Para que nunca más alguien se quede sin estampillas y sin cigarrillos, recordamos a Pablo Outes

El próximo 6 de julio se cumplen 43 años de la Masacre de Palomitas, hecho en el cual 11 presos políticos fueron fusilados en un supuesto traslado. La masacre ocurrió sobre la ruta que va hacia la localidad de Güemes. Entre los fusilados se encontraba Pablo Outes, el padre de Soledad Outes, a quién ella recuerda.

Por Flor Arias y Canela Alvarez

Mirá la entrevista aquí: https://youtu.be/wUQ8HPY7kZI

Crónica completa aquí:

Es sábado por la tarde y la luz es perfecta para comenzar a filmar. Soledad espera en la vereda atenta y tranquila. Nos indica el acceso al lugar donde reside durante su estadía en Salta (ya que vive en España), atraviesa el portón y encara por un jardín verde y cuidado. Se sienta, su pelo es canoso, su sonrisa es medida y su tono de voz es muy cálido y pausado.

Una vez adentro extrae fotocopias con manuscritos de un folio. Son las cartas que su padre, Pablo Outes, le envió a ella, sus hermanos y a su abuela durante su prisión en Villa Las Rosas. Saca una carta al azar y es justo una que le envió a ella. Sin avisar comienza a leer: “Mi soledad querida, por cierto, la única soledad que quiero en el mundo sos vos. Tu hermana me comentó las razones por las cuales no pudiste venir a la visita, estás disculpada”, interrumpe la lectura y recuerda las razones por las cuales Pablo Outes le envió esa carta. “Es que esa semana estaba con la menstruación, y cuando estabas así no podías entrar, ni pasar por los cacheos, o manoseos mejor dicho, todo hubiera sido tan fácil con la existencia de los tampones y de esas cosas que hay ahora”, afirma y continúa su lectura hasta que llega a un momento donde su padre le explicaba que alguien le daría dinero para su viaje de egresados ya que por el año 76, Soledad estaba finalizando la secundaria.

“No quería que nos falte nada, quería que hagamos una vida normal, que podamos hacer lo que todos nuestros compañeros de bachillerato hacían. Una persona no puede estar presa en la cárcel con la angustia de no saber cómo viven los hijos, no solo sus hijos si no todos los hijos”. Durante el repaso por esas cartas, Soledad cambia de estados de ánimo, pero nunca pierde entereza y recuerda a Pablo como alguien que salía a comprar zapatos y volvía con las manos vacías porque le había regalado el par de calzados recién comprado a alguien que los necesitaba.

Pablo Outes tenía 48 años en julio del 76. Soledad en ese momento tenía 16 años, su hermana 14 y el menor alrededor de 8 años. Es decir, habían transitado juntos una infancia y gran parte de la adolescencia. Soledad recuerda que ya ocurrían cosas que alertaban a la familia de que algo podía llegar a pasar. También hace hincapié en que no se sabían las causas de la detención de su padre. “Fue encarcelado sin motivo, al momento de su detención no había una sentencia, no era como ahora que en 24 horas tienen la obligación de informarte los motivos por las cuales un familiar es demorado o detenido”.

“Los traslados eran parte de las torturas, de hecho una carta de mi padre decía que creía que estar en Rawson porque había gaviotas, mi padre se recorrió todos los penales del país. Con mi hermana lo visitamos siempre que pudimos cuando estuvo aquí en Villa las Rosas. Recuerdo perfectamente ese laberinto y que de las dos horas de visita hasta que pasábamos los controles y llegábamos no nos quedaba mucho tiempo. Estudiábamos de memoria los diarios para contarles a los internos que estaba pasando afuera, compartíamos mate, le llevábamos cigarrillos y estampillas para que pudiera seguir en contacto”.

Cuando se empezaron a oír versiones del fusilamiento en Palomitas, Soledad y su hermana no podían ver a su padre – ya que supuestamente lo habían trasladado-. El 25 de mayo fue la última visita que tuvieron los presos políticos de Villa Las Rosas. “Empezamos a preguntar a diputados nacionales, al médico de la cárcel, al capellán que era un cura y nadie sabía nada. Cuando pasaron los días, me enteré de todo porque lo publicaron los diarios, yo estaba en el viaje de egresados en Carlos Paz, así que la noticia la recibí acompañada de mis compañeros de colegio”.

Pablo Eliseo Outes militaba en el FRP y sería el último que ingresaría a Villa Las Rosas tras un corto exilio en Venezuela. De regreso, el 2 de Noviembre de 1975, se presentó ante la Policía Federal a las 2.30 de la madrugada, en compañía de Ricardo Lona.

La investigación sobre el operativo de Palomitas da cuenta que se realizó con la participación de la policía provincial que apoyó la acción del robo de los vehículos que luego aparecieron incendiados y con resto de cuerpos en la escena. También tendrían la colaboración de personal penitenciario a cargo de Braulio Pérez que obscurecería el penal y permitiría el despliegue de militares sin insignias que los cargaron en un camión. Una operación combinada dirigida por el ejército al mando del capitán Hugo Cesar Espeche, con colaboración de la policía provincial y federal, el servicio penitenciario y tránsito.

Al llegar al paraje Palomitas los once presos políticos fueron obligados a descender del camión en que viajaban. Puestos en hilera frente a los alambrados de una finca que da a la ruta fueron ejecutados. A Outes le dispararon con una Itaka en el pecho a menos de un metro y medio de distancia, lo que impidió que las municiones se desperdigaran. La saña los animó a vaciar los cargadores de sus armas sobre el cuerpo de todas las víctimas. Circula una versión que dice que Pablo Outes antes de morir expresó que sus hijos no olvidarían este hecho y que vengarían su muerte.

Luego del fusilamiento Soledad emprende un exilio a España y recuerda que en sus últimos días en el país nadie se les acercaba a acompañarlos en el duelo o a brindarle apoyo. “Al mes del fusilamiento nos entregaron un ataúd cerrado con órdenes expresas de no abrirlo y de no denunciarlo, tuvimos un velorio muy íntimo y soportamos comentarios como ´algo habrán hecho´”.

En el repaso de su historia y de las cartas, Soledad propone recordar: “hay que recordar, en nuestro caso, porque lo haremos toda la vida y no podemos evitarlo. Y para que nunca más a ningún hijo le falte su padre de esta forma, para que nunca más un preso le falten cigarrillos, papel o estampillas, para que nunca más ajusticien a una persona de esa forma y sin una causa, para que nunca más trasladen a un preso lejos de su familia. Pero también hay que recordar para que se haga justicia y porque creo que de esta forma Argentina limpiará los cimientos una vez que se haga justicia, vamos a poder crecer con cimientos libres y sanos”.

Este 6 de julio se cumplen 43 años de la Masacre de Palomitas por lo que se realizará un acto en el paraje “Palomitas” sobre la ruta 34 donde familiares, amigos y militantes de derechos humanos homenajearán a las víctimas de este fusilamiento ocurrido durante el terrorismo de Estado. Se trata de 11 presos políticos cuyos nombres son: Celia Raquel Leonard de Ávila, Evangelina Botta de Nicolai, María Amaru Luque de Usinger, María del Carmen Alonso de Fernández, Georgina Graciela Droz, Benjamín Leonardo Ávila, Pablo Outes Saravia, José Ricardo Povolo, Roberto Luis Oglietti, Rodolfo Pedro Ussinger y Alberto Simón Zavarnsky.

La justicia a destiempo y sin memoria

Ricardo Lona aguarda en prisión domiciliaria el avance de los juicios donde fue considerado como partícipe necesario en los homicidios doblemente calificados de 11 presos políticos durante la denominada Masacre de Las Palomitas. En sus procesos el tribunal consideró acreditado que Lona “contribuyó intencionalmente, desde su función como magistrado, con el terrorismo de Estado, permitiendo que los hechos aquí descriptos como delitos de lesa humanidad pudiesen cometerse, garantizando la impunidad judicial a sus autores durante largos años” (sic).

La impunidad del momento le permitió al ex Juez Lona actuar “violando su posición de garante impuesta por la ley escrita” e “impuso un agravamiento del riesgo superlativo sobre el bien jurídico que él debía garantizar y proteger, la vida de los detenidos a su cargo, sobre los cuales su misión de juez le imponía obligaciones incumplidas que trajeron las consecuencias previsibles”.

Ya fueron varios los pedidos de los organismos de derechos humanos para que se aceleren los procesos de juzgamiento al ex juez Ricardo Lona. El juicio por la causa Palomitas aún no tiene fecha de inicio. En tanto, se espera que el caso por la causa Lona Ragone sea retomado el próximo 6 de agosto.