Mundial 1994: un crack, un sueño roto y una pelota que llora

Los mundiales son lugares multitudinarios: de personas y de emociones. El cronista recuerda aquel en que “nos cortaron las piernas” y esboza un poema que la pelota le hubiera escrito a Diego Armando Maradona.

Por Clemar Fink

En 1975 llegaba al club de fútbol Cosmos de Nueva York  Edson Arantes do Nascimento, Pelé, una indiscutida figura mundial de todos los tiempos.

Por esas épocas, Estados Unidos decidió apostar al futbol internacional: consideraba que no debían continuar como espectadores de un negocio en constante crecimiento que movía millones de dólares. Por supuesto, obtuvo el  beneplácito en la  F.I.F.A.; después de todo, se trataba nada menos que de la mayor economía del mundo.

En 1986, Colombia renunció a organizar el Mundial y dentro del grupo de postulantes se encontraban Estados Unidos y México. Debido a la inexistente historia futbolera del país del norte, rechazaron su candidatura; así Estados Unidos  decidió apoyar a México con el compromiso de ser considerado para la organización del Mundial 1994.

Pero cuando la fecha iba llegando, y a pesar de lo invertido en la contratación de figuras internacionales, el interés interno por el evento distaba de ser el ideal para la generación de un buen negocio.

Dicen los que dicen saber que, dentro del operativo marketing, surgió el nombre de Diego Maradona, quien continuaba siendo la figura más convocante a nivel mundial Por eso mismo, siguen diciendo,  contactaron a un influyente dirigente del fútbol argentino y de F.I.F.A. para contar con la figura del 10 argentino en el Mundial.

Quizás no conozcamos nunca la verdad, y se armaron muchas conjeturas y rumores. Pero sí sabemos todo lo que nos contaron y mostraron sobre lo que ocurrió: el doping a Maradona dio positivo, y lo concreto es que al segundo partido, Diego quedó afuera de la competencia.

Mi pasión genética por la pelota (herencia de mi padre) hace que desde siempre  vea o escuche fútbol.

Recuerdo que el día en que ocurrió, me invadió una gran tristeza deportiva. Se quedaba afuera la camiseta número diez de la selección Argentina, vestida por el mejor del mundo del momento a pesar de sus 33 años.

En mi búsqueda constante por encontrar una respuesta, pensé en la pelota. ¿Cómo estará?, me pregunté.  Y, crean o no, me visitó en un sueño. La pelota, sí… Y me dijo: “Así estoy, si lo ves al Diego, contale”.

Diego, soy la pelota

Sonreí cuando llegaste al baldío de Fiorito,

me trataste como reina, me mostrabas con orgullo.

Tus pies eran manos niñas que modelaban mi danza

y viví por vez primera el sentirme enamorada

Me llevaste por el mundo de las luces y la fama,

con una amplia sonrisa, me esperabas en la cancha.

Qué lindo estar a tu lado para sentirme cuidada

y terminar extasiada acariciando una red

Sentí el miedo de lo injusto cuando cortaron tus piernas,

¿qué ocultos intereses de mi fueron alejándote?

No entiendo porque no quieren que nos sigamos mimando,

nunca sientas el olvido mientras yo siga rodando

Qué me importa tu almanaque, siento el frío de las manchas,

siempre mirando al túnel soñando con que volviste.

Acuname con tus toques, dame calor con tu magia.

Decime que no te vas, sigo esperando en la cancha.