8 de marzo: marcha, lucha y organización

Por Laura Salomé Canteros. En ocasión del 8 de marzo, día internacional de las mujeres, el viernes pasado una movilización nucleó más de diez mil personas. Con el pedido de aborto legal como bandera principal, la Av. de Mayo se llenó de colores. 

 

Marchas, peatonales, actos reivindicativos, seminarios, intervenciones, performances y muestras artísticas, proyecciones y debates; el 8 de marzo se conmemora tan diverso como las mujeres y la lucha que construyen desde las organizaciones en nuestro país, nuestra América y el mundo.

Activistas, trabajadoras, amas de casa, profesionales, fotógrafas y periodistas, otrora transeúntes, de las que homenajean y de las que resignifican, verdes, rojas, naranjas y violetas; todas las mujeres salieron -y saldrán durante este mes- a las calles, para interpelar a los poderes opresores en claro cumplimiento de la prerrogativa feminista que las alienta a inundar de sus voces los espacios públicos. Porque los derechos no se mendigan, se conquistan.  

Con la cuota exacta de rebelión para las autonomías y la liberación histórica, alejada de los corsés que la publicidad machista y los medios comerciales tienen reservado para las mujeres, la marcha que transitó el pasado viernes las calles de Buenos Aires fue organizada por más de cincuenta agrupaciones políticas, sindicales, estudiantiles y sociales. Con el explícito consenso de que la consigna principal sea el pedido de aborto libre a través de la aprobación del proyecto de ley de la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, la bandera que encabezaba la multitudinaria movilización también rechazó las reformas reaccionarias al Código Civil y el ajuste económico en detrimento del sostenimiento y la creación de trabajo genuino y no precarizado para las mujeres. 

De banderas feministas y mujeres luchadoras y revolucionarias

Para Celeste Mac Dougall, activista de la Campaña Nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito en la Ciudad de Buenos Aires, la movilización del viernes “fue imponente” y “puso de manifiesto las opresiones que sufrimos las mujeres y la convicción de miles en la lucha por conquistar sus derechos. En particular, la despenalización y legalización del aborto sigue siendo el principal reclamo del movimiento de mujeres y feminista, una deuda de la democracia en lo que respecta a los derechos sexuales y reproductivos”. Otras demandas de esta articulación federal fueron el cumplimiento deLey de Educación Sexual Integral y la distribución gratuita de anticonceptivos; la creación de Consejerías pre y post aborto en todo el país yla aplicación de protocolos de atención de Abortos No Punibles que respeten el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Por su parte, Carolina Reynoso, directora del documental Yo aborto, tu abortas, todxs callamos e integrante de la colectiva feminista Las Bartolinas, mencionó que “los cánticos por los derechos de las mujeres llenaban el aire de emoción e inquietud. Comenzamos a marchar con un paso firme y alegre al ritmo de nuestras gargantas eufóricas llenas de letras feministas”.  Y agregó, “intervinimos el espacio público con carteles; los fotógrafos de distintos medios venían a nosotras ávidos de imágenes coloridas y pintorescas. Al llegar a la Catedral metropolitana rodeada de policías, los cánticos se hicieron fuertes y dirigidos hacia la connivencia siempre presente entre la institución policíaca y la eclesiástica: ´yo sabía, yo sabía, que a los violadores, los cuidan los policías´. El escrache con aerosoles sobre las vallas que protegían al edificio de la Catedral completaron este paisaje de protesta”. Y concluyó ilustrando la llegada a la Plaza de Mayo, “luego de unos minutos, la marcha prosiguió con alegría, rodeada de tambores, bengalas, pancartas multicolores y muchas, muchas, muchas mujeres luchadoras y revolucionarias”.

Una reforma que preocupa

Otra de las consignas que conformaron la marcha fue el rechazo a las reformas en el Código Civil exigiendo que se garantice la constitución de un sistema de leyes laico a partir de la efectiva separación de la Iglesia del Estado. No son pocas las voces disidentes del paquete que conforma el proyecto de reforma y unificación para el Nuevo Código Civil y Comercial de la Nación. La Comisión que la presentó está integrada por Ricardo Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco y Aída Kemelmajer de Carlucci y fue creada a partir de un decreto de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en 2011. Tiene el objetivo de unificar la legislación en materia de derecho privado para contener una serie de principios generales ordenadores incorporando actualizaciones tales como la Reforma Constitucional de 1994, jurisprudencia y Tratados Internacionales.

Entre las disidencias que se suman a la del movimiento de mujeres, se encuentra el Centro de Estudios Legales y Sociales -CELS-, la Asociación por los Derechos Civiles -ADC- y la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans -FALGBT-. Sin embargo, el anteproyecto tiene desde fines del año pasado media sanción del Senado y espera ser aprobado por la Cámara baja en los próximos meses. El rechazo del activismo por los Derechos Humanos gira alrededor de la falta de enfoque de género y respeto hacia la diversidad reflejada en los artículos sobre el comienzo de la persona humana, la capacidad jurídica de las personas con discapacidad, el matrimonio, el divorcio y el carácter de persona jurídica pública de la Iglesia Católica.    

Contra las violencias y toda forma de precarización

La movilización también elevó su rechazo contra la violencia sexista en todos sus tipos y modalidades, desde la más sutil hasta la alerta social sobre los femicidios que, según cifras no oficiales, realizadas por la Asociación Civil La Casa del Encuentro refleja que 295 mujeres fueron asesinadas en 2013, en general a manos de sus parejas o ex, resultando una muerta cada 30 horas en nuestro país.

Tampoco estuvo ausente la concientización en el pedido del desmantelamiento de las redes de complicidad judicial, policial y política que hacen posible la explotación sexual y la trata de personas. Se reclamó la aparición con vida de todas las desaparecidas y justicia efectiva en casos emblemáticos como los de María de los Ángeles Verón y Paulina Lebbos. Al mismo tiempo, se exigió al poder judicial comprometerse en el esclarecimiento de las muertes de mujeres privadas de su libertad, y un rechazo social a la violencia lesbotransfóbica y del sistema heteronormativo a 4 años del asesinato de Natalia “la Pepa” Gaitán, ya que la marcha además se realizó en el día de la visibilidad lésbica. 

También se reclamó por la adopción de medidas contra la precarización de la vida de las mujeres como una forma más de violencia y opresión. Paritarias libres y una firme denuncia hacia despidos y suspensiones fueron parte de las pancartas de las mujeres organizadas. Tanto la cultura machista de asignación de los quehaceres domésticos como la falta de organización política y/o sindical constituyen la base de la discriminación socio-laboral y la estructura de asimetría y desigualdad de poderes personales y públicos se fomenta en los ámbitos familiares y educativos iniciales, consolidándose y extendiéndose luego en la adultez laboral. “Que en cada lugar de trabajo o estudio haya jardines materno-paternales”, fue otra de las demandas de la convocatoria. Se exigió, además, la “extensión de las licencias por maternidad y paternidad”, con lo que se incorporó, de esta manera, a los varones como sujetos co-partícipes de los cuidados en la visibilidad pública de los reclamos.

Feminización de la pobreza, precarización de trabajos de tiempo parcial o del sector de servicios que tiene en su mayoría a empleadas, escaso reconocimiento de las situaciones de mujeres fuera de las economías formales o en sectores rurales, techos de cristal en los sistemas dirigenciales, forman parte del universo de opresiones hacia las mujeres en los contextos de trabajo. Sin más, en nuestro país, las mujeres aun ganan un 25% menos que los varones en trabajos de igual cualificación y sólo el 4% acceden a cargos directivos en empresas privadas. Por todo esto y más, para la desigualdad, las mujeres organizadas eligieron para este 8 de marzo, marcha, lucha y organización.