Lisbeth Montaña, desde Colombia: “Al uribismo se le cayó la careta”

Marcha dialogó con Lisbeth Montaña, integrante del Congreso de los Pueblos de Colombia, sobre lo que está pasando en el país hace más de una semana, la violencia policial, la militarización y la verdadera cara del gobierno de Iván Duque.

Por Agustín Bontempo e Ignacio Marchini / Foto de Lisbeth Montaña

Escuchá la entrevista completa:

Desde hace varios días que circula en las redes sociales y en algunos medios, principalmente alternativos y autogestivos, imágenes y videos de lo que está sucediendo en Colombia. Las escenas de violencia se replicaron rápidamente, así como también las muestras de resistencia y de solidaridad internacional con el pueblo colombiano. Colombia es un bastión del neoliberalismo, uno de los principales aliados de Estados Unidos para las políticas del imperio del norte para América Latina.

La semana pasada, el presidente de Colombia, Iván Duque, intentó imponer una reforma tributaria totalmente regresiva que, por ejemplo, aumentaba el IVA en alimentos y combustibles, entre otras medidas que perjudicaban a las clases medias y populares. El 28 de abril se convocó a un paro nacional desde muchísimos sectores que, luego de varios días, lograron frenar la reforma e incluso comenzaron a exigir más y mejores derechos. Este panorama, que apenas cumple una semana, lleva miles de heridos por la represión, decenas de muertes, vejaciones, violaciones.

Para saber más sobre lo que estaba pasando, en Antes que se acabe el mundo, el programa de Marcha en Trilce Radio, dialogamos ayer con Lisbeth Montaña, integrante del Congreso de los Pueblos de Colombia y colaboradora de este medio.

Los sucesos en Colombia son muy dinámicos, con un paro vigente desde la semana pasada, ¿cuál es la situación actual?

Hoy se cumplen 8 días de protestas masivas, se ha salido el 28 a la calle para hacer un reclamo masivo para que la reforma tributaria que venía en camino se frenara. Yo creo que no estaba en el cálculo de varias organizaciones, y pienso sobre todo en las sindicales, de que la movilización iba a seguir de esta forma tan grande y constante. Llevamos ocho días de expresiones de toda índole y sobre todo los jóvenes, las jóvenes, acuerpando la lucha en la calle permanentemente, día y noche.

Después del 28 nosotros creíamos que la movilización no iba a ser tan grande. Sin embargo, ante la forma de ignorar las voces de la protesta por parte del gobierno, pues la gente se dio cuenta que no sólo era la reforma lo que había que tumbar, sino que se venía un paquetazo de reformas y que además no sólo era solo este paquete de reformas sino también el régimen. Un régimen político que por más de 50 años, y sobre todo sus últimos 20 años, se ha venido endureciendo.

A raíz también de la crisis de la pandemia, que afectó al mundo entero, la gente se dio cuenta que, en primer lugar, éramos ignorados y, segundo, que la crisis y estas reformas las tenían que pagar la clase trabajadora y los más pobres. Entonces eso ayudó a que la movilización siguiera constante en las calles aun después de que Duque frenara la reforma -él creía que con frenar la reforma, la movilización iba a parar- y la gente ahora va por todo y está aquí todavía en las calles haciéndose sentir a pesar de la brutalidad policial, aunque esto ha costado casi 37 vidas, 11 víctimas de violencia sexual, 264 víctimas de la violencia directa, 341 intervenciones violentas a las manifestaciones. Así y todo no han podido lograr frenar, la rabia, la indignación pero también las ganas de transformar definitivamente el estado en el que está hoy la situación política y social en Colombia.

En lo que va del año ya han sido asesinados más de 50 líderes y lideresas sociales, por lo que la violencia policial y militar en Colombia es muy anterior a lo que está sucediendo ahora, ¿verdad?

Exactamente. Y creo que por eso la gente está con toda la calle. Si ves los enfrentamientos que se dan cuerpo a cuerpo, la gente sabe o siente que al Estado no le importa las vidas de las personas. Con o sin la reforma, la violencia va a seguir y aquí una de las exigencias es pedir que la desmilitarización de la vida sea una de las consignas más importantes porque están matando a la gente. La están matando en el campo sobretodo, donde la lucha no es visible.

Yo creo que uno de los puntos más importantes es que esto que el paro sucedió en la ciudad y es más visible, pero en el campo todavía siguen intactos las condiciones del conflicto y todavía se siguen asesinando a dirigentes sociales. El conflicto está en su punto más visible ya que se trasladó a las ciudades y yo creo que causa mayor impacto. Las organizaciones denunciamos que nos está matando la policía, nos están matando los paramilitares, se hizo evidente a través de todos los videos, todo lo que ustedes están viendo a nivel internacional. Esa violencia se hace ya gráfica, se hace explícita. Es una cosa que estábamos viviendo antes y en la actualidad en forma mucho más exacerbada con la militarización.

Hoy, por ejemplo, vivimos una cosa terrible. La policía, ante la caída de su imagen, decidió salir a las calles pero con policías vestidos de civiles. Hay videos mostrando las evidencias de que la gente en plena movilización tuvo que detener a mucha gente vestida de civil pero además con municiones, con armas que la misma policía les había entregado a esas mismas personas vestidas de civil.

Se hace difícil no pensar en la situación vivida en Chile, con el aumento de los boletos, o en Ecuador, con el aumento de los combustibles, en ambos casos fueron detonantes de una historia previa, ¿qué perspectivas ves en Colombia después de este paro?

Hay muchos retos hacia adelante. Hoy la movilización que está en las calles es una inmensa mayoría de la población que decidió salir porque la ha pasado muy mal este último año y medio de pandemia. Antes la pasábamos mal pero con el incremento de la violencia policial, la gente en las calles pide que cese. Y con la pandemia, por ejemplo, se militarizaron más los barrios, el aumento de la pobreza creció a un 42% y además con la reforma tributaria lo que se proponía era que quienes tenían que asumir los costos de las crisis de la pandemia debían ser los pobres y la clase trabajadora. Entonces la gente al darse cuenta que, encima que el Estado estuvo ausente con toda la crisis, hoy los reclamos es que sean los ricos quienes paguen esa crisis. Ese es uno de los llamados más importantes. Que la salud no se termine de privatizar y además se convierta en una mercancía.

Además, nos pone un reto al campo popular y es la necesidad de la lucha y tratar de escuchar y leer muy bien lo que está pasando en la calle porque nosotros como organizaciones sociales tenemos el reto de seguir nutriendo la movilización pero, además, esta vez ayudar a proponer una forma de diálogo, de organización misma de la calle. Hoy mismo se están proponiendo una especie de aperturas de cabildos para que la gente misma pueda seguir con este paro.

Otra consigna que se agita mucho es que Iván Duque se vaya del gobierno. La segunda es que definitivamente se baje la reforma tributaria porque lo que ha hecho el gobierno es parar el proyecto pero no quitarla de forma definitiva. Otra es la reforma de la salud, que no terminen de privatizar ni de precarizar a los trabajadores y trabajadoras de la salud. Y las y los jóvenes son quienes están poniendo el cuerpo, sobre todo en la pelea porque la educación sea pública y que la financiación a la guerra pare. Porque se supone que firmamos unos acuerdos de paz y, sin embargo, el gobierno sigue nutriendo el presupuesto militar. Y finalmente, que se desmonte el aparato represivo que hoy es el que ejerce el mayor foco de violencia en las movilizaciones reprimiendo el derecho a la protesta.

Estas situaciones, similares quizás a Chile y a Ecuador, evidencian que hay paraísos del neoliberalismo que son más bien una cortina de humo. ¿Qué legitimidad es la que tiene hoy Duque y su gobierno? Uribe trata de despegarse un poco, ¿verdad?

Lo que sucedió con el paro es muy valioso porque la imagen del uribismo ha sido siempre fuerte, también en lo militar que, ideológicamente, está muy presente en la cabeza de las y los colombianos, hay una cultura de lo militar a raíz de estos valores que el uribismo ha instaurado en la población: el militarismo, el patriotismo. Pero es muy significante ver como, por ejemplo, el uribismo se había apropiado de la bandera amarillo, azul y rojo como uno de los símbolos patrióticos de esta derecha y hoy siento que las y los jóvenes y la gente movilizada ha resignificado hasta la misma bandera.

Y creo que con esto que ha sucedido también se desenmascaró el régimen violento en el que estamos y por quiénes está patrocinado. Pero además hay otra cosa muy importante y es que aquí los problemas antes de los acuerdos de paz se los echaban a las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia): la corrupción era culpa de las FARC, la violencia era culpa de las FARC. Después de los diálogos y acuerdos de paz, hoy la gente se ha dado cuenta que los problemas de la corrupción, los problemas de los impuestos, los problemas de la reforma, los problemas que la sociedad colombiana ha tenido, son culpa de la derecha. Son culpa de este régimen que ha sostenido todas estas consignas ideológicas para dividir a la sociedad. Se le cayó la careta al uribismo.

Hace poco la Comisión de la Verdad entregó un informe donde mostraba el número de personas que fueron dadas como falsos positivos y el número escandalizó a la sociedad, fue 6402. Son jóvenes y jóvenas dadas como positivos o dados de baja y eran falsos. Es decir, los hacían pasar como guerrilleros y los hacían presentar como dados de baja en combate. Esa cifra y la viralización de lo que significa eso le ha hecho caer la careta a este régimen y la gente se ha dado cuenta que quien animaba la guerra era un grupo de la burguesía que está acomodado y que a la guerra la usaba para beneficiarse y para sus intereses políticos, que es mantener el régimen que ellos lideran.

Antes que se acabe el mundo se emite todos los jueves de 19 a 20 horas por Trilce Radio, con la conducción de Agustín Bontempo e Ignacio Marchini y la producción de Maru Waldhüter y Macarena Martínez.