México: fuimos todas y fue una conquista social

En la voz de activistas, seguimos reflexionando sobre la rebelión feminista en México. Llega el momento de los balances y que las autoridades escuchen las propuestas que surgen del movimiento. 

Por Sonia Izquierdo desde CDMX / Fotos: Carmen Ortega

Indignación y hartazgo por la indiferencia de las autoridades fueron los factores que hicieron a cientos de mujeres marchar en México al grito de ¡Yo sí te creo! y ¡No me cuidan, me violan!, tras una serie de presuntas agresiones sexuales cometidas por policías a mujeres menores de edad.

Grafitis, vidrios rotos, una estación de seguridad quemada y agresiones a periodistas, fueron actos que las autoridades calificaron como “vandalismo”, “violencia” y “provocaciones”, de parte de las mujeres pertenecientes a colectivos de grupos feministas que alzaron la voz contra los feminicidios y la violencia de género.

Para Daniela Tejas, activista que estuvo presente en las movilizaciones para exigir justicia, se “focalizaron” esos actos en la marcha y se dejaron de lado las consignas y el enojo, para hacer lo que se hizo. “Lo que hicimos la semana pasada es solemne, protestamos en contra de esa violencia, y acá no se asesinó a nadie, no se violó a nadie, lo que hicimos fue usar nuestro derecho al espacio público y a la protesta para que se hiciera un llamado de atención desde un agotamiento de los canales”, dijo.

Para Alejandra Sepúlveda, del colectivo Pan y Rosas, la movilización no debe centrarse en los vidrios rotos o en las pintas, sino en la denuncia contra la policía y la desconfianza en las instituciones. “Es súper claro que hay intentos de romper y de desprestigiar la movilización con gente infiltrada y eso quedó documentado con el ataque al reportero de ADN 40; porque, una cosa es que hagas una pinta y avientes diamantina, y otra que alguien dé instrucciones para golpear”, señaló.

Merle Iliná, activista y estudiante de posgrado, consideró que la marcha abrió un debate público y que, si bien se tomaron diferentes medidas, se logró poner sobre la mesa de diálogo las agresiones que han sufrido cientos de mujeres. “La indignación toma diferentes formas de expresión y esa energía emocional que compartimos todas fue lo que nos llevó hacer cosas que, tal vez, no nos hubiéramos atrevido hacer en otras circunstancias; por eso el hashtag —después de la marcha— es #FuimosTodas”.

¿Disculpa o justificación?

“No vamos a caer en provocaciones, querían que respondiéramos de manera violenta”, fueron las primeras declaraciones de la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, tras las estrategias utilizadas por las mujeres en las dos movilizaciones, la del lunes y la del viernes.

Para las manifestantes, la jefa de gobierno —militante de Morena, el partido que obtuvo más votantes en las elecciones federales pasadas— erró en su primera reacción frente a los hechos ocurridos en la procuraduría capitalina el lunes 12 de agosto, donde un grupo de mujeres rompió la puerta principal de la dependencia.

La crítica a las protestas y la poca empatía con las víctimas que demostró Claudia Sheinbaum se sumó a las demandas de las mujeres que salieron a las calles a exigir atención al problema de violencia de género. “Llamarnos provocadoras, llamarnos violentas, dividirnos entre feministas buenas y malas, en las que hicieron algo pacífico y en las que no; es una narrativa de criminalización de las protestas”, así calificó la activista Daniela Tejas el actuar de la jefa de gobierno.

Después, Sheinbaum lanzó una disculpa pública a los grupos de feministas que se han movilizado, por su forma de calificar los actos vandálicos como una “provocación”; además, sostuvo un primer acercamiento con un grupo de más de 40 mujeres donde reconoció que sus declaraciones no fueron adecuadas.

Pero la respuesta no fue del todo bienvenida por los grupos feministas, quienes consideran que las autoridades quieren justificar, de alguna manera, su actuar. “Es hipócrita su disculpa, evidentemente por la crisis que se le abrió a Claudia, es su primera gran crisis de gobierno, va a hacer lo que tenga que hacer para que no avance”, afirmó la integrante del colectivo Pan y Rosas.

María Salguero, creadora del Mapa Nacional de los Feminicidios en México, dijo que más allá de una disculpa se deben tomar medidas frente a la crisis que se vive, no sólo en la Ciudad de México, sino en el país. Consideró como un avance que la jefa de gobierno aceptara dialogar. “Ya estamos hartas de disculpas, te cansas de disculpas públicas, una disculpa pública está bien, pero ¿y las soluciones?, nosotros queremos acciones concretas”, expresó Salguero.

Para la activista Tejas, quien estuvo en la reunión con las autoridades, la narrativa y la disculpa aún no llegan. Consideró que se siguen juzgando las acciones que tomaron las mujeres y aún no hay respuesta a los tres casos de abuso donde están involucrados policías locales, mismos que orillaron a las movilizaciones. “La jefa de gobierno parece que, a través de sus redes sociales, ya pasó a otra cosa, cuando esto es algo muy preocupante. La parte que es central, de lo que estamos demandando, además de la disculpa pública y de la narrativa, es que nos digan que están haciendo algo para buscar justicia para los casos que se detonaron en el último mes”, comentó.

¿Qué sigue?

Los colectivos feministas han denunciado un clima generalizado de violencia machista que no solo alertó a las autoridades locales, sino que también sumó a organizaciones de derechos a estas peticiones. ONU Mujeres en México informó que a diario son asesinadas nueve mujeres en el país.

Para la creadora del Mapa Nacional de Feminicidios en México, María Salguero, es necesario crear unidades de análisis de contexto, las cuales ayudarían a visibilizar el problema. “Tener una construcción debida del contexto te puede ayudar a hacer un diagnóstico real de qué es lo que está pasando con la violencia de género en la ciudad”, indicó.

Otros colectivos, incluso partidos políticos y la Comisión de Derechos Humanos de la Cuidad de México, han hecho llamados a que se active la alerta de género en la capital. Alejandra Sepúlveda señaló que, en caso de que se emita la alerta, ésta debe de construirse con organizaciones de mujeres y con las víctimas, ya que la forma en la que opera actualmente le da atribuciones especiales para actuar a la policía y al ejército.

En este punto coincide la activista Tejas, ella indicó que es necesario cambiar las condiciones con las que opera la alerta de género, ya que no ha funcionado del todo en los estados donde se ha declarado, aunque sabe que es un camino difícil
de labrar. “Si se da o no, no puede ser otra política de simulación de acciones del gobierno, tiene que estar planteado muy bien para que pueda dar resultados, para que no nos maten y no nos violen”, apuntó.

Sin duda, el feminismo generó un parteaguas al convocar a una movilización que, más allá de la “criminalización” que se ha hecho sobre los actos, logró abrir un debate, así lo expresó Merle Iliná, estudiante de posgrado. “Fue una conquista social no solo de las feministas, fue un día emocional, donde estuvimos muy unidas y hubo muchas expresiones de desobediencia civil. Al final los vidrios rotos y las pintas son cosas que se arreglan, pero nuestras hermanas y todas las mujeres que no vuelven a sus casas, las que han sido asesinadas y violadas, eso no se quita”, afirmó.

Más allá de las medidas, las consultadas coinciden en que es urgente que no se olvide el contexto que orilló a cientos de mujeres a salir bajo la consigna #NoMeCuidanMeViolan, y que las mesas de trabajo sumen, independientemente de los protocolos que ya existen, pero que no se aplican correctamente.

 

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