Macri y el discurso de la “silla rota”

Por Federico Orchani*

¿Podrá el gobierno de Cambiemos recrear el programa neoliberal apelando a los mitos y lugares comunes sobre privatización, apertura comercial y flexibilización laboral?

La imagen remite a propaganda de la última dictadura cívico-militar (1976-1983). Una silla de fabricación nacional se rompe al sentarse una persona. Acto seguido aparecen otras sillas de origen extranjero, lo que obliga a la industria nacional a readecuarse a la nueva situación y mejorar –en teoría– la fabricación de sillas. De esta forma se intentaba justificar la apertura de importaciones que, en definitiva, destruyó la industria nacional. Una de las claves del plan neoliberal aplicado en Argentina por el Ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz junto a un enorme crecimiento de la deuda externa y el predominio del capital financiero. Luego profundizado en la década del 90 con el plan de privatizaciones durante la presidencia de Menem y flexibilización laboral con el gobierno de la Alianza, proyecto sepultado por la rebelión popular de 2001.

La frase de Mauricio Macri respecto del conflicto gremial en Aerolíneas Argentinas “nos cuesta dos jardines de infante por semana” remite a este imaginario neoliberal. El mismo que el periodista Bernardo Neustadt justificaba con sus palabras en defensa de la entonces privatización de los ferrocarriles durante el menemismo, al asegurar que les costaba a los argentinos “un millón de pesos por día”. ¿Podrá el gobierno de Cambiemos recrear el programa neoliberal apelando a los mitos y lugares comunes sobre privatización, apertura comercial y flexibilización laboral? La respuesta está en gran medida en la capacidad de organización y resistencia de los sectores populares y trabajadores argentinos, previo a una batalla clave, las próximas elecciones legislativas de 2017.

Respecto de esta pregunta y posible respuesta, vale traer la visión acerca del contexto que aporta Claudio Katz. “El crecimiento no aparece en el esperado segundo semestre y la recesión del 2-3% supera los promedios de las últimas caídas. También la inflación del 40% desborda los porcentajes habituales de la carestía. En lugar de avances hacia la pobreza cero, más de un millón de personas han sido empujadas a la miseria. Los asalariados formales perdieron entre el 8% y el 12% de su ingreso real y la tasa de desempleo se ubica en las zonas industriales por arriba de los dos dígitos. La desigualdad se expande en forma abrupta”. Lapidario, y sigue: “Hasta ahora la administración de Cambiemos no logró las ansiadas inversiones. Los únicos capitales que llovieron son los fondos golondrinas que especulan en el circuito financiero. Si se cumplen las estimaciones oficiales, la economía se encontrará a fines del 2017 en el mismo punto que estaba al concluir el kirchnerismo”.

Es previsible que sobre la base de dificultades que muestra el presente de la economía, el gobierno ponga sus expectativas en 2017. El objetivo, lograr una victoria en las elecciones de medio término para sentar las bases de gobernabilidad a mediano plazo, algo que por distintas razones no se termina de consolidar. Entre alguna de estas razones se encuentra el rumbo de la economía. Desde los primeros días, el gobierno de Macri viene aplicando un duro ajuste al bolsillo de miles de familias trabajadoras que repercute directamente en el aumento del costo de vida. Uno de los pilares de este ajuste, el tarifazo, ya sufrió una derrota en su aplicación cuando la Corte –que supo leer el malhumor social mejor que muchos funcionarios de Cambiemos– obligó al gobierno al llamado de audiencias públicas y a reformular los aumentos. Un nuevo capítulo de esta saga de aumentos se dio esta semana, ya que ahora son las empresas de electricidad Edenor y Edesur quienes reclaman un aumento del 31%. Según el diario Tiempo Argentino, el rechazo al pedido de aumentos durante la Audiencia Púbica celebrada en el barrio de La Boca fue unánime y se destacaron cuestionamientos el vínculo de Caputo (Edesur) con el presidente y la compra de Petrobras por parte de Midlin, dueño de Edenor.

En el plano político, el gobierno tuvo una semana fatídica. El Congreso fue el escenario de una fuerte crisis política para el oficialismo, con miras al próximo año. La caída de dos iniciativas estratégicas para el gobierno como la reforma del Ministerio Público Fiscal (MPF) y la marcha atrás con el proyecto de Participación Público-Privada (PPP) en la obra pública, dan muestra de una debilidad legislativa difícil de disimular para el gobierno nacional. Los objetivos del PPP son claramente cuestionables, van en la línea de reconstruir el entramado neoliberal del que ya hicimos mención. El proyecto que volvió a comisiones para su modificación implicaría más desregulación de la economía, allanando el camino para la privatización de servicios públicos. Hasta el periodista Marcelo Bonelli del diario Clarín se animó a comparar el PPP con la “Ley de Reforma del Estado” más conocida como “Ley Dromi”.

Memoria colectiva

La rebelión popular de diciembre de 2001 fue un punto de inflexión en la resistencia al neoliberalismo. En Argentina y en diversos países de la región se sucedieron movilizaciones y levantamientos de mayorías populares, con un saldo posterior de mejoras sociales y conquistas democráticas, con diferente grado de profundidad según los países. La crisis de 2001 tuvo diferentes aristas, una de ellas el cuestionamiento a la representatividad tradicional dando origen a una pluralidad de nuevos sujetos y expresiones políticas. El PRO fue una de ellas. Aunque suena paradójico, es también el imaginario de lucha y resistencias gestado a partir de las movilizaciones de mediados y fines de los 90 y principios de 2000 el que hoy pone límites a los objetivos restauradores del gobierno de Mauricio Macri. Un proyecto de restauración neoliberal que tiene su correlato en la región. De hecho el gobierno ilegitimo de Michel Temer en Brasil viene ensayando una serie de reformas de claro corte neoliberal que tienen como objetivo minar las conquistas y avances de la clase trabajadora y el pueblo brasilero.

El nivel de movilización social y conflictividad en Argentina ha sido importante, como señala Claudio Katz superando la media regional. En lo que va del año la conflictividad fue en aumento aunque con cierto grado de fragmentación. En ese sentido deben leerse las movilizaciones de trabajadores estatales contra los despidos del mes de febrero. El acto sindical de abril en vísperas del 1 de mayo que, como destaca Katz, confirman el fortalecimiento del sector de trabajadores asalariados. Los movimientos sociales y trabajadores de la economía popular, también se anotan en este repaso con una cantidad importante movilizaciones, cortes y ollas populares, poniendo en evidencia uno de los sectores de la clase trabajadora más golpeados por la crisis.

La masividad en la movilización hizo fracasar en varias oportunidades la aplicación de medidas represivas como al protocolo “anti piquetes”. De todas formas, preocupa el nivel de avance de las fuerzas de seguridad en las barriadas populares, como también la judicialización de la protesta que hoy mantiene presa a Milagro Sala.

En lo que resta del año no se define el futuro del gobierno, de hecho logro “negociar” con el triunvirato de la CGT –más el auxilio de Iglesia– el pago de un bono compensatorio en lugar de la reapertura de paritarias. Sin embargo, habrá movilización. Es claro que el monto del bono que pretende fijar el gobierno es miserable, muy lejos de recuperar el poder de compra de los salarios en relación al aumento de precios e inflación. El “tiempo” que negocia el gobierno y conceden algunos sectores, lo mismo que el tan manoseado “dialogo”, tiene sentido si se transforma en medidas y políticas públicas que mejoren la situación de los sectores más humiles. Los números que reflejan el aumento y consolidación de la pobreza, ponen esa proyección en duda.

A pesar de las dudas de la CGT y la rosca, el movimiento social mantiene los reflejos intactos. La movilización de mujeres contra la ola de femicidios y la violencia de género es un testimonio de esto. Lo mismo la reacción y repudio que generó el anuncio de recorte presupuestario en Ciencia y Técnica que hasta hizo tambalear al ministro Barañao. El camino que marca la movilización popular no debe ser subestimado. Por último, compartimos al igual que Claudio Katz que “sólo con victorias del pueblo y derrotas de los poderosos el país saldrá adelante”.

*Militante del Frente Popular Darío Santillán