Lo pos del porno, en clave popular

Por Andrea Sosa Alfonzo

La circulación y movimiento de sentidos adormecidos que trajo un debate que nada tiene de pos, cuando lo político y lo popular están en el centro. “La sexualidad sigue siendo uno de los campos de mayor disputa de sentidos”, expresó Milano en diálogo con Marcha. Un análisis en el que el sujeto popular también es capaz de atravesar las fugas, fisuras y fronteras.

 

Debatir acerca de sexualidades, corporalidades, prácticas sexuales normativas, diversidad funcional, deseo y placer, espacio público, cultura de masas, pornografía y géneros, entre otros aspectos, nos convierte en una sociedad madura. Nos hace crecer y transformar nuestros vínculos tanto en lo público como en lo privado. Y en este sentido, pensar nuestra sexualidad en esos espacios. Pensarnos en nuestras alteridades, pensarnos como sujeto social y popular. Probablemente son debates que a pesar de que ya existen en múltiples espacios y abordados desde diferentes lugares, quedan en la superficie y en ese sentido, continúan siendo marginales. Es necesario ingresar desde lo político y lo ideológico e incluir en este análisis al sujeto popular.

Cuando los medios de comunicación difundieron las imágenes de la performance de Posporno realizada a comienzos de julio en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y organizada por el Área de Comunicación, Géneros y Sexualidades de la carrera de Ciencias de la Comunicación de esa casa de estudios, pusieron en las mesas de las cocinas, de los livings, de las habitaciones de los adolescentes, de las doñas en los barrios, del supermercado chino y de la peluquería de las señoras de Alvear, un relato recortado y condenatorio sobre sexualidades, cuerpos y diversidad. Entonces las lecturas se profundizaron aún más cuando quedaron encasilladas bajo títulos como “escándalo”, “show”, “polémico”, “sexo sadomasoquista”, “escena porno en vivo en una facultad”, entre otras.

Todo el repudio y el rechazo visceral que surgió desde diversos sectores sociales sin importar su pertenencia de clase, quedó ligado a que esas cosas no se hacen en una facultad, pero sobre todo, porque esas cosas se hacen en tú casa. Sin embargo, poco se habló del “debate político sobre el lugar del posporno en la crítica a la pornografía industrial, capitalista pero también a los sentidos comunes establecidos sobre las sexualidades”, según María Alicia Gutiérrez, docente, investigadora e integrante del Área de Comunicación, Géneros y Sexualidades.

“El debate posterior –a la actividad– que duró como una hora y media, dio cuenta de los sentidos producidos por la performance y la importancia de reflexionar sobre distintas cuestiones: las formas diversas del placer, la crítica a los cuerpos como objetos y mercancías en una lógica capitalista, la distinción público/privado entre otras cosas”. Aun así, considera que “en la medida en que se viralizó (de manera fraccionada y amarillista) la actividad trascendió los muros universitarios”. Sin embargo, es necesario preguntarse que quedó de ese sentido político de la intervención.

Mediatizándonos

“La pornografía no puede existir sin mediatización, la potencia del medio y del soporte hace posible el efecto pornográfico”, publicó Gino Cingolani Trucco, integrante de la carrera de Comunicación de la UBA, en un post en su propio Facebook. La mediatización puede entenderse como esa relación de producción de sentidos entre medios, sujeto y expresión, pero yendo un poco más allá, es sobre todo el movimiento de un discurso, de un acontecimiento, de un texto a otro. Implica una transformación constante de los significados.

“Si el posporno causa incomodidad es porque nos pone frente a nuestras estructuras, a nuestros parámetros de lo normal en materia de sexualidad y corporalidades. Es decir, la incomodidad surge como efecto de las normas inscritas en nuestros cuerpos acerca de cómo debe ser el sexo, dónde, cuándo y para qué”, clarifica Laura Milano, comunicadora e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, autora del libro “USINA POSPORNO: disidencia sexual, arte y autogestión en la pospornografía” que presentó el mismo día de la actividad, de la cual participó como una de las organizadoras y performer.

La inmediatez en la que nos dejaron los medios de comunicación, podríamos decir que es casi un estado natural en el que se nos presenta la realidad. Tal vez en este sentido es donde podríamos acusar de ingenuidad a los organizadores y perfomers de la acción de Posporno enmarcada en el ciclo Miércoles de Placer.

Y es que esos derrames, esos límites, esos márgenes que exponen ciertas experiencias sobre repensarnos en la normatividad, son atravesados como una flecha cuando ingresan en el territorio de los massmedia. “El posporno se derrama por los márgenes y aparece ahí, en donde menos lo esperamos” agregó Trucco. ¿Pero dónde y de qué modo quedaron depositados esos residuos de la picadora de relatos? La inmediatez del acontecimiento fue a contrapelo de las intenciones de la performance que según Guitiérrez era “construir otras formas de existencia y otros mundos posibles, entre tanto otros mundos del placer”.

La mentirosa libertad de elegir

Y algo de lo que produjo repudio fue la cuestión de lo público y lo privado, esas fibras que se tocaron y datan de un debate tan antiguo como nuestra civilización misma. “No estamos hablando de cualquier forma de sexualizar el espacio público, sino de hacerlo desde corporalidades no hegemónicas y a través de prácticas sexuales no convencionales”, sostuvo Milano.

Qué elegimos. Qué se nos da como una imposición. Y cómo eso nos juega y nos significa sobre el espacio público. Estamos transitando un momento en clave de enfrentamiento entre lo que es lo impuesto versus la capacidad de elegir cuando se utiliza el espacio público. La libertad a transitar libremente ante un piquete o un corte de calle frente al derecho a un salario digno o a una vivienda o al acceso a la tierra o a no morir contaminado por glifosato. La puerta de salida de unos por sobre otros es el Código Civil o profundizar herramientas legales con tintes represivos. Todo dista de un serio debate cívico hacia nuestras representaciones legislativas para amplificar en escenarios de consensos qué queremos y cómo queremos vivir como sociedad.

También estos hechos son atravesados por la inmediatez de las lecturas que hacemos como sociedad, agravado por la espectacularización en la construcción noticiosa en los medios masivos y hegemónicos, tal como sucedió con la performance de posporno. Todos alguna vez fuimos ingenuas/os frente a esta capacidad. El recorte “descontextualizado y anclado en la búsqueda de lo escandaloso, dando como resultado un relato sesgado y cargado de valoraciones morales” se repitió nuevamente según Milano, pero en este caso “habla de que la sexualidad sigue siendo uno de los campos de mayor disputa de sentidos”.

También es significativo preguntarse por los debates sobre las sexualidades hegemónicas y no hegemónicas en el espacio público tras los muros de Sociales, que está ahí justito en el barrio de Constitución, tierra que por demás derrama sus márgenes. Es interesante preguntarse por lo político del debate: sobre el contenido en y para lo subversivo desde una mirada que trascienda el ámbito universitario como productor de conocimientos y sentidos sobre lo social.

Lo político y más

Subversivo del posporno, ¿subversión del sujeto? La construcción discursiva pornográfica, habita en unos espacios determinados que son aquellos mediatizados sobre todo por el cine y la televisión. También construyen sentido sobre qué porno tenemos, qué porno hacemos y qué cuerpos usamos. Si, el cuerpo como objeto. La incomodidad que generó este posporno reside en que lo político quedó fuera de escena y primó el cuerpo como objeto. Precisamente porque toda acción artística comunica, a muchos les pareció vacío de contenido ideológico quedarse con la “imagen”. Un marco sin texto ni contexto.

Según Trucco, “el posporno se puede interpretar, en el mejor de los casos, solo como algo incómodo o en el peor de los casos (…) en una versión un poco más hardcore de la pornografía tradicional”. El peligro entonces y aquí tal vez el abordaje marginal de un debate que como sociedad aún no hemos comenzado ni siquiera a transitar es que “el discurso pornográfico se puede comer al posporno de un bocado”.

Pero esto podría ocurrir no solamente porque esos límites entre pornografía y pospornografía pueden comenzar a desdibujarse, o porque desnormativizar y deconstruir las verdades asimiladas e instaladas en nuestras subjetividad social sobre lo que nos gusta o nos gusta, lo que nos da asco o preferimos están atravesados por construcciones de poder, sino porque el espacio público también es una construcción política.

“Yo quiero un pibe bueno”

Dice Josué Marcos Belmonte, más conocido como Ioshua, poeta, marica y artista plástico popular que falleció el 25 de junio a sus 37 años y vivió gran parte de su vida en la calle y en las villas. Y dice también: Yo quiero un pibe bueno que me ame / Yo quiero un pibe que cabalgue el barro y conozca el camino de su cama a la mía / Que no tenga miedo del ladrido de los perros a la noche / Que sepa encontrarme y reconocerme / Yo quiero un pibe bueno que se recueste suave / y abrace fuerte.*

Ese otro elemento que pone en juego lo político en contexto, es quienes fueron los sujetos interpelados. Este escritor gay y villero, activista por la visibilización de la disidencia sexual y de género, enfrentó la violencia y el desprecio pero también a una doble condena social –porque no hay peor que ser puto y villero–, desde la escena literaria y la música. Ioshua puso lo político en la escena del debate sobre sexualidad, junto a la corporalidad y los sentidos, pero además lo hizo desde una mirada popular, desde un lenguaje llano, con la clara convicción de mostrar crudamente lo que el patriarcado capitalista intenta negar, también hacia y en, las villas y barrios populares.

Cualquier expresión posmo se codifica desde lo marginal, ¿pero esto implica necesariamente dialogar con el sujeto marginalizado y oprimido por esa moral que es cuestionada? Algunas de las sensaciones que dejaron el pos de lo porno tornan complejo este debate y queda suspendida un abordaje que poco transita la constitución clasista hacia una transformación del sujeto en su constitución popular. Poner el cuerpo es un acto político y elegir dónde lo ponemos también. Que transgresión e incomodidad habrá calado hondo en el sujeto popular que vive en una villa, una casa tomada o un pensionado precario cuando vio el descontextualizado recorte que hizo un canal de TV hegemónico sobre lo que pasó en los pasillos de una facultad a la que sus hijos o los hijos de sus vecinos, les cuesta tanto acceder.

Que habrá sucedido en esos distintos territorios donde existe el desencuentro permanente entre la mujer y la liberación. El sujeto popular aun atraviesa, aun más precaria y peligrosamente, las discriminaciones de género y la feminización de la pobreza como elementos fundamentales de la opresión capitalista-patriarcal.

Este mundo globalizado en el que el posporno ingresa por la puerta de atrás y casi a escondidas, fue iluminado con un proyector potente en la acción que se llevó adelante en FSOC. Profundizar este debate en la era en la que vivimos, globalizada y atravesada por la alteridad de lo otro, nos da algunos permisos. Pero la alteridad es el resto: lo no occidental, lo no globalizado, lo que queda del mundo afuera. Esa identidad que se expresa en términos antagónicos porque vivimos en una sociedad clasista y esto nos atraviesa como sujetos históricos.

Decimos entonces que el sujeto popular también es capaz de atravesar las fugas, fisuras y fronteras mostrando rasgos subjetivos diferentes de la femineidad, de la sexualidad y los cuerpos, que también pueden construir relatos y con esto, deconstruir los rasgos sociales y culturales normativos de la sociedad globalizada. Y estos espacios de debates, estos territorios deben ser transitados y también deben contener acciones performáticas porque sino, no hablemos de lo pos ni de lo subversivo de lo pos.

Ahora queda transformar lo que quedó como provocación en potencial cambio social que apueste a repensar las regulaciones cotidianas de nuestras expresiones, gustos e identidades en la diversidad, pero sobre todo desde un abordaje popular. Redefinir lo público desde un abordaje nuevo del espacio público y del espacio privado. Besa mi fantasma / Anúdate a mi espectro / Bésame con tus labios de perro dice Ioshua en su poema “Ladra”.

 

*Los poemas de Ioshua integran el libro Amor al barrio