Paro nacional de ATE: así se lo vive desde abajo

Por Maro Skliar

Un nuevo paro nacional de ATE se cumplirá el 19 de abril. En esta ocasión, coincide con la Marcha contra el Hambre, donde las organizaciones sociales de las izquierdas protagonizan desde sus construcciones territoriales. Una mirada sobre expectativas y sensaciones desde adentro.

La Ciudad de Buenos Aires será este martes geografía de movilizaciones, cortes, asambleas y actos. Por el lado de las cúpulas de ATE, no está clara la realización de una acción conjunta, ya que las concentraciones de ATE Nacional y ATE Capital se dan en puntos distintos. Los miles de despidos en la administración pública ordenados por Macri y ejecutados por el ministro-gerente de Recursos Humanos, Andrés Ibarra, están teniendo una respuesta fragmentada desde las direcciones del único gremio estatal que, al menos, sale a enfrentarlos. El papel de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), con Andrés Rodríguez a la cabeza, es lamentable y equiparable a lo que ya hizo en los años noventa durante el menemismo.

El plan de despidos de Cambiemos es cruel por donde se lo mire. En los últimos días se cobró la vida de al menos cuatro compañeros/as estatales. Una de ellas, Melisa Bogarin del ProHuerta Chaco, tenía apenas treinta años y dejó una hija que acaba de cumplir un año. La beba quedó a cargo del marido de Melisa, que está despedido por el Ministro de Agronegocios, Ricardo Buryaile. La compañera, que trabajaba en el área de comunicación con campesinos y pequeños productores, sufrió un paro cardíaco en medio de una reunión con funcionarios del INTA, cuando trataba de explicarles la angustia e incertidumbre que sentía por escuchar que sólo le renovarían por tres meses su precario contrato. La vida de Melisa y la de los demás compañeros laburantes de la Biblioteca Nacional, la SRT y auxiliares de escuela, necesita un homenaje de lucha y unidad que estamos empujando desde la bases estatales.

De los dichos a los hechos

En los días pasados, por ejemplo, auxiliares docentes de ATE Sur se movilizaron a La Plata para exigir el reintegro de los (muchos) días descontados por hacer huelga, descuentos que Cambiemos aplicó a todos los auxiliares de la Provincia de Buenos Aires. La respuesta de la gobernadora María Eugenia Vidal fue vallar el predio y apostar numerosa cantidad de policías de la maldita bonaerense, pero la bronca de las compañeras avanzó sobre las fuerzas represivas. Finalmente, ingresaron a las dependencias, donde obligaron a los funcionarios a cargar en el sistema el reintegro de los descuentos.

Por otra parte, en varios ministerios nacionales –entre los que se destacan el de Trabajo y el de Economía–, la lucha por la reincorporación de quienes fueron despedidos/as está alcanzado importantes niveles de masificación y participación. Tanto el Ministro de Hacienda, Prat Gay, como el de Trabajo, Triaca Jr., están sufriendo el rigor de cientos de estatales que decidieron en asambleas y comisiones de despedidos: “Si no hay reincorporación no van a poder gestionar”. Ambos ministerios estuvieron ocupados por sus trabajadores y trabajadoras, y con los accesos bloqueados durante días, con actos multitudinarios que desbordaron los operativos de seguridad dispuestos por la ministra Patricia Bullrich. Incluso, al mismo Prat Gay se le complica diariamente el ingreso a su propia oficina y Triaca Jr. sufrió un escrache cuando cenaba en Puerto Madero en una convención de gerentes.

El ajuste ortodoxo de Macri tiene en el plan de despidos sólo una de sus expresiones. Y creemos que es tarea de las organizaciones del campo popular enfrentarlo íntegramente. Por eso el paro nacional de ATE es un punto relevante, pero debe evitarse el corporativismo.

En ese sentido, las cinco centrales sindicales se han limitado a hacer declamaciones legislativas y mostrarse preocupadas, lo cual claramente no alcanza para frenar al PRO. Tengamos en cuenta que más de 100.000 laburantes del sector público y privado están en la calle y la inflación está triturando los salarios; mientras se hacen públicas las cuentas offshore del presidente, Mauricio Macri, y de otros miembros de Cambiemos, lo que no hace más que afirmar obscenamente su pertenencia a lo más especulativo de la clase dominante. Lo que parecía que iba a ser un acto testimonial frente al monumento al trabajo el 29 de este mes, protagonizado por dirigentes de la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), puede convertirse en algo más fuerte y de envergadura… ¿Quizás el primer paro nacional contra Macri? Con sus características diferenciadas, los jerarcas sindicales que encabezan las centrales buscarán apaciguar las cosas para resolver sus negocios y problemas económico-políticos, algunos con discurso progresista, otros con matices marcadamente burocráticos. Pero la presión social, el borboteo permanente de la bronca se siente e incluso se expresa en luchas ejemplares, toma nombres y apellidos de dolor como el de Melisa Bogarín.

El martes 19 mucha de esa bronca estará en la calle, no toda contenida por las cúpulas sindicales. Hay luchas que desbordan y se escurren, hay triunfos y experiencias que sacuden las consciencias de los acostumbrados, que hacen tambalear el statu quo sindical, bastante ajeno a la necesidad de unidad y los métodos de la democracia de base que nos legara –entre otros y otras– Agustín Tosco. El miércoles 20 se seguirán organizando asambleas, ollas, batucadas y ocupaciones… desde abajo. De ahí somos, desde ahí miramos las cosas.