PASO 2021: Que la vida que queremos sea más que un eslogan

Las elecciones tuvieron algunos resultados sorpresivos y reordenan el escenario para los próximos dos años. A continuación, un análisis para pensar coyunturas y tareas para que la vida que la población quiere, sea mucho más que un eslogan.

Por Agustín Bontempo

A las 18 hs del domingo electoral, todo indicaba que no habría “sorpresas” en los comicios. Lo premeditado por las encuestadoras y luego reforzado en los boca de urna que ellos mismos hacen, solo manifestaba dudas sobre si algún punto más, algún punto menos. En definitiva, luego de 16 años, el peronismo ganaría una elección legislativa en la provincia de Buenos Aires, Juntos se consolidaría en CABA y restaba ver como se complementaba con las fuerzas minoritarias.

Nada de eso ocurrió. La lista encabezada por Victoria Tolosa Paz quedó cinco puntos por debajo del frente Juntos por el Cambio, donde Diego Santilli se impuso a Facundo Manes en la interna (igual integrará las listas en noviembre gracias al sistema d´hondt). En la Ciudad de Buenos Aires, María Eugenia Vidal se impuso a Ricardo López Murphy (que también integrará las listas en noviembre) y Adolfo Rubinstein. La sorpresa, tal vez, fue el resultado obtenido por Javier Milei, de la ultra derecha liberal, que superó los 13 puntos.

Es importante destacar que el Frente de Izquierda se consolidó como tercera fuerza en todo el país, teniendo resultados interesantes en provincias como Jujuy (23 por ciento), Chubut (casi el 10 por ciento) o Neuquén y Santa Cruz (alrededor de 8 por ciento). En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Myriam Bregman superó los 6 puntos y en la provincia de Buenos Aires con más de cinco puntos, el FIT-U logro superar a Espert y Randazzo, augurando hasta dos posibles bancas en la Cámara de Diputados.

Crítica, autocrítica y más política

“Un pueblo sin memoria está condenado a repetir su fracaso”. La interpretación lineal de la frase ha sobrevolado el discurso de algunos medios de comunicación y de parte de la dirigencia política. ¿Cómo es posible que la ciudadanía vote por Juntos por el Cambio luego del desastroso gobierno que llevó adelante? La pregunta tiene un error político de envergadura que, si no se supera, el fracaso del oficialismo en noviembre es inexorable. El error no es – nunca puede ser- de quienes votan. Pues si el pasado macrista fue de pobreza, desempleo, inflación, sometimiento al FMI, la memoria activa de la ciudadanía ante la falta de resolución de esos temas (entre otros) es lo que explica el resultado electoral en buena medida.

No es cierto que la población haya votado en favor de Vidal, Santilli y compañía. Al menos no lo es integralmente (está claro que tienen su núcleo de votantes por convicción). El problema radica en que, por fuera del mundo de la política, la ciudadanía elije a sus representantes para que resuelvan sus problemas cotidianos. Y aunque hay dos modelos en pugna (también creo que pueden ser tres o cuatro), eso se verifica no en el plano discursivo sino en el plano de lo fáctico: si el modelo macrista es de exclusión, el modelo de Todos debería ser de inclusión. Lo contrario de la pobreza es la riqueza, de la inflación es la estabilidad de precios, del sometimiento al FMI, es el enfrentamiento del mismo.

Cargar las tintas sobre la responsabilidad del votante es desprenderse de la propia responsabilidad del camino a construir. Y tal vez hay un hito en el gobierno que describa esto y es Vicentin. A mediados de 2020 Alberto Fernández anunció la expropiación del conglomerado, en el marco de una crisis y endeudamiento de la empresa pero que, al mismo tiempo, controlaba buena parte del mercado agroexportador. En otras palabras, el gobierno anunciaba que iba a gestionar directamente una de las principales fuentes de ingreso de dólares al país.

Sin embargo, no sucedió. La posibilidad histórica era intervenir el mercado alimentario y de flujo de divisas, dos de los grandes problemas de la actualidad. El precio de los alimentos, la necesidad de que haya billetes verdes en el país. Anuncio, presiones, recule y marcha atrás. Aquel momento estructuró un desarrollo político que no permitió, evidentemente, resolver los problemas de la población, cada vez más afectada por los números de la pobreza creciente y el incremento de los precios, especialmente de la canasta básica. Las operaciones del poder real, los armados mediáticos, los propios errores, las medidas que, por efectivas y de vanguardia, no daban soluciones otras cuestiones estructurales, incluso la gestión de la pandemia (que aunque el balance sea positivo, es insostenible en el tiempo como capital político electoral), no ha sido suficiente.

La derrota electoral corrobora la memoria del pueblo. El recuerdo de no poder llegar a fin de mes convoca a no votar a quienes no le han resuelto el problema. Y atención. Estas líneas no sugieren que el Frente de Todos está haciendo lo mismo que Cambiemos. Muy por el contrario, no haber resuelto los problemas generados por el gobierno de Cambiemos  y agravadados por una pandemia que afectó al mundo, tiene que dejar la enseñanza de que hay que pensar nuevos rumbos para que el gobierno pueda cumplir con el mandato que la población les asignó. Y esa es la manera de alcanzar la vida que queremos.

Juntos por el Cambio, nuevamente la opción presidenciable

La diferencia en provincia de Buenos Aires es el rasgo distintivo de la elección, y eso que la fuerza que hoy parece liderar Horacio Rodríguez Larreta ganó en buena parte del país. Es que si bien era habitual que el kirchnerismo no gane las elecciones de medio término, en esta oportunidad la diferencia fue más amplia de lo habitual.

El riesgo que corría Larreta era doble: perder la interna con Manes o perder en el conteo total, que, si bien las encuestas lo daban como posible, hablamos de 16 años que no ocurría. La apuesta por tener un candidato fuerte en provincia de cara a las presidenciales de 2023 salió bien, así como también la victoria en CABA.

Hay indicadores que muestran que el enorme crecimiento de Milei (circunscripto solo a la Capital Federal), no le ha quitado votos considerables al oficialismo porteño. Sin embargo sigue siendo un fenómeno difícil y complejo, el cual se pretende contener con la integración de López Murphy a las listas de cara a las generales de noviembre.

Sin lugar a dudas, Juntos (o Juntos por el Cambio o Cambiemos) fue el gran ganador de la jornada. Sin embargo, sería un error político confiar en los resultados sin entender el voto contra el gobierno que se canalizó por esta fuerza pero que, de no mostrar propuestas superadoras a lo que fue la gestión 2015-2019, podría irse a otras fuerzas políticas, en particular con el peligroso crecimiento de la propuesta fascista que encabeza Milei.

La izquierda, tercera fuerza nacional

El FIT-U jugó sus internas. En los distritos más importantes, la lista del PTS-PO-IS se impuso a la lista del MST. Por fuera del FIT, ni el Nuevo Más ni Política Obrera han superado las PASO.

Como se mencionaba al inicio del artículo, la izquierda tuvo una performance importante, siendo la tercera fuerza nacional con más de 1.5 millones de votos, algo por encima de las propuestas liberales. De mantenerse estos números, la posibilidad es que al menos cuatro bancas sean conquistadas por este bloque.

Es importante destacar este desarrollo electoral ya que en los medios el rol de la izquierda fue bastante ocultado, dando mucha prensa a la “rebeldía” liberal. Sin embargo, el caudal acumulado este domingo eleva el piso que se venía cosechando y sigue otorgando un status importante en la arena legislativa.

De cara a noviembre, el FIT-U deberá trabajar para traccionar los votos de las fuerzas de izquierda que no superaron las PASO. En la CABA en particular, será importante el accionar de AyL que logró superar primarias.

Quedará para otro momento el debate integral entorno a la unidad de toda la izquierda.

A modo de conclusión

El gobierno jugó un partido de visitante, con público de los rivales y con reglas ajenas. La campaña política, vamos a coincidir, fue bastante vulgar, vacua, vacía. Tratar de confrontar con los mismos recursos a los reyes del marketing político e incluso con el gritón de ideas absurdas e inconsistentes, es al menos equivocado.

El Frente de Todos deberá imprimir política a la campaña, salir de lugares comunes y proponer en concreto. Deberá tomar decisiones que pongan dinero en los bolsillos de las personas con la difícil tarea de contener la inflación. El gobierno no tiene más remedio que radicalizar posiciones protoobreras que, efectivamente, solo se llevan adelante confrontando al establishment. Lo debe hacer, sino noviembre puede ser mucho más que una derrota electoral. Y más allá de este horizonte cercano, será necesario revisar cuál será la agenda priorizando efectivamente a todo ese núcleo social que, esperanzado, votó por esta propuesta política hace menos de dos años.

No cabe duda que, para tal fin, será necesario revisar quienes son las personas que toman decisiones. Quiénes son los funcionarios que funcionan y, especialmente, quienes no lo hacen. Y allí habrá que tomar determinaciones. El camino debe ser claro: pasar de lo imaginario, lo retórico, de los amagues discursivos para alcanzar las soluciones concretas en términos económicos y sociales, con la firmeza que eso implica, incluso cuando la exigencia viene de actores con el poder de la talla del FMI.

En particular, la provincia de Buenos Aires tuvo más de 6 por ciento de votos blancos, nulos o recurridos, además de un potencial 8 por ciento de personas que no concurrieron a votar y lo harán en las generales. Quedan dos meses de campaña electoral y también dos años más para gobernar. Un golpe de timón está a tiempo.