Libros: La Bolivia de Evo. Diez años en el país de las mamitas

Libros: La Bolivia de Evo. Diez años en el país de las mamitas

Por Leandro Albani. Antes de la presentación del próximo miércoles en el auditorio de FM La Tribu, Tomás Astelarra dialogó con Marcha sobre su nuevo libro, que plantea  la transformación de Bolivia. Los desafíos, logros y errores de un país en crecimiento. 

Un país en ebullición, con profundas contradicciones, que busca romper con su pasado colonial y que lleva a adelante un proceso de cambio político que abre grandes esperanzas. Su líder, Evo Morales, un dirigente sindical, que no terminó la escuela secundaria y forjó su vida en la lucha entre obreros, campesinos y pueblos indígenas, y que apenas unos días atrás obtuvo la reelección con más del 60 por ciento  de los votos, hecho nunca visto en el país. Es innegable que Bolivia atraviesa una transformación inédita y no ajena a conflictos. Desde los internos, hasta los intentos desestabilizadores de una oposición con fuertes tintes racistas que ve perder el poder, como también la injerencia de Estados Unidos. A su vez, los nuevos desafíos presentes, donde diferentes modelos de sociedad pujan para salir a luz. Las tensiones, vaivenes, logros y errores del país son relatadas por Tomás Astelarra, periodista, músico, escritor y economistas, en su reciente libro “La Bolivia de Evo. Diez años en el país de las mamitas”, editado por Sudestada.

Antes de presentar el libro este miércoles a las 19.30 en el auditorio de FM La Tribu (Lambaré 873), Astelarra dialogó con Marcha sobre una Bolivia que busca un destino todavía difuso.

-¿Cuáles son las contradicciones actuales que pueden llegar a definir el proceso de cambio en Bolivia?

-La contradicción más fuerte se da en el discurso acerca de la Pachamama o Vivir Bien. Se ve un gran proceso de empoderamiento de la población originaria que ocupa lugares estratégicos del poder judicial, político y económico, con un presidente de raíz indígena y complejas estructuras de pujantes comerciantes aymaras con negocios de informática con China, por dar un ejemplo. Hay una mejora económica de la población, una fuerte redistribución del ingreso y las infraestructuras de servicios; se salió de la pobreza y el analfabetismo, aunque habría que preguntarse medido por quién, no en términos estadísticos, sino en el sentido de si es válido llamar pobre y analfabeto a un anciano aymara que salvo dinero tiene todo para vivir, incluyendo saberes medicinales y curativos. Estos son logros muy positivos, incluso inimaginables hace diez años. Pero por otro lado se ve un avance de la población originaria en los antiguos espacios de ostentación social, como restaurantes caros o universidades privadas católicas. La propia hija de Evo Morales, Eva Liz, estudia derecho en la Universidad Católica de San Pablo, algo asó como la UCA en Argentina. Esto es lo que algunos analistas llaman “una borrachera de poder”, muestras de un poder innecesario y vanal, digamos occidental, que tiene que ver con el consumo o la legitimización social a través de la ostentación del dinero, conductas que también han transformado ancestrales costumbres, como los bailes de morenadas o el preste, en negocios o actos individualistas. Esta puja social y económica ha hecho muchas veces que grupos corporativos originarios, como los colonizadores de oriente (entre los que se hallan los cocaleros), hayan volcado su alianza de poder hacia los antiguos grupos oligárquicos, sectores agroindustriales de Santa Cruz, en una economía de exportación de soja y derivados. O que la ancestral y tan ponderada quinua se haya transformado en un monocultivo y negocio empresario individual en vez de comunitario y que sus precios  sea demasiado elevado y en los pueblos estén comiendo fideos importados que son más baratos.

-¿Las contradicciones también se observan en los movimientos sociales?

-Surgen sectores más ligados a posturas ancestrales o territoriales (como la CIDOB o la Conamaq) que comienzan a hacer resistencia a estas políticas y son reprimidos o criminalizados, bajo la excusa que están aliados con la derecha o el Imperio. Estos sectores se han levantado contra la nueva Ley de Minería, que según me contaba una compañera del Cauca Colombiano, es más procapital que la que hay en Colombia, porque prioriza el uso del agua de las mineras sobre la población y habilita la represión de las manifestaciones. El gran beneficiario de esta ley es el sector de cooperativistas mineros, principalmente dedicados a la extracción de oro, uno de los principales aliados del MAS. El gobierno justifica, al igual que en el caso de Rafael Correa en Ecuador, que no hay forma de salir de la pobreza sin acentuar el extractivismo. Hay muchos estudios y evidencias de lo contrario, por ejemplo de la Via Campesina. Pero en todo caso, si es cierto, asumamos que entramos en una visión occidental, desarrollista, y la Pachamama y el Vivir Bien quedaron un poco relegadas. Y si bien es una tendencia, tratemos que ese desarrollo no caiga en las situaciones de individualismo, consumo desmedido, violencia y represión que todos ya conocemos. La clave económica de hoy es el consumo, que es el otro lado de la ecuación de la falta de recursos, y no parece que los gobiernos de Morales, Correa o Kirchner estén haciendo demasiado al respecto. Se entiende que hablamos de calidad y no cantidad de consumo.

-¿La presencia y protagonismo de los movimientos sociales en Bolivia cambió mucho desde la asunción de Evo como presidente?

– Algunos analistas como Raúl Zibechi o Boaventura Santos sostienen que el hecho de que haya representantes de los movimientos sociales en el gobierno no quiere decir que la tarea de los movimientos sociales haya concluido. Hoy se ve que algunos movimientos sociales han comenzado a tener posturas muy críticas como respecto al gobierno, mientras que las políticas del MAS son alabadas por el FMI o los empresarios cruceños. Estos movimientos sociales “rebeldes” van de organizaciones indígenas como CIDOB o Conamaq, a históricos militantes como Oscar Olivera, uno de los principales líderes de la Guerra del Agua o grupos anarquistas o ecologistas a nivel urbano. Me sorprendió mucho una frase que me contaron que le dijo una dirigente otavaleña (de Ecuador) a Evo Morales en su asunción: “Tú estás entrando a una casa de ratas, que está hecha para alimentar a las ratas. Si no alimentas a las ratas, se te pondrán en contra, y tu pueblo pensará que no eres bueno para gobernar. Si tú alimentas a las ratas, algunos de tu pueblo te alabarán, serás buen gobernante, pero habrás traicionado la agenda de tu pueblo”. Mucha gente en los movimientos sociales pensó que el ascenso de Evo serviría para empoderar los mecanismos autogestivos populares, algunos modernos, como los de la Coordinadora del Agua, y otros muy ancestrales, como el sistema del ayllu. La realidad mostró un Estado mucho más fuerte, verticalista, conductivista, clientelar, a veces desconectado de las necesidades locales, sin las correctas fiscalizaciones, y muchas veces muy proclive a vicios humanos como la corrupción o el despotismo. Hay excepciones como el caso del Chapare, donde los sindicatos y el gobierno han conseguido una relación bastante fluida y constructiva, que pone en el en gobierno militantes con experiencia autogestiva con buenos vínculos con las bases.

-¿Cuáles son las tendencias en puja dentro del gobierno boliviano y del actual proceso de cambio?

-Entre esta visión pragmática estatal que quiere acumular poder, distribuir el excedente económico y solucionar la “pobreza”, y el resto mucho no le importa. Y otra visión más, llamemos, “pachamamesca”, cada vez es más reducida. La visión de “autodeterminación” de los movimientos sociales casi que fue descartada o se auto-descartó en los primeros momentos del gobierno del MAS. Hoy día hay focos de resistencia en el gobierno de ambas posiciones, pero no parece que tengan demasiado poder, y cada vez son más los descartados o auto-descartados que engrosan las filas de una oposición por izquierda, por definirla de algún modo. Es innumerable la lista de funcionarios que se han visto traicionados por el “proceso de cambio”. Aunque, tendrían que bajar de su enojo, su exigencia sobre los procesos, porque tampoco es que no se ha hecho nada. Los avances son evidentes y contundentes, es una buena base de apoyo. Y creo que es el momento de dejar las antiguas rivalidades e interceder, porque si no pasa que las listas del MAS cada vez están más llenas de políticos neoliberales reciclados.

-Después de entrevistar dos veces a Evo, ¿qué sensaciones y lecturas te quedaron de él como dirigente y presidente?

-Un ser humano, como vos, como yo. Con sus momentos bueno y malos, con actos de infinita lucidez y berrinches despóticos. Como cualquier líder de un país o una organización social. Sin lugar a dudas es un hombre de una intachable honestidad, de un trabajo incansable que uno no puede dejar de valorar. En mis investigaciones me sorprendí de ver un animal político impresionante, capaz de intuitivos giros de timón que sus colaboradores nunca entendieron pero fueron claves, y también con varias traiciones en su haber, a favor y en contra. Uno no se mete a la selva si no sabe matar. Es un hombre único y supongo que eso también explica el personalismo con el que se encara el proceso.