Leviathan: una bestia importada de Rusia

Por Rocío Altinier

Ganadora del premio a mejor guión del Festival de Cannes, entre muchos otros, y nominada al Oscar como mejor película extranjera, Leviathan cuestiona a la ley y nos muestra una Rusia corrupta y melancólica. Retrato del film que provocó polémica en su país y el mundo.

 

“Dios ve todo lo que haces”, le susurra a la oreja el político corrupto (y quizás el adjetivo todavía le quede corto) Vadim a su pequeño hijo durante la misa del pueblo. Y es que Leviathan (2014) sabe cómo mostrar la unión de los discursos del poder: el burocrático (verborrágico y confuso), el religioso (adoctrinador e hipócrita) y sobre todo el político, que se muestra en su faceta más salvaje y a la vez más humana, porque en este film ruso lo humano es lo más peligroso.

El conflicto que abre el film de Andréi Zviáguintsev es el del ciudadano ruso Kolya (Aleksei Serebryakov), cuya propiedad va a ser tomada por el Estado bajo términos más que dudosos, para complacer los requerimientos del alcalde Vadim (Roman Madyanov) de la ciudad costera en la que viven. La historia narra los intentos de Kolya para poder apelar esta decisión y no perder su casa y taller en manos del Estado, aumentando los grados de tensión a cada minuto.

La propiedad privada, la ambición y las relaciones del hombre con lo material conforman un punto importante del film, pero en este caso, para Kolya, su casa representa algo más que el simple pedazo de tierra que el alcalde quiere para complacer sus proyectos: “¡Construí este lugar con mis propias manos! Aquí está toda mi vida. Mi abuelo vivió aquí, y mi padre”, grita el protagonista.

Un viejo amigo abogado y su esposa acompañarán a Kolya en su lucha, que toma caminos cada vez más complejos: ¿Es útil ir en contra de la autoridad? ¿A quién responde la ley? ¿Qué pasa con el contrato entre el ciudadano y el Estado? Leviathan muestra la peor cara de todas estas preguntas: “todos ustedes son insectos. Nunca tuviste un puto derecho, ni lo tendrás”, le dice el alcalde a Kolya.

El conflicto “hombre versus Estado” que plantea el film desde su comienzo se ramifica hasta mostrar no sólo las intervenciones políticas, la corrupción y el abuso de poder, sino también los conflictos personales entre los personajes: además de tener un quilombo con el político más poderoso de la ciudad, estar a punto de perder su casa y quedar detenido por querer golpear a un policía, Kolya tiene un hijo adolescente en plena etapa de rebeldía, amigos que lo buscan nada más para que les revise el motor del auto y un abogado que se quiere acostar con su esposa. Quién culparía a Kolya por pasarse el día a puro vodka…

Así, el film no se detiene sólo ante la batalla contra la maquinaria estatal rusa (punto que volvió controversial al film en su país, por las alusiones, aunque sutiles, a diferentes figuras políticas), sino que va más allá, e interpela al protagonista, y por qué no, a los espectadores, sobre el contrato (implícito) entre los hombres, los “iguales”, lo que en el barrio llamamos “códigos”. De acá parte el resto de la historia… Leviathan va transformando su narración para evidenciar también la hipocresía y la traición, como formas en que se expresan las relaciones humanas.

Entre la Biblia, la mitología y Hobbes, Zviáguintsev cierra su Leviathan como un círculo perfecto donde piensa al Hombre moderno y eterno a la  vez.

 

Podés ver la película a través de los siguientes links:

http://www.cinegolden.net/844-leviathan-2014.html

http://www.cinetux.org/2015/01/ver-pelicula-leviatan-leviathan-online-gratis-2014.html

http://gnula.nu/drama/ver-leviafan-leviatan-2014-online/

 

Otras notas de la autora:

Ida, de Pawel Pawlikowski