Los ajustadores de siempre: sin política de vivienda para el pueblo

Por Agustín Bontempo / Foto por Andrés Alvarez

A menos de una semana de las elecciones presidenciales, repasamos cuáles han sido las políticas de gobierno de cada uno de los principales candidatos a llevarse la victoria el próximo domingo.

Hace varios días que venimos desarrollando las diferentes decisiones y propuestas que los tres principales candidatos a presidente promueven para diferentes problemáticas que aquejan al pueblo trabajador. En esta oportunidad, nos centramos en las políticas de vivienda que cada uno ha efectuado en sus lugares de gobierno.

Si pensamos en la retórica discursiva tanto de Scioli, Macri o Massa, podemos afirmar que ya sea desde el desarrollismo, el neoliberalismo o el conservadurismo, los tres aseguran que la próxima etapa es la que va a darle a todas y todos los habitantes la posibilidad de acceder a su vivienda digna y propia. Millones de créditos presupuestario, planes de gobierno, integración urbana, son algunas de las ideas que esbozan. Sin embargo, en lo concreto, ninguno de los tres avanzó en esta dirección. Políticas orientadas a fortalecer la clase media o media/alta con apoyo del Estado Nacional ante la inacción de la provincia, especulación inmobiliaria para el sostenimiento del negocio para un reducto de empresarios, o la profundización de un sistema de paredes y exclusión, exclusivo para los sectores más pudientes, resume lo que hicieron en cada caso.

En casi nada estás vos

El primero de los candidatos que analizaremos es Mauricio Macri. El Jefe de Gobierno porteño se presenta, junto con su “equipo”, como el aparente cambio radical frente al kirchnerismo. Mientras semana a semana pierde puntos en las encuestas, Macri ha ido ajustando su discurso a una tonalidad más progresista, prometiendo incluso 1 millón de créditos hipotecarios si es que triunfa este domingo.

Sin embargo, los números del candidato de Cambiemos en cuanto a políticas de vivienda son devastadores. Durante su gestión al frente de la Ciudad de Buenos Aires, las villas han duplicado su cantidad de habitantes, alcanzando una cifra que ronda las 275 mil personas. Un caso emblemático es la Villa 31, donde según el censo realizado en 2009 habitaban el histórico barrio de retiro unas 27 mil personas, mientras que la cifra, al día de hoy, supera las 50 mil.

El caso del Barrio Padre Mugica es revelador, porque tiene el valor agregado de que, en el mismo año 2009, se sancionó la Ley de Urbanización Nº 3343, la cual nunca ha sido reglamentada por los sistemáticos encajonamientos de los y las legisladoras del Pro (que habían votado a favor de la ley) y la complicidad de gran parte de la oposición. Pero no es el único caso. Villas como la 1-11-14 de Bajo Flores, o la Villa 20 de Lugano, también cuentan con sus propias leyes. Por supuesto, incumplidas.

En la misma ciudad donde la única vivienda que crece es la precaria, hay 10 mil personas en situación de indigencia. A esta altura cabe la pregunta: ¿Y las políticas de Estado?

La gestión de Macri ha preparado el terreno para que los especuladores inmobiliarios puedan vivir en un paraíso financiero. Además de los casos mencionados, la gran ciudad es casi imposible para las personas que necesitan alquilar con sueldos que en la mayoría de los casos no alcanzan la canasta familiar. Así, mientras las y los trabajadores exigen a gritos una Ley de Alquileres que pueda favorecerlos, el Estado allanó el camino para que el 26 por ciento de las viviendas estén vacías y en manos de unos pocos empresarios que regulan los valores.

Por otro lado, se avanza en acuerdos como el famoso pacto Pro-K para que IRSA construya viviendas de lujos poniendo en riesgo la Villa Rodrigo Bueno, o se sanciona el Plan Maestro de la Comuna 8, para avanzar contra el espacio público y los barrios sin urbanizar de Villa Lugano, Villa Soldati y Villa Riachuelo.

Finalmente, lo único que le quedaba por hacer al Pro era cumplir con fallos judiciales que se amparan en la Constitución Nacional y de la Ciudad, ante la falta de avanzar con leyes que garanticen la vivienda digna. Sin embargo, eso tampoco ocurre, como fue el caso de Rodrigo Bueno donde el Pro apeló la decisión de Liberatori para urbanizar e incluir en la traza urbana a este barrio, o medidas para avanzar en servicios básicos en todas las villas de la ciudad.

El neodesarrollismo como retórica de la desidia

Daniel Scioli es el candidato elegido por el kirchnerismo para continuar con un modelo económico y político iniciado en 2003. Con respecto a las políticas de vivienda, el sciolismo se ha caracterizado por un quietismo preocupante. Si bien en la provincia de Buenos Aires se ha construido un número considerable de viviendas, su inmensa mayoría fue producto de planes como el Pro.Cre.Ar o el Plan Federal de Vivienda, dependientes, ambos, del Estado Nacional.

Pero aunque no fue una política de Scioli, nos detendremos en esto un momento, ya que son políticas del mismo espacio. No corresponde negar la inserción de estos planes, que le han dado solución a miles de personas. El problema central radica en que estos programas se han consolidado para fortalecer a la clase media en ascenso (la misma que luego retiró el voto al kirchnerismo) o, en el caso más optimista, a la clase media/baja. Con créditos más bajos que los que otorgan los bancos privados, planes de este tipo siguen siendo inalcanzables para los sectores más empobrecidos.

Yendo a lo concreto del sciolismo, el Banco de la Provincia de Buenos Aires ha entregado un número muy escaso de créditos, por sus tasas altas para la clase trabajadora.

En simultáneo, alquilar es muy complejo. Alrededor del 15 por ciento de las viviendas ocupadas en la provincia están bajo esta condición. El problema es que de acuerdo con el promedio de salario que hay en el distrito, una vivienda tipo de tres ambientes demanda hasta el 40 por ciento del salario.

Como si esto fuera poco, el mercado inmobiliario, en su expresión especuladora, tiene un funcionamiento similar al de la ciudad: casi el 20 por ciento de las viviendas están vacías y en manos de pocos empresarios.

Sin embargo, la problemática más grave está en la situación de los barrios más precarios. Según un informe realizado por especialistas en problemáticas habitacionales y en base a datos del INDEC, en 2006 más de 900 mil personas vivían en villas o asentamientos, solo en el conurbano bonaerense. Esta cifra casi duplica a la cantidad de habitantes que había en el punto máximo de la crisis que terminó de explotar en 2001. Si trascendemos esta zona y se contemplan los 135 partidos de la provincia, de acuerdo a un informe realizado por la ONG Techo, para el 2013 alrededor de 2.5 millones de personas vivían en los más de 1800 asentamientos y villas que hay en la provincia. Si contemplamos que según el último censo son más de 15 millones de personas quienes viven en la provincia, alrededor del 15 por ciento están en condiciones de precarización y ausencia de su vivienda digna.

Un tigre de zona norte

Es difícil equiparar la gestión de Sergio Massa con la de sus principales contrincantes por razones obvias. No es lo mismo gobernar un municipio con dimensiones tan desiguales en comparación con la Capital Federal o la Provincia de Buenos Aires. Sin embargo, su gestión adelanta algunas ideas y su campaña es por demás de elocuente.

Tigre es una zona conocida por lo bonita que se muestra para pasear y por la inmensa cantidad de countrys que allí se han instalado. Barrios cerrados y de lujo para los más ricos del país. Tal como ocurre en este y otras zonas, estos tipos de barrios suelen construirse sin contemplar impactos en el resto del territorio y, por lo tanto, de la población.

Así, cada vez que hay lluvias intensas, mientras los pudientes disfrutan de ver caer el agua, el resto de la ciudad se ve sumergida en una suerte de río que recorre las calles. Esto es producto de que los desagotes, las alcantarillas, las obras de infraestructura indispensables, no son las apropiadas, se hacen para los barrios cerrados o directamente no existen.

Pero el Tigre de Massa no es solamente un paraíso habitacional e inmobiliario. En el mismo municipio, existen alrededor de 40 villas y asentamientos. Esto es llamativo si contemplamos que mientras los barrios se consolidan en su precariedad, el presupuesto propio de esta ciudad asciende a casi 2 mil millones de pesos.

Repasemos algunos datos. Mientras que los barrios cerrados cuentan con los mejores servicios básicos, solo el 17 por ciento de los habitantes de estos barrios marginales cuenta con cloacas y el 35 por ciento gozan del beneficio de agua en red. Una cifra escandalosamente baja.

Pensar en las condiciones que se vive cuando no se cuenta con servicios básicos, las viviendas son estructuralmente precarias, cuesta acceder a los sistemas de salud y educación, puede explicar alguno de los puntos en los que hace hincapié Massa cuando habla de la problemática de la inseguridad. Sostenemos, contrario a él, que la inseguridad existente es la social promovida por medidas como las llevadas a cabo en el municipio de Tigre.

Sin embargo, sus propuestas a la hora de hablar de las villas, se reducen a la militarización del territorio. Esto es interesante, si contemplamos que en los barrios donde más fuerzas de seguridad del Estado hay, los casos de gatillo fácil, de zona liberada para los narcos, se acrecientan.

Es decir que, a pesar de las grandes diferencias que muestran discursivamente, los tres candidatos de los principales espacios políticos y gobernantes de los dos distritos más ricos del país, tienen en común la ausencia de políticas concretas para resolver la grave crisis de vivienda que, durante sus respectivas gestiones, se fue acentuando sostenidamente.