“Me llamo Chavela Vargas, no lo olviden”

Después de estrenarse hace dos años en los cines, el documental “Chavela”, de las directoras Catherine Gund y Daresha Kyi, llega a la plataforma de Netflix. El documental es un recorrido íntimo y emotivo en la vida de la cantante, quien es un ícono de la música popular mexicana y del movimiento lesbofeminista.

Vanessa Vargas Rojas*

Hoy conocí a Chavela Vargas. Extraordinaria, lesbiana, es más, se me antojó eróticamente. No sé si ella sintió lo que yo. Pero creo que es una mujer lo bastante liberal que si me lo pide no dudaría un segundo en desnudarme ante ella. ¿Cuántas veces no se te antoja un acostón y ya? Ella, repito, es erótica. ¿Acaso es un regalo que el cielo me envía?”, se preguntaba Frida Kahlo en una carta enviada a su amigo y poeta Carlos Pellicer, luego de conocerla.

El 28 de noviembre de 2009, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, se le rindió homenaje a la artista nacida en Costa Rica, pero que se consideraba a sí misma como una auténtica mexicana (“¡los mexicanos nacemos donde nos da la rechingada gana!”, decía). Ese día se presentó su libro autobiográfico “Las verdades de Chavela” y el coleccionista Carlos Noyola le entregó el manuscrito original de la misiva, a pesar de que algunos cuestionaron su veracidad.

El amor era mutuo: “Fue un deslumbramiento verle la cara. Parecía un ser que no era de este mundo. Sus cejas juntas la hacían lucir como una golondrina”, resumía la artista sobre Frida. “Me enseñó muchas cosas y aprendí mucho, y sin presumir de nada, agarré el cielo con las manos, con cada palabra, cada mañana”.

Talentosa, intensa y enigmática, la joven Isabel Vargas Lizano no solo era capaz de impresionar a la mismísima Kahlo. El documental dirigido por la australiana Catherine Gund y Daresha Kyi que se estrenó en el Cine Arte Normandie aborda las múltiples historias de amor de Chavela y su pasión por las mujeres, pero también profundiza en las razones que llevaron a la artista a no declarar su lesbianismo públicamente en una época en donde ser visibles aún no era un objetivo común. Por esos días, más importante resultaba la tarea de amar sin límites y de ser fiel a sí misma, algo que la intérprete practicó y defendió siempre.

En “Chavela”, la historia de la artista no despliega tantos detalles desconocidos sobre su vida, pero entrega explicaciones, interpretaciones propias que ayudan a entender su universo rudo, solitario y adolorido. El trabajo comenzó en 1991, cuando Gund entrevistó a Vargas en su casa en Morelo, pero nunca publicó el resultado de esas conversaciones. Dos décadas después, se decidió a retomar el trabajo junto a Daresha para revelar el mundo personal de “La Chamana”, a seis años de su partida.

La resistencia y el rechazo de los padres a una joven Isabel que no disfrutaba de usar vestidos y que adoraba vestir pantalones fue el primer motor de su rabia. La escondían cuando había visitas en la casa para que no pudieran verla, se avergonzaban de sus actitudes masculinas. Apenas el matrimonio se acabó, con 17 años, decidió irse a vivir con sus tíos y luego viajó a su hogar elegido: México, “la tierra de hombres que me enseñó a ser como soy”, como decía, aludiendo al machismo del país azteca.

“Desde los 8 años cantaba en casa y en la escuela. No jugaba con muñecas como las demás. Era una niña triste y soñadora, que provenía de una familia religiosa con demasiados prejuicios. Mi madre era una aristócrata y mi padre se avergonzaba de mí. Me escondían cada vez que había visitas, porque temían mi comportamiento”, relata Vargas durante la cinta.

En los inicios de su carrera, Chavela no tuvo miedo de construir su identidad, vistiendo atuendos que contrastaban con los típicos vestidos llenos de flores que usaban las artistas mexicanas. Renunció a la coquetería impuesta a las cantantes de rancheras y no dudó en subir con pantalones al escenario, acompañada de sus reconocidos ponchos y el cabello bien tomado. Por esos años, el solo hecho de vestir pantalones en la calle despertaba insultos.

Hay fotografías que la muestran joven, sonriente y con un maquillaje sutil, incluso innecesario para destacar los rasgos de su hermoso rostro moreno. Todo se acabó el día en que cayó al piso tras presentarse en un show con tacones altos y vestido. Ella resumió su incomodidad en pocas palabras: “Cuando me vestía de mujer parecía travesti”. Más tarde, recalca lo orgullosa que estaba de serlo, más allá de los estereotipos asignados: “Qué bonito haber nacido mujer, ¿verdad?”, preguntaba sin esperar respuesta. “Cuando eres de verdad, al final te impones”, añadía.

La verdad de Chavela

Uno de los tópicos que hilan el documental es la adicción que pesó sobre la mayor parte de la carrera de la artista. El tequila era uno más de sus amores y gracias a él forjó grandes amistades en su vida, así como grandes pesares. En México no es secreto que Chavela fue una de las entrañables amigas de José Alfredo Jiménez, con quien se perdía varios días entre fiestas y bebidas hasta el amanecer, según relató su propio hijo a las realizadoras Gund y Kyi. En noviembre de 1974, el popular cantante y compositor mexicano, con un gran repertorio musical interpretado por Vargas, murió de cirrosis hepática. Chavela se quedó otra vez sola y se hundió en el dolor.

El día de su funeral, llegó junto a un tequila y se instaló frente al ataúd de su compañero de canciones y penas. Terminó cantando desparramada y cuando quisieron detenerla, la propia viuda de Jiménez las apartó: “Déjenla, está sufriendo tanto como yo”, les dijo, según detalla el documental.

Sin embargo, la voz de “La Chamana” se apagaría pocos años después, a fines de la década de los setenta. Un severo alcoholismo la mantuvo el silencio por cerca de 15 años, tiempo en que algunos llegaron a pensar que estaba muerta. Nadie esperaba volver a escucharla ni verla sobre un escenario hasta que -gracias al apoyo que le dieron las artistas Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez- la artista emergió de las sombras a comienzos de los noventa. Un día se presentó en un mítico teatro y bar de Coyoacán y un editor español quedó impresionado. Se trataba de Manuel Arroyo, quien la presentó al director Pedro Almodóvar, confeso seguidor de su canto. Juntos, colaborarían en el regreso magistral de Chavela a los escenarios en España.

*Originalmente publicado por eldeconcierto.cl