Lo que no se dice sobre el Mundial 78*

Lo que no se dice sobre el Mundial 78*

Otro jueves de Panzeri, otro jueves de Marcha recuperando un paria, otro jueves aprovechándonos de la recopilación de Matias Bauso. Durante mayo y junio recordaremos que decía Panzeri sobre la inconveniencia del Mundial del 78, del cual fue solitario opositor. Cualquier similitud con la actualidad corre a cargo del lector.

 

Chaupinela Noviembre 1975

El Mundial 78 no se debiera realizar en Argentina por las mismas razones que un tipo que no tiene guita para ponerle nafta a un Ford T no debe comprarse un Torino. Si lo hace, es porque a alguien está robando.

Los argentinos nos hemos acostumbrado a vivir afanándonos unos a los otros. De mil maneras. Con precios subvencionados y con empleos públicos para todos (hay 250 ingresos diarios a la administración nacional, sin contar las provinciales y municipales, según se supo recientemente). El Mundial de fútbol es una variante de aquel acostumbramiento. Es un acto de robo a nosotros mismos. Consentido por la institucionalización del afano entre nosotros mismos. La magnitud de ese robo será considerablemente menor, desde que destituidos López Rega- Villones quedó atrás la “obligatoria” implementación de la Tv color, que no era obligatoria. Pero con cuya implementación alguien se habría enriquecido. Igualmente el costo de aquella orgía sigue siendo representativo de que los argentinos vivimos afanándonos los unos a los otros. El deporte es un medio para hacerlo. Basta reflexionar sobre las transferencias al exterior de futbolistas por los que se cobran millares de dólares, que muy rara vez ingresan al caudal nacional de divisas. De allí que sean necesarios tantos intermediarios y empresarios para vender un jugador. Porque vivimos esquivando leyes. Afanándonos entre nosotros mismos.

Borges dice que el nuestro es un país venal. Se lo nota de mil maneras. Algunas muy simples, infantiles. Se lo nota en la predisposición que tenemos para hacer “cadenas de la felicidad” como la del cheque a la del dólar. Se lo nota en la apología del delito que hacemos a través de la prensa. Se lo nota “en el no demasiado” enojo que nos produce Alonso exigiendo 250 millones extras por jugar un campeonato que está incluido en su contrato o 300 dólares por partido perdido. Las dos cosas proceden del acostumbramiento, hacemos del Mundial de fútbol una hipoteca pública.

Todos esos orígenes domésticos-infantiles de nuestros acostumbramientos a vivir afanándonos a nosotros mismos, determinan que queramos hacer el Mundial 78 aun a sabiendas de que nos va a ir muy mal, especialmente si lo ganamos. Porque lo vamos a ganar al estilo de Martín Fierro y el Viejo Vizcacha. O de Bairoletto o el Pibe Cabeza, delincuentes comunes con los que ya tenemos fabricado el mito de la delincuencia bondadosa, que también apoya el acostumbramiento nacional de afanarnos entre nosotros mismos. A ese rito también lo apoya otra tradición nacionalizada: no hablar, jamás, mal de un muerto, que es como los vivos que roban mientras viven, se aseguran su indemne e impune paso a la posteridad como Bairoleto y el Pibe Cabeza, por ejemplo, hoy convertidos, o a punto de convertirse, en santos de la milagrería componente de nuestro 51% de población entre analfabeta y semianalfabeta (datos oficiales). De allí el gran auge de la quiniela, la lotería, las carreras, el Prode y todo de lo que sea representativo de lo milagroso y el afano. De allí, también el Mundial 78, que el peronismo heredó de Lanusse, pero que no se atrevió a rechazar por temor a la impopularidad política, cosa que está muy lejos de haberse probado alguna vez como efectivamente un riesgo. Todo forma parte de una misma filosofía de vida. Como la cadena del cheque y su vasto mercado de imbecibilidad con un reducido mercado de inteligencia. Y todo eso es disfrazado “como lo popular”. Enorme mentira. Puesto que jamás lo deciden los pueblos.

Recuérdame con cariño

Allá por 1952 se realizó una aventura parecida a ésta del Mundial 78. Una empresa comercial del negocio deportivo, integrada por Renato Cesarini y Walter Navarra, embarcó al país, al gobierno, a todos los argentinos, en una “Vuelta Ciclista a la Nueva Argentina” con una enorme troupe de profesionales europeos. A mí me echaron de Radio Nacional y me llamaron antiargentino por adelantarme a los hechos y anunciar que iba a ser una gran estafa y un gran daño moral para el país. Lo fue tal cual. Irónicamente, a mí me tocó, años después, gestionar el perdón del tendal de acreedores nacionales y extranjeros que dejó aquella aventura supuestamente “patriótica” de estos dos italianos. Esta persistente consigna de hacer el Mundial 78 como desafío y promoción del país, me recuerda muchísimo a aquella otra. Su costo es sideralmente mayor. Pero la esencia es la misma. Estamos ante otra de las diarias muestras de nuestra venalidad ya casi étnica entre nosotros.

Con mucha frecuencia, ahora desde la oposición, Francisco Manrique postula moral argentina. Pide reconstrucción moral del país. Señala contrasentidos económicos y sociales que agudizan aquellas crisis. Pero, de pronto, se suma a los factores que las producen diciendo, como hace pocas semanas, en un comunicado de prensa: “Argentina debe mostrar al mundo que es capaz de organizar una competencia de la magnitud del desafío. El prestigio nacional está en juego”. ¿Desafío? ¿Prestigio nacional en juego?

No sé de dónde. El desafío nunca existió. Es tan inexistente como el deseo del pueblo de que se haga el Mundial con su dinero. El pueblo nunca fue consultado ni votó. Nadie nos desafió. Nos desafiamos solos. Nadie se juega su prestigio en el fútbol, si todos lo están perdiendo como país. Ya se lo jugó al prestigio.

En aquellas frases que Manrique saca de cualquiera de las muchas guitarreadas que las vienen propalando, también dice el interventor del Prode como impuesto a los bobos (según su propio bautismo) que si el Mundial 78 no se hace, padeceremos “vergüenza internacional”. Esto es hacer nacionalista al a estupidez. ¿Pasó vergüenza internacional Estados Unidos por renunciar, por razones económicas, a los Juegos Olímpicos de 1976 (programados en Denver), que ahora hizo suyos Montreal, en Canadá, con una prevista pérdida de 221 millones de dólares? ¿Pasó vergüenza internacional Chile por renunciar a los Panamericanos de 1975? ¿Pasó vergüenza internacional Brasil por renunciar a su papel de reemplazante de Chile, asumido ahora por México? ¿Pasaron vergüenza internacional Suiza, Israel, Egipto por renunciar a Juegos Olímpicos? ¿Se cerraron sus créditos en el exterior? ¿Perdieron contacto con el resto del mundo? Manrique y los guitarreros autores de aquellos inventos como el desafío en cuestión, parecen olvidar que la mayor vergüenza internacional de este caso la afrontamos si hacemos el Mundial 78. No si renunciamos a él. Lo del desafío existe, sí; pero en contra de nosotros mismos. De nuestra propia inmoralidad para andar comprándonos un Torino cuando no podemos abastecer una cafetera. ¿O Manrique supone que haciendo el Mundial 78 el mundo va a resolver nuestros problemas como premio o va a cambiar la opinión que tiene d nosotros? ¡Al mundo le importa un cuerno si somos capaces o no de organizar un campeonato de fútbol! Es una demostración que no acredita ninguna aptitud ajena a las obligaciones rutinarias del hombre. ¿O es que ahora organizar un campeonato del mundo supone certificar una aptitud sobrenatural? Si no podemos ni siquiera financiar un club, ni un campeonato interno, ¿qué conveniencia tiene para nosotros financiar un Mundial cuyos beneficios debemos entregarle en un 75% (en dólares) a los países visitantes.

El fútbol ha tomado un rol d estafador confeso para de ese modo ser estafador impune en la sociedad argentina. Diciendo que estafa, puede seguir estafando. Armando dijo una vez (ante la justicia): “Yo tengo derecho a cometer delitos…”

Por allí se ha dicho que la financiación se producirá con el aporte de divisas que vendrá a depositar en la Argentina el turismo extranjero que, según aquellos cálculos, llegaría a Ezeiza en centenares de aviones cargados de visitantes ávidos de conocer Buenos Aires y el resto del país. En julio de 1970, ya en pleno “operativo extorsionista y exorcista”, de ese trauma nacional que es el Mundial 78, un ex interventor de la AFA encaramado en la familia cientificista-empresarial del fútbol (Ferrari) decía que el Mundial Traerá 15.000 turistas a la Argentina. Y hacía cálculos de la inundación de dólares resultantes de esas visitas. Un cálculo no empresario, ni científico, de semejante posibilidad indicaba que se necesitaban 429 aviones de 350 pasajeros cada uno aterrizando en Ezeiza durante siete a diez días; 100 hoteles para 1.500 personas totalmente vacíos y que todos los argentinos renunciarán a ir al estadio d River para que su cupo de 100.000 personas fuera totalmente absorbido por aquellos turistas de los cuales un tercio tendría que conformarse con haber viajado a la Argentina para ver el Mundial en su hotel por televisión. Acertadamente Justo Piernes decía en Clarín del 23 de febrero de 1971, que el Mundial 78 es un nuevo surmenage argentino. El surmenage parece corroborado por los hechos. Limitado el Mundial a los 16 participantes tradicionales que con cuatro estadios se bastarían perfectamente, nosotros decidimos preparar cinco estadios. Tres nuevos que nos costarán 203.000 millones (por ahora) de pesos viejos. Y dos viejos, a ser reacondicionados a costos que dudosamente tendrá njustificación durante 25 días de 1978. Para la actividad local, todos esos estadios serán de un mantenimiento mayor a sus beneficios. El costo de mantenimiento de uno de esos estadios es al presente (1975) de no menos de 3 millones de pesos diarios.

$ 87.500 la entrada, ¿cuántas quiere?

Lo que no se comprende es que luego de decidirse la construcción de tres nuevos estadios para 60.000 personas en Córdoba, 50.000 en Mendoza y Mar del Plata, se anuncia oficialmente que los cálculos de aprovechamiento de los mismos durante los 38 partidos previstos son de 80.000 personas promedio en nueve partidos a jugarse en River, y 30.000 personas promedio en los otros 29 encuentros. ¿No bastaban para esos cálculos los estadios ya existentes? Aquellos cálculos están hechos sobre la base de que el Mundial es un campeonato de la FIFA y no de la Argentina. FIFA  establece los precios necesarios para llegar a una recaudación, también prevista en términos prefijos, pues el 75 % de los beneficios deben repartirse en dólares entre FIFA y los 15 países visitantes. El precio-promedio de las entradas será de 7 dólares por partido. En estos momentos, eso significa que el pueblo argentino deberá pagar esa entrada a 87.500 pesos viejos con la cotización de hoy, que al ritmo de devaluación de nuestra moneda serán seguramente muchos más en 1978. No creo que a la solvencia económica del pueblo argentino permita esos cálculos. Lo más probable es que la mayoría de los partidos se hagan con estadios semivacíos, como es habitual en todos los campeonatos mundiales de fútbol. Pero a la hora de repartir recaudaciones, Argentina tendrá que aportar en dólares de cotización verdadera (no financiera, ni comercial, ni turista) el 75 % de lo que hayan pagado los argentinos y los pocos extranjeros que comparativamente a los anunciado estarán aquí presentes. La obligación de las transmisiones por televisión color no es un mero capricho sino la fuente mayor de ingresos del campeonato. Se hace verdaderamente difícil imaginar cuantos argentinos de Rosario, Córdoba, Mar del Plata y Mendoza estarán dispuestos a pagar 87.500 pesos por ver a Zaire, Israel, Bulgaria, Marruecos, Haiti, Paraguay y los muchos partenaires que vendrán entre los 15 visitantes. Argentina no saldrá de River.

Parecen suficientes razones de por qué no debería hacerse el Mundial 78, surmenage nacional. [1]



* La revista Chaupinela anuncia en tapa la guerra Muñoz-Panzeri. El relator firma un artículo titulado: “Por qué debe hacerse el Mundial de Fútbol en la Argentina”. Allí brinda su apoyo incondicional a la realización del torneo y expone una serie de motivos que demostrarían (según su visión, la dominante en esos tiempos) que el Mundial dejaría grandes ganancias económicas al país, más allá de los beneficios de “imagen” frente al mundo. En la página siguiente, Panzeri brinda sus argumentos absolutamente contrarios en este artículo que aquí se reproduce.

[1] La nota, también, contenía un recuadro titulado “¿La única verdad es la realidad?” y decía: “ El último Mundial 74 tuvo un quebranto de 900.000 entradas no vendidas porque el turismo extranjero fue muy escaso, pese a que Alemania estaba “cerca” para todos. Las ciudades de Colonia y Nuremberg rechazaron las sedes que intentaron adjudicarles, y el intendente de Colonia, Robert Weber, dijo por qué el 15/08/71 (en “La Opinión”): ‘Es mucho más importante la construcción de escuelas y hospitales que de otro modo habría que dejar de lado… por las insensatas demandas para que Colonia construya un estadio para 60.000 personas, tableros luminosos, estacionamientos para 15.000 automóviles… la población no está mayormente interesada en esto’. Y tuvo razón. Los alemanes no le dieron importancia al Mundial 74 en la proporción que desean los mercaderes del fútbol. México recibió, en 1970, 15.000 turistas por su Mundial. Inglaterra, en 1966, 20.000. Chile, en 1962, 3.000 ( y la cuota mayor fue de argentinos que no llegaron a mil). Brasil con su Minicopa de 1972 incendió 4 millones de dólares en organización digna de paredón para sus responsables, entre ellos el ahora amo del fútbol mundial, Joao Havelange, mientras 50 de sus 90 millones de habitantes siguen sepultados en el alfabetismo que el fútbol compensa con ‘imagen, prestigio y promoción’.