Lucy en el cielo con diamantes

Lucy en el cielo con diamantes

Por Mariano Negro. Se estrenó Lucy, la última película de Luc Besson. Una mezcla entre ciencia ficción, acción y filosofía que se queda a mitad de camino.

Lucy (Scarlett Johansson) era una feliz estudiante que vivía en Taiwan con una amiga. Pero todo cambia el día en el que el pibe con el que hace un tiempo estaba saliendo le pide que le entregara a un tal señor Jang (Choi Min Sik, el gran actor de Oldboy) un portafolio. En la recepción del hotel, pide inocentemente por el señor Jang, pero al instante salen del ascensor varios muchachos bastante fornidos quienes, luego de matar a su novio (que la esperaba afuera) la conducen a una habitación donde la obligan a abrir el portafolio. En su interior había cuatro paquetes de una nueva droga sintética que estos traficantes buscaban colocar en nuevos mercados de Europa. Jang, ni lerdo ni perezoso, ve en Lucy la oportunidad de convertirla en una de las “mulas” que llevará la droga en su estómago hacia Francia. Mientras Lucy espera en una prisión a que salga su vuelo, recibe un golpe en el estómago que produce que la droga se esparza por su torrente sanguíneo hasta llegar a su cerebro. Esto provoca que pueda utilizar ciertas partes de su mente, aquellas que el resto de los seres humanos no utilizan.

De esta forma comienza la última película de Luc Besson; con una mujer, inofensiva, bella e inocente que, sin querer, con el correr del tiempo y utilizando cada vez más sus capacidades mentales, empieza a transformar su existencia y problematiza algunos aspectos de la vida humana tal cual la conocemos.

En paralelo a la vida de Lucy, sucede la historia del profesor Samuel Norman: un científico, interpretado exquisitamente por Morgan Freeman, que aparece en escena dictando una clase en la universidad, en la que explica el origen de la vida. Norman basa su teoría de la evolución del mundo en que los seres humanos vamos trasmitiendo de generación en generación un mapa genético que nos permite ir cambiando como especie. Al explicar la vida, dice que los seres humanos solamente usamos una parte de nuestro cerebro. Según el mito, nos relata, los investigadores descubrieron que solo el 10 por ciento de nuestras neuronas están encendidas y que si alguna vez alguien utilizara una mayor capacidad, aumentaría sus habilidades sensoriales y físicas. Por otro lado, el Profesor Norman también dice que, en momentos de caos y conflicto, todas las especies elegimos buscar la inmortalidad, mientras que en situaciones de calma y paz optamos por reproducirnos para transmitir el mapa genético a las próximas generaciones. Lo que en criollo sería: la evolución.

 Siempre tengo a mi lado a mi dios

En medio de una persecución mafiosa, se va tornando evidente cuáles son los cambios que sufre Lucy con el uso maximizado de su mente y cómo afectan su percepción del entorno. Como Neo en Matrix, que al tomarse la pastilla roja empieza a ver el mundo tal cual es, Lucy experimenta algo similar pero en lugar de transformar la realidad se sumerge en ella al tiempo que se va despojando de toda humanidad. Así, entre las primeras palabras que Lucy le dice a su amiga con la que vivía, apenas la visita luego del altercado con el señor Jang, es que “la identidad es un obstáculo”. Porque para la nueva Lucy, la que está usando en ese momento el 20 por ciento de su cerebro, las relaciones humanas, junto con su lenguaje y los objetos materiales, pierden importancia ya que son todas mediaciones que ocultan las “verdaderas” condiciones de nuestro existir. Al mismo tiempo, Norman continúa hablando frente al auditorio y expresa que “al ser humano le interesa más tener que ser”.

En ese instante nos entusiasmamos con la película, pensando que se va a transformar en una crítica de las identidades ilusorias que forjamos día a día bajo los parámetros de la ideología dominante. Creemos, entonces, que Lucy empezará a desprenderse de las falsas identificaciones a las que nos atamos diariamente, despojándose de la aparente seguridad que nos brindan. O lo que sería mejor aún, que por el otro lado Norman va a despotricar contra la cultura capitalista, ese conjunto de relaciones sociales donde las personas se valoran y vinculan por lo que compran o consumen, en vez de por lo que eligen ser.

Pero Lucy, la mujer más inteligente de la historia de la humanidad, en ese momento clave del film, elige llamar al profesor para preguntarle qué debe hacer con lo que le sucede. Y este le responde, como un fiel exponente de la tradición iluminista, que haga como él, que trasmita sus conocimientos al mundo. Justo ahí volteamos al pasillo de la sala de cine, movemos lentamente nuestras cabezas, miramos hacia nuestros costados buscando una mirada cómplice (que no aparece) y pensamos: “Luc, acabás de arruinar la película”.

La historia continúa con nuestra heroína buscando a toda costa encontrarse con el profesor Norman, mientras toda la mafia Coreana la persigue, lo que significa tiros y más tiros, para poder trasmitirle sus ideas. Con el correr de la película, y con el aumento de sus capacidades, Lucy se va convirtiendo poco a poco en la versión femenina del Dr. Manhattan de The Watchmen (sin ser azul), una especie de semidios omnipresente y omnisciente, a quien lejos va a quedarle su mirada crítica.

De esta forma, una historia que había comenzado con todo un abanico de miradas por despegar, que podría habérselas ingeniado para complejizar algunos de los temas que se plantearon en su comienzo, termina circunscribiendo la vida de nuestra protagonista solamente a su proceso de deshumanización en paralelo con el aumento de sus facultades mentales. Mientras más inteligente se vuelve Lucy y más conocimiento tiene sobre el universo, más abstraída está de la realidad humana. Al parecer, nuestra Lucy, termina eligiendo como hacen muchos de los intelectuales y artistas modernos que conocemos, encerrarse en una torre de marfil para cultivar su conocimiento y su arte de manera personal bien alejados de los problemas sociales del mundo.

Ficha técnica:

Lucy (Francia, 2014)

Director y escritor: Luc Besson.

Producción: Virginie Silla.

Música: Éric Serra.

Duración: 89 minutos.

Intérpretes: Scarlett Johansson, Morgan Freeman, Amr Waked, Choi Min-Sik.

https://www.youtube.com/watch?v=MVt32qoyhi0