“No somos musas. Somos artistas y trabajadoras de la cultura”

Por Laura Salomé Canteros / Foto: Mariana Lamponi Tappatá

Levantar la voz colectiva contra las violencias de un macho en contextos de precarización de las vidas sigue siendo un desafío para las que se organizan y por eso damos cuenta de una nueva denuncia. De parte de los agresores el error es pensar que del abuso de poder y las violencias se sale impune.

“Nos quieren como musas porque nos temen como artistas”, dice un grupo de amigas que se contienen y reconstruyen tras las violencias machistas. Son artistas y trabajadoras de la cultura popular y se levantaron para denunciar las violencias sexual, física y psicológica en su modalidad laboral, según la Ley 26.485, ejercidas por Rodrigo Bazán, referente musical de Haedo, al oeste del conurbano bonaerense.

Este colectivo de valientes, que decidió no callarse más, eligió visibilizar dos situaciones y las relató a Marcha. Pero son al menos cinco los relatos de violencias machistas de artistas de la cultura popular que compartieron espacio de trabajo con Bazán.

De la primera relatan: “una de nosotras va al baño y él intenta meterse, forcejea con ella y tras insistir en ir a su habitación, la lleva, la tira en su cama y la obliga a darle un beso diciéndole que hasta que no se lo de, no la iba a dejar volver” (…). “Ella le respondió que la deje salir y el ejerció mayor violencia agarrándola de la ropa e intentando arrancársela, ella lo empujó y logró sacárselo de encima”. Pero él “volvió a forcejear obligándola a entrar nuevamente”. “Abrí los ojos, mírame, date cuenta lo que estás haciendo, la estoy pasando como el orto, me quiero ir, vos seguís haciendo lo que querés y no te importa nada”, le dijo ella. “Andáte de mi casa, pensé que eras piola”, le respondió el violento.

En la segunda situación, también en la casa del denunciado, se repite el abuso de poder. “Cuando varias personas ya se habían retirado de su casa, Rodrigo ofrece que podíamos quedarnos a dormir. Como ya era tarde algunxs se quedaron, entre ellas una de nosotras”, relatan a Marcha. “Confiando en que nos estaba hospedando de buena intención, ella se duerme en un colchón que llevaron al comedor y se despierta al otro día con Rodrigo atrás de ella tocándola”.

“No puedo prometer no volver a hacerlo”

Rodrigo Bazán se mueve por el ambiente de la música y el circo. Actualmente toca la trompeta y vive en el oeste. “Este personaje es un manipulador, violento, acosador y abusador”, dicen las amigas. “Rodrigo es una persona que no acepta un ´no´ como respuesta y se pone insistente pensando solo en él y su ´deseo´ sin el consentimiento de lxs demás”, agregan, quienes compartieron con el denunciado eventos, varietés y encuentros de circo.

Esta situación se supo en el oeste, él iba a empezar a tocar en un banda, la cual al enterarse de sus violencias decide que no participe y cuando le comunican loa motivos, él las negó diciendo no recordarlas. Lo que siguió es digno de macho: “al sentirse amenazado y ver que se le cerraron varias puertas, Rodrigo les escribe a estas dos compañeras, primero a una haciéndose el desentendido, preguntándole si alguna vez se sintió abusada por él. Y en el segundo mensaje escribe reconociendo los hechos y victimizándose, diciendo ser consciente de lo ocurrido, y a la vez que estaba enfermo, pide disculpas, y culmina diciendo: ´no puedo prometer no volver a hacerlo´”.

El escrache sigue siendo una resolución política colectiva de mujeres, bisexuales y lesbianas para el autocuidado, y sigue siendo una de las estrategias para el repudio social y herramienta efectiva y poderosa para defender las subjetividades y seguir construyendo espacios libres de abusos de poder y privilegios patriarcales.

“Las que hacemos este escrache decidimos hacerlo porque nos enteramos que no es la primera vez que Rodrigo se maneja de esta manera. Otras pibas fueron victimas de sus hostigamientos y acosos dentro del ambiente del circo y la música. Estas mujeres dejaron de asistir a los lugares donde entrenaban o abandonaron las bandas en las que compartían. Rodrigo siempre manipuló al entorno haciéndose el desentendido y bajando su perfil por un tiempo”, afirman. “Decidimos no callarnos con este tema por que creemos importante cuidarnos entre las pibas. Elegimos esta herramienta de comunicación y visibilización como método de cuidado y así evitar futuras agresiones por parte de este macho”, dicen.

Derrumbar lo inamovible

Las amigas que comparten la pasión por la cultura popular dicen querer visibilizar “problemáticas que nos atraviesan como trabajadoras”, integrantes y protagonistas “en un ámbito en el que, teniendo en cuenta la coyuntura histórica-política actual del país, pretendemos y esperamos ciertos criterios comunes entre las personas que nos manejamos dentro del ambiente artístico”. Las amigas que se organizaron para decir basta y recuperarse con la ayuda de la otra, pero también para evitar que otras sean violentadas, son críticas. Pero eligen seguir siendo parte y luchando ya que afirman que “lejos (se) está de la paridad y el respeto”.

“Muchos hombres abusan de su condición como artistas y la confianza establecida entre colegas para plantarse jerárquicamente en un rol mayor en el que siguen atribuyéndose ciertos privilegios sobre nuestras cuerpas y nuestros trabajos”, reflexionan. “Hoy queremos derrumbar las categorías que durante mucho tiempo se consideraron inamovibles”, agregan, “lo haremos mediante la acción y reflexión”, “vinimos a cuestionar las tensiones contenidas al interior del orden patriarcal.(…) Estamos reclamando lo que nos corresponde”. Y terminan emocionando, como cada vez que damos pasos colectivos hacia la liberación de todxs: “El patriarcado, ¡se va a caer!”.