Los anuncios de Macri sobre “la guerra contra el narcotráfico”, o la etapa superior del Imperialismo

Por Carlos del Frade*

El periodista, que viene trabajando el tema del narcotráfico en la ciudad de Rosario y, en profundidad, la relación entre el ex presidente colombiano Álvaro Uribe y Mauricio Macri, desmenuza las declaraciones del Presidente: lo que hay detrás del discurso de la guerra contra el narcotráfico.

“La droga corrompe a las personas e instituciones… La droga genera un aumento exponencial de la violencia en la sociedad, ataca el núcleo más importante que tenemos en el país, que es la familia. Va captando chicos que terminan asesinando sin darse cuenta de lo que están haciendo”, dijo el presidente Mauricio Macri al lanzar el plan “Argentina sin narcotráfico”, en el predio de Tecnópolis, y sostuvo que hay que “ganar esta guerra”.

Agregó: “Claramente, necesitamos programas de acción temprana, de prevención, ahí es donde van los programas de la niñez, los centros de primera infancia, ahí va la mejora de la educación pública, ampliar los jardines en todo el país, ahí es donde tenemos que ganar esta guerra. Pero también trabajar en la inclusión social y laboral. Son campos donde tenemos mucho que hacer. No lo vamos a hacer de un día para el otro, pero lo importante es que ya hemos comenzado a recorrer el camino correcto”.

Ante representantes de los tres poderes del Estado, la Iglesia y organizaciones no gubernamentales, Mauricio Macri cuestionó con dureza a la gestión de Cristina Kirchner por la inacción ante el avance del narcotráfico en el país y prometió que el anuncio de su programa “no quedará en una foto”. Lo escuchaban con atención el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, un grupo de fiscales, los gobernadores y diputados y senadores, entre los que estuvo Sergio Massa. En ese marco, el Presidente aseguró que “no alcanza con una sola acción ni con una sola persona” para luchar contra el narcotráfico. “Algo que nos duele preocupa y nos ha degradado es el avance del narcotráfico en nuestro país. Lamentablemente, ha avanzado mucho frente a la negación del problema por parte del Estado, que no puso el tema sobre la mesa para entender lo que estaba pasando y cómo resolverlo”, afirmó, según lo publicado por el diario La Nación.

Hay coherencia en lo que dice Macri: guerra contra el narcotráfico y acciones en conjunto entre fuerzas de seguridad nacional y provinciales.

Lo que está dicho en el decreto 221 de enero de 2016 cuando dispuso la crisis en seguridad nacional y anticipaba el desembarco de Gendarmería, Prefectura y Policía Federal en distintos lugres de la Argentina, tal como ocurrirá en Rosario en breves semanas.

Es coherente el presidente Macri porque dice lo mismo que su amigo personal, el ex presidente colombiano, Alvaro Uribe, el que llevó adelante el Plan Colombia desde octubre de 2002 bajo las mismas matrices discursivas. Cuatro años después la “guerra contra el narcotráfico” se repetía en México y antes del Mundial 2014, en Brasil. Miles de consumidores consumidos muertos, el ejército en los barrios humildes y el narcotráfico floreciente. Colombia es la primera exportadora de cocaína; Brasil, el segundo y Argentina, la tercera.

Oídos sordos, premisas claras

La “guerra contra el narcotráfico ha fracasado”, viene repitiendo las Naciones Unidades desde hace más de cinco años.

Ni al imperio ni a Macri les importa.

La cuestión es el discurso de la guerra contra el narcotráfico. El caballo sobre el cual enancará su política de control social sobre las juventudes, tal como viene sucediendo en Colombia, México y Brasil.

“Argentina sin narcotráfico” es decir lo mismo que “Argentina sin capitalismo”, porque el sistema tiene cinco vías principales de acumulación desde hace décadas: petróleo, armas, medicamentos, narcotráfico y trata de personas.

Al igual que las otras actividades, también el narcotráfico es un negocio multinacional y paraestatal, viene de arriba hacia abajo.

El presidente Macri, entonces, presentó en sociedad el capítulo argentino de la etapa superior del imperialismo: la guerra contra el narcotráfico.

Dos cuestiones más hay para destacar sobre los dichos del presidente Mauricio Macri en la presentación del plan “Argentina sin narcotráfico”. Tiene razón cuando dice que “avanzó mucho en el país, frente a la negación del problema que había por parte del Estado”. Cuesta encontrar alguna mención al tema en los discursos de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, tal como lo dijimos durante años en libros, artículos y frente a la justicia. Pero cuando asegura que “la droga ya no es un problema de una región o una ciudad”, entendemos que se equivoca porque hay regiones, como la compuesta por Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, por ejemplo, que tienen particularidades propias debido a las privatizaciones de puertos, bancos provinciales, desarrollos inmobiliarios y crecimiento del negocio exportador que generaron un desarrollo propio de la actividad.

También tiene su propia lógica el narcotráfico en las provincias de frontera y otra original el comercio ilegal generado en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad de Buenos Aires, donde, con años de gobierno del PRO, las cárceles están llenas de consumidores (más de cincuenta por ciento están presos por mínimas cantidades de sustancias psicotrópicas) mientras los delincuentes de guante blanco gozan de impunidad.

El capítulo que viene se escribirá en la vida cotidiana de los rosarinos.

La segunda llegada de Gendarmería

Mil quinientos gendarmes ocuparán las calles rosarinas en las próximas semanas, según informó el Ministerio de Seguridad de la Nación. Esa es la respuesta a la movilización de más de veinte mil personas que durante la tarde noche del jueves 25 de agosto coparon la plaza San Martín, frente a la sede de la gobernación de Santa Fe, para exigir seguridad y fin de la impunidad.

El principal diario de la ciudad tituló: “Rosario expresó su hartazgo por la inseguridad”, síntesis de una marcha que originalmente fue convocada por las redes sociales y luego replicada por grandes medios de comunicación regionales bajo la consigna “Rosario sangra” y que devino en “Rosario se puso de pie”. El motivo fue la cantidad de homicidios en los últimos meses: entre el 17 de julio y el 19 de agosto hubo 24 crímenes en el departamento Rosario. “Algunos ocurrieron en ocasión de robo. En la mayoría de los hechos los agresores usaron armas de fuego y las víctimas fueron jóvenes”, sostienen las noticias.

El regreso de la Gendarmería Nacional es consecuencia, entre otras muchas cosas, del desastroso rol que está cumpliendo la Policía provincial, más cerca de asegurar el delito que de combatirlo; una cuestión que pone en evidencia, como en las otras provincias, la ausencia de democracia en cada una de ellas. Uno de los grandes problemas políticos del país es: ¿Qué se hace con las policías provinciales?

Son pocos los que recuerdan el anterior desembarco de Gendarmería Nacional del miércoles 9 de abril de 2014, cuando dos mil efectivos de fuerzas federales (Gendarmería, Prefectura y Policía Federal) llegaron a Rosario con la idea de desarmar 64 lugares donde, supuestamente, iban a encontrar armas, drogas, dinero y narcos en gran cantidad, y solamente hallaron gramos de sustancias prohibidas y muy poca gente.

A pesar de esos resultados magros, durante un par de meses hubo una especie de alivio en los barrios, cosa que fue diluyéndose mucho antes de fin de año. Los delitos mutaron y los homicidios, a pesar de esa fuerte presencia de Gendarmería Nacional, apenas se redujeron en menos de un siete por ciento.

Una vez más, el gobierno socialista de la provincia de Santa Fe y el gobierno nacional de Mauricio Macri repiten la matriz de fuerzas represivas federales ocupando territorios tal como hiciera el ex presidente de Colombia, Alvaro Uribe, a partir de octubre de 2002.

En forma paralela, ahora el gobierno santafesino anuncia un “megaplán” de seguridad, donde aparecen, entre otras cosas, modificaciones a las legislaciones penales y mayor profesionalización de las fuerzas policiales.

Frases que reaparecen. Recuerdos del futuro

El diario El País, de Cali, Colombia, aseguraba el viernes 12 de marzo de 2004: “El Gobierno Nacional está con Cali y nos va acompañar en este momento tan difícil de violencia que vive la ciudad, dijo al término del Consejo de Seguridad el alcalde Apolinar Salcedo Caicedo”.

El Mandatario de los caleños aseguró que el Presidente, además, “exigió a las autoridades de Policía y Ejército trabajar con efectividad para lograr la reducción de los índices de homicidios en la ciudad. Si no en un ciento por ciento, sí en un porcentaje muy importante y nos ha puesto una meta de tres meses para que eso se cumpla’”. “Para el Jefe de Estado la situación de la ciudad exige planes de choque y por eso respaldó las medidas de seguridad tomadas por la Administración Municipal que incluyen el toque de queda a menores y el plan desarme durante el mes de marzo”, agregaba la información.

“Toque de queda a menores”, era una de las consignas.

Algo parecido resuena en los pasillos de los tribunales provinciales santafesinos.

Rosario, la ex ciudad obrera, portuaria, ferroviaria e industrial, hoy convertida en ciudad financiera, vergel de los emprendimientos inmobiliarios a pesar de miles de familias que no tienen casa digna y geografía de servicios para los negocios exportadores, está sufriendo las consecuencias de la segunda vía de acumulación de dinero del capitalismo, el armamentismo desbocado.

La receta colombiana, resucitada por el decreto 221 de la administración de Mauricio Macri, tendrá su reedición en Rosario. La única diferencia es que todavía no está el Ejército. Algo que, en esa masiva marcha del jueves, también fue dicho en voz alta.

Mientras tanto, otra vez, los números dicen con claridad que la mayoría de los muertos son puestos por el pueblo de abajo, que son jóvenes y que son asesinados con armas, muchas de ellas procedentes de fuerzas de seguridad.

 

* Periodista, diputado provincial del Frente Social y Popular de Santa Fe.