Paro nacional en Colombia: “Ya no más”

Movimientos obreros, campesinos, estudiantiles y afros realizaron ayer un Paro nacional y movilizaron en toda Colombia en rechazo al “Paquetazo” del gobierno de Iván Duque y a los cientos de asesinatos y persecuciones contra líderes y militantes sociales. Aquí reproducimos un diálogo con un vocero de las comunidades negras y campesinas del país caribeño.

Por Camila Parodi e Ignacio Marchini | Fotos de Camilo Rozo, Juan Ignacio Muñoz y Johan González

En sintonía con el levantamiento continental, el pueblo colombiano no se quedó atrás y realizó, en el día de ayer, un paro nacional. Con una enorme adhesión del campo y la ciudad, el campesinado y los y las trabajadoras urbanas frenaron la economía de Colombia y salieron a las calles contra el paquetazo neoliberal del gobierno de Iván Duque. Con muchas similitudes a los proyectos políticos económicos de Piñera, Macri y Lenin Moreno, el presidente colombiano pretende avanzar con un combo de reformas para sostener el ajuste en detrimento de los derechos de los pueblos. El paro apareció como una respuesta unificada de hartazgo a sus políticas de muerte.

En ese contexto, desde Marcha dialogamos con Jimmy Minguero, vocero del Congreso de los Pueblos y de la Cumbre Agraria Campesina Étnica y Popular, sobre cómo se llega a este paro, los reclamos de las comunidades afro y campesinas, y el vínculo de la situación en Colombia con los levantamientos e insurrecciones en Latinoamérica y El Caribe.

¿Por qué se dio este paro nacional masivo ayer en Colombia?

Abrazamos todas las movilizaciones que se están dando en Nuestra América para confrontar las políticas neoliberales que se han establecido estos últimos años en todo el continente. La movilización de ayer en Colombia se plantea en contra del Paquetazo del gobierno de Iván Duque, una serie de reformas laborales, previsionales y tributarias, pero a su vez es una llamada en contra de los asesinatos y las judicializaciones. Estamos preocupados por estos más de 300 asesinatos durante este gobierno y la ola de criminalización de la protesta social.

En ese sentido, se organizaron las multitudinarias marchas que sucedieron ayer en todo el país. Millones de colombianos y colombianas han salido a decirle a Duque que “ya no más”, que no estamos de acuerdo con las políticas neoliberales y el extractivismo y estamos cansados de esta ola de corrupción y terrorismo de Estado que se ha impuesto en nuestros territorios. La respuesta ante nuestros reclamos fue represiva, con ataques de las fuerzas de seguridad en Cali, en Medellín, en Yopal, en Bogotá. El gobierno no garantiza la protesta social ni los derechos de las comunidades movilizadas libremente.

¿Cuál ha sido la política de Duque en relación a la seguridad interna? Porque por lo que contás hay mucha hostilidad por parte del Estado

El gobierno de Duque ha venido implementando un modelo de seguridad muy parecido a lo que en los dos gobiernos de Uribe llamaron la “Seguridad democrática”. Apenas entraron, implementaron, vía norma del Congreso, la llamada “Política de seguridad y defensa”, que agranda el aparato militar, dándoles facultades en los territorios y fortaleciendo la doctrina militar implementada en nuestro país hace muchos años, aprendida en la Escuela de las Américas. Esta doctrina marca que los movimientos sociales son enemigos del Estado colombiano, y a partir de eso se desarrolla una política contrainsurgente. El gobierno reprime y judicializa, les da facultades al Ejército y a los alcaldes para que decreten el Estado de sitio, Estado de excepción o toque de queda, algo que viola las libertades civiles y políticas de los ciudadanos. Esta persecución a los y las líderes sociales y la represión del gobierno, que llamamos terrorismo de Estado, está respaldado por los poderes mediáticos. Todo eso se traduce en la crisis humanitaria y de derechos humanos que estamos viviendo en Colombia.

¿Cuáles son los reclamos puntuales del campesinado y de las poblaciones afro?

El movimiento campesino viene levantando una agenda política que tiene como eje principal desarrollar una reforma agraria estructural que pueda reducir estos niveles tan altos de concentración de la tierra que hay en Colombia. Esto es parte de la génesis del conflicto social armado en nuestro país. También reivindicamos el reconocimiento del campesinado como un sujeto de derechos, una de las poblaciones más grandes de Colombia que el Estado no reconoce.

Reclamamos por las “áreas protegidas”, que supuestamente son para proteger las reservas naturales pero que el gobierno está usando para sacar a los y las campesinas y entregarle las tierras a la economía extractiva, representada principalmente en los agrocultivos y la agroindustria.

Los pueblos afros también nos sumamos a los reclamos por la reforma agraria y la Ley de Tierras pero venimos también levantando la consigna en perspectiva de poder desarrollar los procesos colectivos de las comunidades negras, de los consejos comunitarios. Se ha levantado una polémica porque en el último censo que realizó el gobierno, disminuyó enormemente la población afro. En el Pacifico colombiano, la zona de El Caribe, la población afro es mayoría y pasaron en el ultimo censo de 20 millones a 3 millones de personas de comunidades afros en Colombia. Esto es el explícito desconocimiento del Estado hacia esas comunidades.

¿Cómo se vinculan los actores sociales y los reclamos de estos sectores?

Un interés común con los indígenas es el respeto y el fortalecimiento de las guardias campesinas, de las guardias cimarronas y las guardias indígenas como mecanismos que tenemos los pueblos para la defensa de la vida y el territorio, en el marco de una escalada del conflicto.

Estamos vinculados porque reclamamos puntos que son parte de una agenda en común de mecanismos de negociación con los gobiernos. Alrededor de eso venimos levantando una consigna unitaria y un espacio de convergencia que es uno de los convocantes de la movilización de ayer. También articulamos con otros organismos en relación a la defensa de los derechos humanos.

¿Cómo vinculan lo que está pasando hoy en Colombia con lo que está sucediendo en el resto de Latinoamérica?

En Latinoamérica se ha venido generando una ola de luchas sociales y populares contra el modelo neoliberal. Los gobiernos de derecha se van posicionando desde lo político y lo jurídico, con golpes de Estado inclusive como es el caso de Bolivia, para profundizar el neoliberalismo en nuestro continente. Sobre esa base, hoy el continente está movilizado y agitado. La rebeldía ha tomado los países con los pueblos como protagonistas.

Específicamente en Colombia, históricamente ha gobernado una oligarquía mafiosa, criminal y asesina. Estos ejercicios de movilización de los últimos años, y la oleada de acciones del día de ayer en el marco del paro, son la suma de insatisfacción y agotamiento de ese modelo. La gente está venciendo al miedo, ya no cree en las mentiras de este gobierno. El pueblo está clamando por la defensa de sus derechos y la garantía de las necesidades básicas de las comunidades en los territorios. Por su parte, los sectores más organizados perciben este momento como ideal para poder construir un proyecto alternativo. Sobre esa base, Colombia se suma a esa oleada de luchas populares contra estos gobiernos que han venido promoviendo sistemas fascistas de represión los pueblos.

¿Qué tuvieron de particular las acciones de ayer?

Algo muy importante es que, si bien Colombia tiene tradición de movilizaciones, ayer percibimos ese sentir que se ha generalizado a lo largo y ancho del país contra un gobierno que básicamente lo que quiere es  ser servil a los intereses de los Estados Unidos. Y eso viene en sintonía con las otras situaciones, como en Chile donde el pueblo sale a la calle contra Piñera. En Ecuador, el movimiento campesino e indígena se levantó. El pueblo boliviano hizo lo mismo en defensa del proyecto del MAS y de Evo Morales y todo lo que representan las transformaciones de los últimos años. También se han movilizado en defensa del proceso de revolución de Venezuela y Cuba, país que ha sido amigo de la paz y que nos habilitó su territorio para el proceso de paz. Lo que está pasando en toda la región es un conjunto de problemática que nos han permitido levantar la bandera de indignación hacia la construcción de nuevos horizontes de lucha popular.

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