Montevideo, Este lunes arribó a la ciudad brasileña de San Pablo, para luego seguir rumbo a Porto Alegre y Río de Janeiro, donde culminará el próximo 12 de junio.

La gira suramericana es la tercera que realizan los familiares de los jóvenes, luego de haber llevado sus voces y sus reclamos a Estados Unidos y Europa. Siempre con un mismo un grito, un grito que sigue sonando con fuerza y rabia por toda América Latina: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

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