No me verás en el subte: crónica del espectáculo arriba del tren (II)

Texto y foto por Luciana Sce

La entrevista a Dos en Tango ofreció la oportunidad de conocer a nuevos músicos. Allá fue entonces la cronista, en busca del sonido de los parches de Pablo y Aaron.

A los tambores

Esta vez, ya son más de las 15. Viajo, según la recomendación de los muchachos de Dos en Tango, hacia Palermo, la estación donde más fácil se localizan a los músicos de la D. Presto atención, cada vez que el subte abre sus puertas a ver si escucho alguna melodía que rompa con el sonido a máquina. Porque si hay algo que comprendí apenas ingresé al subte, ya no puramente como pasajera, sino como espectadora, es que la música puede surgir en cualquier instante. Dicho y hecho: junto a mi llegada a la estación, sucedió la del tren que iba hacia Catedral. Allí me topé y uní al recorrido que hacen Pablo (45) y su hijo Aaron (19), desde hace tres años. Ellos iniciaron su show con Huelga de amores de Divididos. No pude evitar pensar que Pablo tenía realmente internalizada la frase “Y nos dijeron -tiempo es dinero y en esta tierra sos extranjero-”. Lo pude confirmar cuando al final de su jornada laboral, nos tomamos unos minutos para conversar.

-¿Cómo fue la decisión de entrar a trabajar al subte?

P: Básicamente la vida me tuvo trabajando en un montón de cosas que nunca me gustaron, como trabajar en oficinas o supermercados. Yo estudié educación física, no me recibí, pero estudié mucha pedagogía y llevo 16 años trabajando en la escuela de percusión de Horacio López, la Escuela en Clave, también junto a mi hijo. Me dedico a la docencia y tocamos con muchos grupos de percusión. Entonces hay un desarrollo que se va dando a través de los años, más allá de que el aprendizaje no empezó de una forma intelectual. Hoy por hoy, estamos tocando con mucho orden, independientemente de que tenemos parámetros de libertad en los que podemos jugar.

-¿Qué similitudes y qué diferencias encuentran en trabajar en el subte y trabajar bajo relación de dependencia?

A: En mi caso, con los pocos años que tengo, he laburado en lavaderos, en fábricas y demás, y el jefe por más buena o mala onda que tenga, siempre da órdenes y te está midiendo. Acá laburás bajo tus reglas. Nosotros decidimos si queremos dar una vuelta, dos vueltas, si queremos laburar una o dos horas. Somos independientes.

¿Y en cuanto al sueldo?

P: Cuando empecé a trabajar acá, descubrí que podía ganar proporcionalmente igual a lo que ganaba cuando trabajaba ocho horas en relación de dependencia, pero trabajando tres horas en vez de ocho. Entonces me enfoqué en mi energía y trabajé el tiempo que necesitaba. Pero no necesariamente esto es una fija, nosotros ahora frenamos para estar con vos y decidimos después ya irnos para casa. A veces hacemos una vuelta más y nos va muy bien.

A: La independencia también tiene sus cosas, por ejemplo: te enfermás y no podés venir y no hay nada con qué justificarlo ni nadie que te pague el día. Acá la plata la tenés que ir a buscar, sea mucha o poca, pero está.

P: Cuando uno está entregando, generalmente los pasajeros lo reciben. Sobre todo si tratás con respeto a la gente, le hacés una invitación o un pedido de un tiempo, le preguntás si te permite el espacio para poder trabajar y por lo general lo aceptan. Ayer no.Un pasajero nos dijo “¿no se dan cuenta que no pueden hacer ruido acá?” El resto de la gente me miraba como diciendo seguí, pero si hay uno que dice que no, está diciendo que no y, en ese sentido, lo respeto porque no decidió venir a verme.Trabajar en el subte es invadir un espacio público, entonces nos presentamos y si el tipo me quiere putear, me putea por mi nombre.

¿Por qué vivir de la música?

P: Intenté vivir como podía, trabajando en lo que salía para ganar dinero, pero la música es una pasión que tuve desde siempre. Y cuando descubrí que tenía la posibilidad de trabajar en lo que me gusta, tuve que tomar una decisión muy grande: a veces, hay gente es muy buen artista, pero no toma la decisión porque no puede enfrentar el hecho de ir en contra del camino marcado. Hay un camino que impone la sociedad, que tiene que ver con tener un trabajo en blanco, siguiendo las normas y costumbres que tiene nuestra cultura. Ahora, también está el que resiste, busca y prefiere ganar un poco menos, pero vivir de lo que le gusta. Nosotros disfrutamos y estamos en un constante fluir de energía con la gente que está circulando. Entonces, de alguna manera, trabajamos con la energía de la gente. Y lo más loco y paradójico es que el dinero es la representación de la energía puesta por una persona que trabaja. Nosotros ponemos energía en nuestro trabajo que es este.