Palos y gases: el lenguaje oficial

Por Repo / Foto: Maga Peres

Trabajadoras y trabajadores cooperativistas fueron reprimidos por la policía bonaerense mientras intentaban ingresar al Municipio de Esteban Echeverría para pedir mejoras en los barrios.

Los millones de excluidos y excluidas del mercado formal de trabajo, los millones de expulsados y expulsadas del campo y los que aún resisten en los territorios donde el neoliberalismo parece haber rociado con sal la mancillada tierra, se ven día a día obligados a buscar un lugar en la periferia social, inventándose el trabajo, aferrándose a los programas sociales y sudando en pequeñas empresas informales que la mayoría de las veces no llegan a garantizar ni las más mínimas condiciones laborales.

Los barrios pobres, que afloraron sobre los asentamientos ocupados a finales de los ´90 por las y los desheredados del capitalismo, aún esperan la llegada de las obras de infraestructura prometidas mientras, de vez en cuando, una murga repleta de niñas y niños del lugar intentan restarle protagonismo a las carencias cotidianas. La copa de leche de las seis de la tarde también aporta lo suyo, como lo suele hacer la biblioteca recuperada durante las clases, como el mercado popular de los sábados en la canchita, como el roperito y como todo aquello que se supo sostener, muy a pesar de los discursos del gobierno oficial, para que la vida diaria de las y los laburantes sea un poco más digna.

Cientos de estas trabajadoras y trabajadores precarizados ven en la Asociación Gremial de Trabajadores/as Cooperativistas Autogestionados/as y Precarizados/as (AGTCAP), que nuclea organizaciones sociales como el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), Frente Popular Darío Santillán (FPDS) y el Movimiento Teresa Rodriguez (MTR), la posibilidad de organizarse para hacer llegar la voz de los nadies justo ahí donde molesta. Justo ahí, donde los dueños de todo, lo administran todo.

Cerca de las diez de la mañana del lunes, con un pliego de reclamos que iniciaba con la simple petición de una mesa de diálogo entre el municipio y las organizaciónes sociales y se extendía a la regularización de todas las cooperativas, mejoras en los barrios más carenciados y en los centros de salud públicos del distrito, una multitud colmó la avenida donde se ubica actualmente el palacio municipal de Esteban Echeverría.

Ante la falta de respuesta de las autoridades, y viendo que la presencia de los y las cooperativistas no inmutaban en lo más mínimo al intendente sciolista y ex funcionario duhaldista Fernando Gray, una delegación intentó ingresar al edificio. Antes de lograr siquiera subir las primeras escaleras, el grupo de doce personas fue interceptado y reprimido, con palos y gases pimienta, por los efectivos de la policía bonaerense y el personal de seguridad que custodiaban desde temprano el lugar. De los manifestantes afectados, seis resultaron heridos y tres tuvieron que ser trasladados en ambulancia en carácter urgente al Hospital Municipal Santamarina debido a la gravedad de las lesiones. Los que lograron entrar aguardaron en el hall central sin ser antendidos.

Junto con la violenta represión a los trabajadores de la Línea 60 en la Panamericana que fuese consumada la semana anterior por Gendarmería Nacional y defendida publicamente por Sergio Berni y Aníbal Fernandez, la represión durante la toma de tierras en el barrio Chalcay de Plottier en Neuquén y la represión a las y los docentes en la localidad de Jardín América en Misiones, esta es una clara demostración de las políticas de mano dura que comenzaron a gestarse desde el Estado y su actual gobierno para intentar acallar las protestas y movilizaciones populares que no paran de incrementarse en la recta final hacia las elecciones de Octubre. Comicios que, para muchos y muchas, no dejarán otro saldo más que el reluciente nombre de aquel que nos recibirá con más palos y gases para todos y todas.